El Animalismo que no es Animalismo: La Moda de los “Dog Lovers”, Sesgos y Superioridad Moral.

A nadie le debió quedar indiferente el anuncio y luego cese de la nueva modificación a la ley de caza. Chile adolece de ser una nación con enormes y diversos ecosistemas a lo largo de su angosta faja de tierra. Junto con ello, existen también miles de especies que conviven dentro de ellas soportando cargas ambientes cada vez más peligrosas y dentro de todas estas, el ataque de jaurías salvajes cuyas consecuencias son visibles a través de los cientos de atenciones veterinarias que se realizan cada año al ganado y a la fauna nativa para atender animales heridos y hacer catastro de los fallecidos (donde casos como el zorrito de Darwin y el Pudú son los más críticos; el ataque de los perros asilvestrados hacia estos animales los tiene en peligro de extinción).

Y sin embargo, a través de las redes sociales, un montón de personas se manifestaron en contra de la “matanza de perros”, ofreciendo directamente insultos y acusaciones de falta de ética que bordearon la misantropía y denunciando una institucionalización del asesinato de animales como solución sanitaria para el problema de los perros vagos en general. A partir de esta última proposición, diversos medios de comunicación cubrieron el tema mostrando imágenes de perros vagos citadinos, en contextos cotidianos urbanos. Todo esto lejos, pragmáticamente hablando, de la propuesta original del SAG, la cual refirió a los perros asilvestrados (perros nacidos y criados fuera de la mano y cuidado del hombre, organizados en jaurías con jerarquías delimitadas y una conducta violenta que los hace difíciles de controlar) pero que en el imaginario del Dog Lover de Facebook (personas comunes y corrientes al fin y al cabo) adquirió una connotación horrible y diseminada a cualquier perro doméstico, lo que hizo arder a diversas organizaciones como Anima Naturalis para acudir en defensa de los canes. La conjunción de todos estos factores, en mi opinión, fue determinante para que la gente comenzara a tomarse la molestia de sacar de sus imaginarios los doctorados en etología, salud pública, zoología y ecología ante cualquier persona que pusiera paños fríos a la situación, por lo que los insultos dentro de las redes sociales fueron aun más frecuentes de lo común además de una furibunda acción directa que poco o nada salió del discurso contestario en internet.

Es notable que muchas personas se sientan con el deber político de defender a los perros (a sus mascotas, hablemos sinceramente) pero cuando se trata de tomar conciencia de lo que acontece con otras especies, autóctonas y en peligro de extinción, ignoran voluntariamente los efectos a corto plazo del ataque de jaurias salvajes, aduciendo la obvia y ya nada impactante de escuchar en estos días culpa del ser humano al no abogar por la tenencia responsable. Yo no niego que, de implementarse, sería la mejor solución para el problema de la invasión de especies exóticas a los ecosistemas, pero lamentablemente es una solución a largo plazo que temporalmente hablando no va a salvar de la extinción a especies como el zorrito de Darwin. Cuando vuelve a reiterarse que ante esta situación la solución es la caza de los perros asilvestrados nuevamente, y con una más evidente y dispragmática carga emocional, se adolece de los efectos nocivos del ser humano cazando o alterando su hábitat natural para equilibrar la balanza y así evitar continuar cualquier intento de disminuir la población de las jaurías para evitar sufrimiento y depredación a otra especie animal mucho más indefensa.

Emblema Ideológico

Emblema Ideológico

Se cae entonces en un irónico especismo, el perro adquiere un mayor estatus legal y ético en comparación con otras especies, al punto de obligar a estas personas a tomar caminos irracionales (comparables a un niño que ve a sus dos padres separarse de manera irreconciliable y aun así persiste en juntarlos y así evitar vanamente el conflicto) que estancan estas medidas. La gente se da cuenta y comienzan los apelativos y epítetos ante la masa diversa del animalismo (que parece no poner filtros claros para la militancia -indirecta tal vez- de sus seguidores). Asoman los “mascotistas”, los “dog lovers” y las contrarrespuestas no se hacen esperar también contra ellos por intentar “estereotipar” la lucha por la dignidad animal, aduciendo los “asesinos”, “poco éticos”, “cerrados de mente” inclusive que son. La razón de este sesgo a favor de una especie en desmedro de otra (aunque lo nieguen) se debe fundamentalmente a 2 cosas:

El advenimiento del perro como objeto de ostentación: la preocupación ética de posicionar al animal en igualdad de condiciones y derechos que los que tendría un ser humano es una labor que considero correcta para contrarrestar el maltrato animal y la preocupación por un cuidado digno. Sin embargo, como ocurre mucho, buena parte de los que creemos conocer como militantes (hablo de quienes se dicen animalistas y en realidad no pasan de “dog lovers”) adolecen de una completa falta de estudio de los factores sociales (tan típica de una sociedad light como la nuestra, donde estamos todos incluidos) y cuya consecuencia directa en el perro es consolidar los frutos de su defensa como individuos a través de cosas como peinados, vestimenta y estética, comida procesada cara y predilección por ciertas razas “tiernas y adorables” en desmedro de otras menos agraciadas o preferidas por las masas para dar buen aspecto y buscar estatus con ellas. Esta evidente falta de deconstrucción y superficialidad por parte de ellos los hace ver ante los demás como evidentes y vanos materialistas, por lo que cualquier defensa que hagan no es tomada en serio, afectando a su vez a aquellos animalistas que conocen al menos ese aspecto y tratan de no caer en ello (aunque irónicamente sean mucho más proselitistas que los “dog lovers”)

¿no me darás un like por ser quiltro?

La falta de conocimiento científico general sobre animales: es cosa de revisar los foros de noticias anclados a Facebook donde comparan al perro asilvestrado con un perro abandonado muerto de hambre y de deseos por encontrar un amo que lo acoja. La etología es clara en demostrar con evidencias que los perros asilvestrados no dependen en lo absoluto del cariño del hombre para su subsistencia, todo lo contrario, se agrupan en jaurías, delimitan claramente sus jerarquías donde el más viejo enseña su conducta (la cual sería asesinar animales siquiera para comerlos) mientras los más jóvenes de la camada la asocian y forman cohesión grupal en torno a estas actividades. También epidemiológicamente hablando los perros asilvestrados son vectores de diversas enfermedades (ya sea ellos mismos trasmitiéndolas en las mordidas o siendo huesped de parásitos) y por tanto, causantes de diversas enfermedades en fauna nativa, por lo que son también indirectamente culpables de la desaparición de estos. Comprender un mínimo aceptable de biología te permite comprender tanto el hecho de que existen animales que representan un peligro para el ecosistema (y que causarían muchas más muertas de las que representaría cazarlos), que es difícil modificar su conducta y que epidemiológicamente hablando es imposible erradicar una enfermedad si no es atacando al vector. No significa que tengamos que ver la cuestión con el mero cientificismo, pero si te hace un poco más sensato a la hora de sopesar distintas consecuencias que actúan paralelamente dentro del problema del daño a las especies.

Y creo que en realidad ese es el problema, los “dog lovers” no sopesan, no admiten ninguna excepción aun con datos empíricos o fenomenológicos (como los factores sociales), adscriben un fundamentalismo y proselitismo comparable a ratos con cualquier yihadista, ignorando que son uno de los movimientos ciudadanos más pequeñoburgueses que puedan haber en nuestro presente.

En Chile, un perro al parecer tiene más derechos que otra especie, incluso a los niños se les defiende menos.

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La Pragmática de Las Causas Sociales; ¿Cuando Vociferar una Causa Puede Volverse Cancino?

Internet es un crisol de posturas de las más variadas vertientes e ideologías, a su vez, personificadas en usuarios que  toman su espacio y lo convierten en una extensión de sus formas de ser y hacer, ligadas intrínsecamente a un motivo comunicativo; informar al resto sobre lo que tu consideras esencial, vital o correcto. Desde el acoso callejero hacia la mujer, pasando por la liberación animal y el fomento al deporte o a medios de transportes como la bicicleta, existen diversos temarios (cada cual con particulares simbolismos predominantes y discursos extendidos) que hacen gala de sí en Facebook, Tumblr, Twitter y aglutinan modos y estilos de vida que pueden y son visualizados por un montón de gente.

No es anormal entonces que, como cualquier postura, existan adherentes y disidentes. La mayoría de las veces se evalúa y revisa esta oposición desde el discurso mismo, el cual argumenta un patrón general de reacción (y de reaccionarios) y se preocupa de buscar estrategias para convencerlos de que están en lo incorrecto o bien, se toma esta reacción, se le recrea y se hace mofa y se le analiza entre el humor y el rigor que ofrece y aparentan las ciencias sociales para recalcar su equivocación y ofrecer entonces el camino “correcto” (que vendría siendo el de ellos). Lejos de retratar la lucha ideológica que se ciñe en las redes sociales quiero hablar de un tema en concreto, que tiene que ver mucho con la empatía y con la capacidad de visualizar lo que piensa el otro (aunque esté “mal” o piense diferente a ti a niveles molestos): la pragmática de las posturas políticas, de presentarte.

Esa reacción que las personas manifiestan, a veces, no tiene que ver SOLO con lo ideológico sino también con un tema de cortesía, de manifestar cansancio ante un bombardeo de información que lo emplaza a inferir (fuera correcto o no) una carga connotativa en la persona que vocifera sobre aquello, y así con quienes hagan lo mismo. Se forman visualizaciones indeseables para quienes ocupan los espacios de las redes sociales para difundir sus mensajes, comienzan a aparecer términos aglutinantes como “feminazis”, “vegangélicos” “ciclista furioso” “abajista” “problemas de primer mundo” y otros tantos que aparecen como contrarrespuesta a esta transgresión que sienten hacia ellos, y paradógicamente los que promulgan tolerancia son acusados de intolerancia, de no aceptar críticas ni bromas. Veamos si eso tiene al menos una parte de razón (mal que mal estamos hablando de procesos cognitivos, que pueden ser estudiados y analizados sacando una conclusión en tanto se observe el mismo fenómeno)

¿Que ocurre por ejemplo con la/el feminista que sube (o comparte) constantemente material (y no hablemos de libros o manifiestos sino) como imágenes, frases y ejemplos típicos como “mi vida no gira alrededor de tu pene, supéralo” o “ni sumisa ni devota, te quiero libre, linda y loca”, más provocativos o afirmativos que expositivos? ¿que opinión se forma la persona de a pie? ¿como respondo yo, como hombre ante este juego de lenguajes? ¿consideraré también el hecho de que soy hombre pero tendré la madurez suficiente para no asumir el “palo” donde no lo hay o ignorarlo en el caso de que sea así? ¿o realmente si capto un dejo de resentimiento en esa persona?. El problema es que si yo hablo de resentimiento (sobre todo en ese momento), ese resentimiento que se acusa a la feminista generalmente ya está caricaturizado como una contrarrespuesta patriarcal tan común como preguntarle a una pareja de lesbianas “quien es el papá y quien es la mamá” o acusar a quienes se dejan el pelo “como los hombres” de marimachas. Entonces, cuando llega la contrarrespuesta de que la heteronorma hace que la gente piense que por llevar el pelo corto te “crees hombre” se combate efectivamente esa ídea pero la inquietud de la persona que hizo el comentario sobre si persiste en la lesbiana “marimacha” comportamientos imitativos de lo masculino por un tema de identidad se ahoga, no se corrobora y se pasa por alto. Para poder reconocer eso, para poder asumir que efectivamente dentro de tu postura política se esconde resentimiento (fuera por venganza, sentido de justicia o moral) se necesita una buena dosis de pragmática, pero también de madurez y autoaceptación. También, irónicamente, significa bajar la guardia; algo que en los contextos comunicaciones de un debate pocos quieren asumir para no dar la idea de que el otro “pueda ganar la disputa”.  En mi opinión, la gente que “baja la guardia” confesando un móvil o una forma de ser que puede ser criticable (u objeto de críticas, cosa que a veces representa situaciones comunicativas distintas) para demostrar empatía con su otro interlocutor no necesariamente tiene que “perder” el debate, la pragmadialéctica, por ejemplo, propone que además de una tesis exista una contratesis donde el punto de vista contrario se mencione también con el objetivo de visualizar los defectos de nuestra propia tesis para, paradógicamente, presentarla como la más elaborada y sólida.

Tonces, llega el término “feminazi” a colación

https://www.evernote.com/shard/s292/sh/581c7406-a02c-44db-b692-e30d791cb85b/79528e8bf99222f7e07f08d1ed0b8924

El tan famoso y recurrente término “arena”o “arenoso” se pone de manifiesto: no se puede hacer un post de feminismo sin herir la susceptibilidad de personas acostumbradas a ver lo que quieren ver, que acusarán transgresión, moda y descalificaciones ahora de antemano. Ante una situación que es aprendida (con los sesgos propios de cada persona pero pudiendo ser comunes entre personas que no les guste el feminismo) como la de una persona que no reconoce algo que cree que no es evidente para los demás, que cree solo es una generalización o una caricatura, se forma una imagen donde caberán todas y todos los feministas habidos y por haber que se les ocurra poner alguna “frase hecha” para ese nuevo reaccionario, comienzan las generalizaciones (que las personas detestamos cuando se nos hacen, pero que como estrategia cognitiva hacemos a diario sin arrepentimientos) y las burlas, entonces, ese juego tonto de descalificaciones alcanza otro nivel y la oportunidad de clarificar esa ambiguedad se pierde en la indolencia. Eso seguirá pasando si no se reconoce o se pueden revelar a esas personas que buscan cambio social no por motivos revolucionarios de peso, sino más bien por pose, por goce estético, por hedonismo o arribismo o deseo de desmarcarse de los demás augurando ser único y especial. Una lucha más bien egoista, manteniendo eso si el estandarte de una lucha colectiva por un colectivo en particular, que pasará siempre sea cual sea el movimiento social que se abrace. A veces, el hecho de constantemente difundir información sobre tu postura ideológica no indica necesariamente un deseo oculto de aceptación o de exhibicionismo sino un deseo auténtico de dar a conocer tus ideas a los demás, aquí corre el mismo factor de no adecuar bien la pragmática.

Eso es tan evidente que para cualquier machista, carnívoro, facho pobre o conservador promedio es reconocible y usable para discutir en contra de los colectivos sociales, para cada caso determinado.