El Año Nuevo Triste de Curanilahue

(Noticia elaborada a partir de otra noticia previa de Radio Villa Francia
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Como todos los comienzos de año nuevo, la algarabía y felicidad se curte en las caras de aquellos que celebran el comienzo de una nueva época cada medianoche del primero de enero, ocasión significativa y dotada de una fuerte carga simbólica donde nuestros seres queridos se estrechan en distancia; nos abrazamos, llamamos por teléfono o por Skype, hacemos a un lado posibles diferencias e invocamos a la mejor de las buenas suertes para no darle tregua a una expectativa de que este, el próximo año, va a ser peor que el otro…

Cosa que sin embargo no sucede con los trabajadores de la mina Santa Ana de Curanilahue, quienes por decisión propia decidieron organizarse y luchar por mejoras laborales a cientos de metros bajo tierra y también bajo la mirada vigilante de la intendencia del Bio-Bio, quien, a diferencia de la navidad pasada, prohibió a sus familias ingresar a ver a sus esposos y padres para pasar las celebraciones, como casi todos de nosotros hicimos.

Si bien las causas esgrimidas por la intendencia se basan en la protección de los niños que pudieran ingresar a la mina, no aplicó el mismo criterio cuando se celebró la navidad . ¿Qué pudo cambiar entonces?  ¿por qué argumentar justo ahora?. No creo que la navidad haya sido una época de “dejar pasar” bajo el riesgo de que la gente que está al pendiente de la noticia acusara una evidente falta de humanidad por parte de la autoridad porque, en realidad, nunca ha dejado de serlo. Dejar sin compartir a una familia un 1 de enero es un aviso de golpe de la autoridad contra un acto legítimo de desobediencia civil, en un nuevo comienzo del año es el gobierno quien destina desde el inicio a FF.EE a mantener el orden mientras los noticieros oficiales evitan cubrir el suceso, porque prefiere justamente mantener el orden y seguridad de su propia gestión (al que él le importa) que de las personas que decidieron internarse a la mina y representan, en este caso, a los trabajadores del rubro minero.

Cuando un organismo con poder (sea individual o colectivo) habla de “orden” o “seguridad” siempre esconde algo implícito detrás sobre aquello que desea ordenar, el cual es un propósito subjetivo pero transmitido hacia el resto como objetivo, como lo que debe ser por definición y como primer imaginario de referencia. En este caso, el orden y la seguridad de los trabajadores no es cuestión, ni su orden psicológico ni mucho menos el laboral, donde no se ha demostrado clemencia alguna salvo seguir mirándolos contemplativamente cómo un grupo de mineros que decide encerrarse del mundo SOLO bajo su propia voluntad y con cierto sentido de movilización, antemano tachado como incorrecto y aprotocolar. Si somos lo suficientemente seres humanos y empatizamos, sabremos que detrás de cada minero se esconde una historia familiar y comunitaria de dificultades ocasionadas no solo por el arduo trabajo físico que significa laborar en una mina, sino también una realidad laboral administrativa que lo sumerge en otra fosa, la cual es mucho más difícil de transformar por ser inherente al ambiente psicológico de quién trabaja ahí y que no es tangible pero existe. Tal fosa es producto de un proceso de organización laboral y como tal, solo es posible transformarlo si la comunidad que la estructura y convive en ella se organiza y decide cambiarla.

Es por eso que ocurren estas circunstancias, porque cuando un trabajador intenta organizarse y transformar la realidad penca que rodea su vida laboral (y que es una parte significativamente temporal de su vida) ocurren estas vejaciones que en Chile siguen siendo comunes e incrédulas. En este caso, que una persona que se sumerge en el fondo (del fango) de la tierra para luchar no pueda ver a su familia también ejemplifica otro tipo de concepto del orden que se está aplicando ahora mismo. No solo se trata de salvaguardar propiedad privada, se trata de llegar a controlar ese aspecto de la vida cuando en la vulnerabilidad de todo ser humano que lucha, se restringe al mismo a no poder ver a sus hijos, a su familia, ¡a ese grado de orden se está llegando en Chile cuando de derechos laborales se trata!.

Es un año triste para el mundo laboral en Chile porque comienza ejemplificando la bajeza a la que puede llegar un ser humano que representa al gobierno, bajo la excusa de protección de un orden tomando en consideración a los niños solo cuando les conviene hacerlo (y como han venido haciendo otros colegas suyos, institucionalizando el maltrato con el Sename y otros organismos). La palabra de un burócrata que aboga por un sentido común que no fue dialogado por personas que han pasado una vida entera trabajando en un entorno donde pueden discernir empíricamente de su seguridad demuestra efectivamente esa falla comunicativa constante. ¿Pero es culpa de los trabajadores? ¿seguirá siéndolo en esta época llena de conceptualizaciones acerca de los grupos de trabajo?.

En un Chile que se levantó para sacar a la superficie a otro grupo de mineros y visualizado positivamente por el mundo entero gracias a eso no puede menos importar su demanda bajo acusación de exponer al riesgo a sus familias cuando desde siempre lo estuvieron (por causas que no conciernen en responsabilidad a los trabajadores, como se trata de hacer ver sino gracias a las políticas laborales y la continua gestión de la intendencia del Bio-Bio). De nuevo, insisto, esa excusa manifestada es circunstancial y puede por momentos parecer más razonable en tiempo presente pero el análisis histórico y psicosocial no perdona porque es medible, testeable, y da luz de una circunstancia de vida que no merece nadie y que presenta en la piel la misma inseguridad de la que dicen preocuparse. El discurso se combate con un discurso mejor elaborado que ejemplifica cuánto poder es capaz de aplicar el trabajador cuando es capaz de organizarse por cambiar su presunto destino. Por eso, ante la vejamen de un gobierno circunstancialista lo que corresponde es empatizar, empatizar por aquellos que voluntariamente demuestran hasta donde se es capaz por lograr un poquito más de dignidad, ¡sin lástima de por medio!.

SALUD Y PUÑO EN ALTO!

Los Burócratas de Medio Pelo: Nuevos (y viejos) oficios para el control social.

¿Que tienen en común un psicólogo, un trabajador social, un empleado fiscal y un profesor?

La respuesta es simple, el control cualitativo y cuantitativo de la información de un grupo considerable de personas a través del tiempo.  A eso le debemos sumar que en cada una de estas profesiones hay una estructura administrativa delicada que las sostiene: en el caso del trabajador social son las municipalidades, el gobierno, grandes empresas que por motivos impositivos deben crear redes de asistencia social, etc. En el caso del profesor, el colegio y el sistema educacional o en el psicólogo las normas que los organismos determinan las conductas normales o anormales, que vale decir, también están determinadas por el estado o empresas dedicadas al trabajo científico y a la certificación. (APA, sociedades de psiquiatría, journals).

Sin embargo, su rango de acción no es tan grande puesto que se enfocan en grupos más bien comunitarios, donde el control social es más directo e intimo inclusive. El profesor interactúa con sus alumnos y comparte con ellos durante el mayor tiempo de su juventud, el trabajador social visita en terreno e inspecciona el nivel de vida de las personas in situ, el psicólogo aborda al paciente dialogicamente y de una manera sostenida en el tiempo. Son sus acciones las que determinan el cómo las personas viven y tienen que vivir para que los servicios que les prestan atención puedan generar un cordón umbilical entre ellos y las instituciones. Ese control social implícito está a cargo de un montón de profesionales y técnicos de una manera más compleja que profesionales como los abogados y los arquitectos no pueden tener a cargo directamente. Hablo de los burócratas de medio pelo. Termino que ocupo del chilenismo “de medio pelo” que significa “de mediana calidad”.

Son los profesionales dedicados a este control -que es más limitado pero más profundo- los que componen un grupo de acción que interviene en la vida de las personas desde muchas aristas. Ya hablamos de la educación, la salud mental y la asistencias sociales pero también está la planificación urbana, el arte, el diseño de los objetos cotidianos… cada uno de ellos conforman un sistema más pequeño, donde la población deambula y construye realidad (Berger y Luckmann), aprendizaje (Vygotsky), desarrollo del ciclo vital (Bronfenbrenner) y comunicación (Eco) pero estos sistemas son más diversos, solapándose unos con otros a medida que el individuo accede a herramientas que le permiten combinar los beneficios de uno y otro. Beneficio que, claro está, depende fundamentalmente de una relación asimétrica entre ellos y la población que estudian e intervienen.

Sistemas

Aquí se muestran los diversos sistemas donde las personas conviven, interactúan y se desarrollan entre ellas y las instituciones. Nótese que va desde sistemas más pequeños e íntimos hasta los más grandes y externos.

Comparten el hecho de conformar la clase media y de acceder a una mayor riqueza intelectual producto de la complejidad de sus profesiones, pero también de ellos hacia los demás existe una mayor producción de información relacionada con su trabajo que es destinada al gran público y es mas accesible (la mayoría de las veces “alivianada”). ¿Cómo ser más felices? ¿cómo enfrentar la adolescencia? ¿cómo elegir el mejor vecindario? ¿cómo educar mejor a los niños? son temáticas con una gran producción editorial, formando una industria cultural (Adorno) que tecnifica el acceso a determinados objetos de estudio y domina buena parte de los medios de masas, que son los que dominan a su vez buena parte de la población.

Otra característica relacionada es que todas sus intervenciones pasaron de ser justificadas por la mera experiencia y “sabiduría” (el peso mismo de ser el profesional) siendo ahora (y principalmente desde el siglo XX) validadas mediante la objetividad científica (la “verdad” universalmente aceptada) y el éxito metodológico que han venido desarrollando; el positivismo es motor de mucha de la razón de ser de estas intervenciones en cuanto vuelve el trabajo más tecnificado. También ese positivismo minoriza cualquier aspecto negativo que pudieran ocasionar a la población de varias maneras: resaltando los beneficios vs las desventajas, limitando la comunicación para acceder a información relacionada con estas desventajas, juzgando las soluciones que desde el pueblo nacen hacia estas desventajas como “pseudocientíficas”, “relativas” o “demasiado cualitativas” o limitando su propio crecimiento orgánico para que aquellas desventajas no gocen de estructura que las haga más potentes (burocráticamente hablando) y fáciles de solucionar porque claro, es conveniente que aquellos aspectos no se toquen demasiado si se quiere controlar a la población, lo que no significa que no existan burócratas de medio pelo que también aborden los aspectos cualitativos. Un ejemplo notable de eso son que trabajan con las “ciencias humanas”, quienes por años pidieron un mismo trato en comparación a disciplinas como la física y la ingeniería y ahora que tienen mayor aceptación (por poner en evidencia las limitaciones de los modelos positivistas) ajustan su currículo también con el fin de dominar aquello que de por sí es difícil de estudiar por su diversidad, donde se generan los cambios sociales.

No hace falta ser “científico” para convertirse en burócrata (fuera de medio pelo o no).

Otro ejemplo, pero ya hablando a nivel de aplicación intelectual son pensadores como Paulo Freire, estudioso de la educación quien por años abogó por una pedagogía que no sometiera a las personas y no mirara a los estudiantes como meras máquinas pasivas. Esa visión humanista, lamentablemente hoy se usa para estudiar mecanismos que permitan como cohartar aquellas ideas de manera de enfrentarlas contra ellas mismas, y es por esta negligencia (que otorga el ilustracionismo) de no preocuparse por solidificar lo suficiente cualquier aspecto instrumental de sus teorías lo que termina ofreciendo nichos para que cualquier burócrata de vuelta esto: Freire vs Freire, Habermas vs Habermas, Foucault vs Foucault.  Desde las academias se hacen estudios exhaustivos sobre estos intelectuales para que, irónicamente, todo el esfuerzo y las esperanzas que ellos, como pensadores, pusieron en desarrollar ideas que convirtieran al mundo en un lugar mejor ahora se destinen para controlar aun más y volver más ambiguas las luchas del estudiante, el obrero, el luchador social, mediante la estructuración de sus teorías en aparatos orgánicos que hagan a las personas depender de ellos, sin ningún poder de decisión ni administración.

Jaime Gajardo, presidente del colegio de profesores.

Jaime Gajardo, presidente del colegio de profesores.

Es notable también dentro del mundo de los burócratas de medio pelo, el orgullo gremial. Históricamente vistos en menos por disciplinas más complejas y valoradas socialmente hablando, los gremios y el poder que significan le han sido de apoyo durante mucho tiempo para acceder a mejores prestaciones y organización laboral y una mayor implicación en las políticas públicas. El orgullo por la profesión misma como ideología y forma de vida resalta buena parte de las veces cuando se les critica, enfatizando su importancia formativa para convertir a la gente en personas civilizadas y poder de opinión. Esta mirada ilustracionista es lejos lo que separa a un burócrata de otras personas que pudieran ejercer o haber estudiado lo mismo, pero que por su capacidad de deconstrucción y sentido crítico, son conscientes de lo que pueden llegar a hacer con la gente. También puede existir una ambivalencia (por motivos económicos): los trabajadores fiscales en Chile, por ejemplo, se acuerdan de que tienen consciencia de clase para protestar por la falta de prestaciones laborales y sueldos, pero para recibir bonos y premios de parte de sus protegidos políticos (concertación) esa consciencia se desvanece como por arte de magia.

También es importante resaltar que el impacto que tienen en la sociedad se explica mejor estudiándolos como conjunto (una ironía, ya que este método es aplicado diariamente por ellos mismos). Es cosa de notar que hay un sin número de academias esparcidas por el país para formar futuros burócratas de medio pelo, inclusive si los cupos laborales disponibles para ellos se han ido agotando. Pero eso también ofrece una ventaja logística, considerando que existe gente que puede aprovechar estas circunstancias para formarse autonomamente y hacerle el peso a la masa técnica que van fabricando las empresas educacionales (víctimas de sus propia manufacturación). En el fondo, no significa que “x” disciplina sea burócrata de por si, y a veces, la crítica que se les hace apunta inmaduramente hacia esa dirección, lo que permite que estos terminen victimizándose más facilmente.

Por ultimo, solamente acotare que, el que tiene las agallas, la inteligencia y la tenacidad para superar a estas “figuras formativas” en su vida diaria irá desarrollando cada vez más goce de libertad y podrá comprender muchos de los problemas sociales de este país, que pareciera, siempre tiene que ir acompañados de un elenco de estudiosos que trata de combatirlas infructuosamente para luego ser reemplazados por otro elenco de estudiosos infructuoso solo para que quede la sensación de que se hizo lo posible . Eso no es verdad.