Cuando el Abajismo Resulta ser una Falta de Respeto

El fenómeno abajista en Chile tuvo su gran apogeo de fines de la década pasada. La PSU como instrumento de selección (de segregación, las estadísticas lo confirman) dejó a las universidades del CRUCH con una masa más alta (demográficamente hablando) de estudiantes provenientes de estratos sociales más altos, o bien, culturalmente y económicamente aspiracionales. Sin embargo, la enorme tradición política de izquierda que ha (sobre)vivido en las universidades estatales y otras privadas, donde se pudo replicar con relativa facilidad, ha configurado contextos donde se puede conocer y comprender aspectos de la consciencia social que pueden ser trabajados con otros compañeros que, por lo general, son de estratos sociales más bajos.

A raíz del aumento más notorio de estudiantes económicamente más aventajados, muchas de esas personas provenientes de la clase media-alta/alta que llegaron a estudiar a estas universidades por su prestigio o tradición tuvieron que también adaptarse al contexto o bien lograron despertar una suficiente consciencia social que servía sobre todo para salir del paso en conversaciones y carretes. Luego se configuró en algo que rodeaba la vida en común de estas personas y mutó simbólicamente en aspectos como la ropa, la música, las preferencias a la hora de ver televisión (decir “no veo tele” es el colmo de lo pedante), el lugar donde uno aloja, etc. Es así que, esta persona que vivía en el barrio alto de sus ciudades (Santiago, ahí se configuró todo) comienza a sentir culpa del estilo de vida que se estaba configurando anteriormente y su culpogenia lo insta a tener que abrazar todo lo que rodea al pobre y a su cultura, además de todos los aspectos donde este se moviliza y realiza su vida (el “Habitus” de Pierre Bourdieu) para copiarlas y hacerlas suyas también (como una redención, como una defensa incluso a la segregación) pero irónicamente de manera superficial, o por lo menos a un nivel suficiente para pasar piola en la universidad. A estas personas son a las que peroyativamente llamamos (yo también, me cargan) abajistas.

De pronto, cambiamos la Corona por la Baltiloca, a Dj Tiesto por la Bachata y el Reggeatón Old School (y no puede ser el actual, no puede ser Ñengo Flow), a Skins (pa los más viejos) o a GoT por las teleseries de TVN de los 90-principios del 2000 de Vicente Sabatini (década a la que también vanaglorian por haber sido la última en tener la autenticidad de pueblo que tanto vanaglorian también) como Sucupira o El Circo de las Montini, al carrete en Algarrobo por el carrete en Valpo (el cual hay que alumbrar por sobre todas las cosas) y así se va configurando un cambio de habitus, el cual uno no pensaría que fuera nocivo.
Es más, cuando uno se refiere a un abajista, lo primero que salta a la luz luego de tal acción es un intento moral por defender el derecho de cada uno de ser como es y tolerarse unos con otros y no amargarse por ello. Lo cual no es malo, de hecho, no nos debería importar si su pará es superficial o no…

Pero cuando esto se configura como una hegemonía, cuando esto comienza a desplazar a las personas que viven en los barrios periféricos que esperan ansioso al abajista (hablamos desde el egocentrismo) para darle el título de “tení calle”, cuando se hace del pobre un ideal de “noble salvaje” y se comienza a farandulizar cualquier demanda social, como si tuvieran que estar condenados a ver de por vida teleseries y chismes que dejaron de ser algo malo y, por tanto, deben dicotómicamente ser considerados como necesarios por aquellos con mayor acceso a la educación o al poder que ellos sin ningún sentido crítico (lo cual es paternalista), cuando se hace de la vida del pobre una industria cultural que la cosifica y la vuelve un cuadro en la pared (no es irónico que toda esta búsqueda de aspectos culturales se realice profundizando en la televisión, en lo que los grupos más aventajados fenomenológicamente construyen sobre los pobres y no los pobres mismos), ahí, ahí sí que se convierte en un problema.

Es ahí cuando el abajismo resulta ser una falta de respeto.

Y no lo digo defendiendo al otro sector que se jura más auténtico con sus frases diarias de Julio Cortazar en Facebook o sus poleritas del Che Guevara y sus cánticos revolucionarios que no salen aun de las cuatro paredes de sus universidades, hablo desde el corazón de alguien que vivió y convivió en un barrio que sin embargo tiene que mamarse toda la gentrificación porque de a poco llegan estas personas a vivir con sus ideales santos a purificarse de la cuiqueria anterior de sus vidas, subiendo el valor de las casas, atrayendo a otros como ellos y destruyendo la anterior configuración cultural que se resistió a los nocivos cambios del presente que la erigieron como “vida de barrio” por la que ellos traen de vuelta de las aulas, sin conocer un carajo de la realidad pero ansiosos por descubrirla para ostentarla después piolamente.

Pero eso es solo una arista

El abajismo es una falta de respeto porque es como un despotismo ilustrado, un “con el pueblo pero sin el pueblo”. Su carácter, como dije antes, es superficial, toma del habitus de los sectores sociales bajos que ellos seleccionan (como el sector norte o San Bernardo) lo que ellos consumen y lo consumen ellos también perdiendo de vista cómo esto se desarrolló como una búsqueda cognitiva de ellos mismos para construir sus costumbres de manera que fuera significativo en sus vidas (y que el arribismo, la contraparte, siempre quiere negar y desaparecer). Algunos, sin embargo, sí logran comprenderlo pero no deconstruyen, hacen de su propiedad la contienda en el sentido de tener y no de ser.

Por eso, cuando algún abajista diga con orgullo que “es periférico”, desconfía y di en tu cabeza que en realidad “tiene periferia” como quién tiene un celular o una camiseta. Es mejor ínstalo a que con humildad reconozca que puede hacer apreciaciones beneficiosas para su comunidad, de maneras mucho más trascendentes que acongojándose de cada uno de ellos por tener un cuadro de Felipe Camiroaga en la pared del living de sus casas.

 

Anuncios

La infancia “Rata”: Consecuencias Culturales del Mal Uso de los Videojuegos

“Eso ofende viejo”

En el año 2014, y si bien no nació exactamente en esa fecha, la utilización del término “niño rata” para designar a aquellos niños pre-púberes con una notoria muda vocal y con malos modales a la hora de hablar por micrófono en los multiplayers eclosionó y comenzó a masificarse entre personas más jóvenes, en diferentes contextos fuera de lo “gamer” (palabra que ya comienza a sonar snob).

Ante una grupo etario que se inmiscuía cada vez más en contextos donde la buena crianza amerita que no estén ahí (como los juegos para mayores de 17 años -hablemos del GTA-)  los jugadores más maduros y experimentados, cansados de sufrir constantes abusos verbales y recordatorios de las abnegadas profesiones de sus mamás “batallaron” por encontrar un término encasillatorio que fuera mucho más certero que simplemente decir “pendejo” o “malcriado”. Dentro de foros de internet, comentarios en blogs, hilos de Facebook, la Deep Web… y a través de los años. Algo que sonara mucho mejor que un simple insulto que revelara a esa infantil mente lo irritados que estaban y los parara en seco, algo que les molestara pero que fuera difícil de sacarse.

Los encasillamientos son algo común y poco deseable; precisamente tratar a un niño (con justa razón o no) de “niño rata” es una manera de mantener fuera del círculo (de placer, hablamos de jugar videojuegos) a aquellos que son una molestia, molestia que se traspasa al mundo gamer por una obvia razón: Son jugadores de videojuegos pero también porque son consumidores de un espacio cultural que los espera sin reglas, sin obstrucciones morales, sin cuestionamientos, fuera de la realidad física que sus padres o la carga horaria de los mismos les restringe. Aceptémoslo, cuando hablamos que los videojuegos son una niñera, no lo hacemos intentando demonizar al videojuego per se. Lo que molesta es precisamente la falta de consciencia social que se tiene a la hora de tratar al videojuego como un mero consumo, cuando dentro de sí agrupa diversas culturas, lenguaje y formas de pensar que son cognitivamente más complejas.

A lo que me refiero es que los videojuegos son una potente plataforma de comunicación. Un niño de 10 años que pasa todo el tiempo encerrado jugando en el pc y engordando, sin interactuar con otras personas de carne y hueso en contextos ecológicos físicos más que en la rutinaria escuela (donde ya pasa la mayor parte del tiempo encerrado), que tiene que aguantar cómo sus padres llegan a las 9 de la noche sin tener tiempo para criarlos o incluso de amarlos como debe ser, que siente miedo de salir a la calle a jugar porque lo esperan iracundos los delincuentes, los drogadictos y los narcotraficantes que ve por las ventanas o por la televisión, va a convertir en los videojuegos – en lo que lo acoge y refugia del mundo exterior – algo significativo en su vida. Lo utilizará para expandir su conocimiento del mundo y lo hará muchas veces sin medir las consecuencias. Es por eso que estos problemas desatendidos comienzan a expresarse ante situaciones recreadas donde pueden aparecer los productos de estas carencias afectivas o evolutivas generadas por la deprivación de experiencias ambientales significativas: la poca tolerancia a la frustración, el deseo impulsivo de ganar siempre, la poca empatía, la xenofobia… y quienes tienen que recibir eso son otros jugadores que también tienen que lidiar con esos problemas en mayor o menor grado, convirtiéndose todo esto en un hábito.

Los videojuegos no deberían ser un vector de transmisión de las malas costumbres instauradas y validadas por la sociedad o al menos no debería ser tan fácil, pero lo es. Los niños que expresan estas carencias son el producto de estas interacciones complejas que pocos se toman la molestia de subsanar, de hacer evidente. No podemos culpar a los vídeojuegos de algo que tiene su núcleo en los discursos que la sociedad maneja a la mala, pero si podemos comprender que el mal uso de los videojuegos generó a la larga un hábito de conductas descalificadoras que se ven reforzadas de manera progresiva conforme avanzan las generaciones. Son esos niños quienes mañana exterioricen eso hacia los demás en la vida real y aunque la presión social no te permita burlarte de los niños con progeria o de los admiradores de My Little Pony, la base de esa conducta seguirá.

Es ahí donde existe la consecuencia cultural. El videojuego entonces se convierte cada vez más en un aparato de situación de aquellas molestias que no son abordadas en lo real y que son relegadas a una instancia placentera que las hace olvidar, validar o cosificar. El videojuego entonces, como diría Marc Augé, es también un NO LUGAR cuya identidad y comunicación sin embargo, dado la enorme carga simbólica que los niños y adultos que juegan hacen ante una construcción cognitiva más compleja, dotan de significancia a lo que anteriormente fue considerado una comunicación sintética, como de Check-In de aeropuerto. Los seres humanos se las ingenian para dotarlas de mayor complejidad y no debería de sorprendernos.

Y sin embargo, aunque se subsanase lo que menciona Marc Augé, sigue siendo un no-lugar del cual poco se sabe su impacto empiricamente hablando. Muchos se resisten todavía a hablar de adicciones a los videojuegos dentro de lo cotidiano, es más, tanto sirve a la sociedad este No-Lugar que cuando la psiquiatría tome cartas más serias en el asunto en los países en vías de desarrollo (en Corea del Sur ya se tiene registros oficiales de la gente que muere por ser adicta a los videojuegos) habrá un notable quiebre generacional, que obligará a confrontar este problema de una forma más directa y hablar de lo que sigue en el tapete y se trata de evidenciar con cada “niño rata” que se elicita.

Y es que es una palabra precisa, ningún niño quiere que lo asocien a un animal así pero en vista de los antecedentes antes recabados, sorprende que la palabra haya nacido del simple análisis perceptivo de la muda vocal, va para mucho más. La actitud escondida de las ratas bien puede ser emulada en este fenómeno social tanto de los niños rata que tienen que ser resguardados en las madrigueras acondicionadas de recompensas y dopamina y de aquellos adultos que también le temen a exterior y reproducen conductas que refuerzan el resguardo hacia este. El lenguaje también se altera, se vuelve más aprosódico y monointenso, más dispragmático. Con el tiempo se convertirá en variable sociolingüística y tendrá resguardo para que no sea discriminada.

Si no me creen… 

Es por eso que estoy en contra de esta generación, tan resguardada, sin calle, sin consciencia de los otros pero que no responde más que a las nuevas exigencias de una sociedad que rinde culto a la individualidad e intenta en vano convertirles en seres humanos indolentes. Ante estos antecedentes la idea de buscar culpabilidad en un montón de bits parece tonta, pero como dije antes, si se sigue pensando que un No-Lugar nace de la nada estamos mal. Se diseña adrede por una comunidad.

Por último, no está de más decir que los niños son las principales víctimas de todo esto, el abuso de los videojuegos fabricará a los hombres del mañana, quizás esa frase resuma la consecuencia cultural de la cual intenté ahora explicar.

 

El Animalismo que no es Animalismo: La Moda de los “Dog Lovers”, Sesgos y Superioridad Moral.

A nadie le debió quedar indiferente el anuncio y luego cese de la nueva modificación a la ley de caza. Chile adolece de ser una nación con enormes y diversos ecosistemas a lo largo de su angosta faja de tierra. Junto con ello, existen también miles de especies que conviven dentro de ellas soportando cargas ambientes cada vez más peligrosas y dentro de todas estas, el ataque de jaurías salvajes cuyas consecuencias son visibles a través de los cientos de atenciones veterinarias que se realizan cada año al ganado y a la fauna nativa para atender animales heridos y hacer catastro de los fallecidos (donde casos como el zorrito de Darwin y el Pudú son los más críticos; el ataque de los perros asilvestrados hacia estos animales los tiene en peligro de extinción).

Y sin embargo, a través de las redes sociales, un montón de personas se manifestaron en contra de la “matanza de perros”, ofreciendo directamente insultos y acusaciones de falta de ética que bordearon la misantropía y denunciando una institucionalización del asesinato de animales como solución sanitaria para el problema de los perros vagos en general. A partir de esta última proposición, diversos medios de comunicación cubrieron el tema mostrando imágenes de perros vagos citadinos, en contextos cotidianos urbanos. Todo esto lejos, pragmáticamente hablando, de la propuesta original del SAG, la cual refirió a los perros asilvestrados (perros nacidos y criados fuera de la mano y cuidado del hombre, organizados en jaurías con jerarquías delimitadas y una conducta violenta que los hace difíciles de controlar) pero que en el imaginario del Dog Lover de Facebook (personas comunes y corrientes al fin y al cabo) adquirió una connotación horrible y diseminada a cualquier perro doméstico, lo que hizo arder a diversas organizaciones como Anima Naturalis para acudir en defensa de los canes. La conjunción de todos estos factores, en mi opinión, fue determinante para que la gente comenzara a tomarse la molestia de sacar de sus imaginarios los doctorados en etología, salud pública, zoología y ecología ante cualquier persona que pusiera paños fríos a la situación, por lo que los insultos dentro de las redes sociales fueron aun más frecuentes de lo común además de una furibunda acción directa que poco o nada salió del discurso contestario en internet.

Es notable que muchas personas se sientan con el deber político de defender a los perros (a sus mascotas, hablemos sinceramente) pero cuando se trata de tomar conciencia de lo que acontece con otras especies, autóctonas y en peligro de extinción, ignoran voluntariamente los efectos a corto plazo del ataque de jaurias salvajes, aduciendo la obvia y ya nada impactante de escuchar en estos días culpa del ser humano al no abogar por la tenencia responsable. Yo no niego que, de implementarse, sería la mejor solución para el problema de la invasión de especies exóticas a los ecosistemas, pero lamentablemente es una solución a largo plazo que temporalmente hablando no va a salvar de la extinción a especies como el zorrito de Darwin. Cuando vuelve a reiterarse que ante esta situación la solución es la caza de los perros asilvestrados nuevamente, y con una más evidente y dispragmática carga emocional, se adolece de los efectos nocivos del ser humano cazando o alterando su hábitat natural para equilibrar la balanza y así evitar continuar cualquier intento de disminuir la población de las jaurías para evitar sufrimiento y depredación a otra especie animal mucho más indefensa.

Emblema Ideológico

Emblema Ideológico

Se cae entonces en un irónico especismo, el perro adquiere un mayor estatus legal y ético en comparación con otras especies, al punto de obligar a estas personas a tomar caminos irracionales (comparables a un niño que ve a sus dos padres separarse de manera irreconciliable y aun así persiste en juntarlos y así evitar vanamente el conflicto) que estancan estas medidas. La gente se da cuenta y comienzan los apelativos y epítetos ante la masa diversa del animalismo (que parece no poner filtros claros para la militancia -indirecta tal vez- de sus seguidores). Asoman los “mascotistas”, los “dog lovers” y las contrarrespuestas no se hacen esperar también contra ellos por intentar “estereotipar” la lucha por la dignidad animal, aduciendo los “asesinos”, “poco éticos”, “cerrados de mente” inclusive que son. La razón de este sesgo a favor de una especie en desmedro de otra (aunque lo nieguen) se debe fundamentalmente a 2 cosas:

El advenimiento del perro como objeto de ostentación: la preocupación ética de posicionar al animal en igualdad de condiciones y derechos que los que tendría un ser humano es una labor que considero correcta para contrarrestar el maltrato animal y la preocupación por un cuidado digno. Sin embargo, como ocurre mucho, buena parte de los que creemos conocer como militantes (hablo de quienes se dicen animalistas y en realidad no pasan de “dog lovers”) adolecen de una completa falta de estudio de los factores sociales (tan típica de una sociedad light como la nuestra, donde estamos todos incluidos) y cuya consecuencia directa en el perro es consolidar los frutos de su defensa como individuos a través de cosas como peinados, vestimenta y estética, comida procesada cara y predilección por ciertas razas “tiernas y adorables” en desmedro de otras menos agraciadas o preferidas por las masas para dar buen aspecto y buscar estatus con ellas. Esta evidente falta de deconstrucción y superficialidad por parte de ellos los hace ver ante los demás como evidentes y vanos materialistas, por lo que cualquier defensa que hagan no es tomada en serio, afectando a su vez a aquellos animalistas que conocen al menos ese aspecto y tratan de no caer en ello (aunque irónicamente sean mucho más proselitistas que los “dog lovers”)

¿no me darás un like por ser quiltro?

La falta de conocimiento científico general sobre animales: es cosa de revisar los foros de noticias anclados a Facebook donde comparan al perro asilvestrado con un perro abandonado muerto de hambre y de deseos por encontrar un amo que lo acoja. La etología es clara en demostrar con evidencias que los perros asilvestrados no dependen en lo absoluto del cariño del hombre para su subsistencia, todo lo contrario, se agrupan en jaurías, delimitan claramente sus jerarquías donde el más viejo enseña su conducta (la cual sería asesinar animales siquiera para comerlos) mientras los más jóvenes de la camada la asocian y forman cohesión grupal en torno a estas actividades. También epidemiológicamente hablando los perros asilvestrados son vectores de diversas enfermedades (ya sea ellos mismos trasmitiéndolas en las mordidas o siendo huesped de parásitos) y por tanto, causantes de diversas enfermedades en fauna nativa, por lo que son también indirectamente culpables de la desaparición de estos. Comprender un mínimo aceptable de biología te permite comprender tanto el hecho de que existen animales que representan un peligro para el ecosistema (y que causarían muchas más muertas de las que representaría cazarlos), que es difícil modificar su conducta y que epidemiológicamente hablando es imposible erradicar una enfermedad si no es atacando al vector. No significa que tengamos que ver la cuestión con el mero cientificismo, pero si te hace un poco más sensato a la hora de sopesar distintas consecuencias que actúan paralelamente dentro del problema del daño a las especies.

Y creo que en realidad ese es el problema, los “dog lovers” no sopesan, no admiten ninguna excepción aun con datos empíricos o fenomenológicos (como los factores sociales), adscriben un fundamentalismo y proselitismo comparable a ratos con cualquier yihadista, ignorando que son uno de los movimientos ciudadanos más pequeñoburgueses que puedan haber en nuestro presente.

En Chile, un perro al parecer tiene más derechos que otra especie, incluso a los niños se les defiende menos.

¿Por qué Las Habilidades Sociales?: Una Visión Crítica Sobre su Papel en la Cultura y en los que Producen Cultura

Introducción

Hoy quiero cocinar un banquete de ideas y declarar con ímpetu el menú del día forjando este trabajo que tenía pensado hacer por años, pero con el que siempre me topaba con ideas y concepciones nuevas atascadas unas a las otras, las cuales eran menester tomar en consideración para no dar con la sensación que estaba descuidando sus aspectos esenciales, bueno, el tema es en sí mismo muy grande, de gran impacto en nuestras vidas pero de percepción simple, blanda y positiva en sí misma. Hablo de las Habilidades Sociales, muy en moda hoy en día y diseminada como objetivo dentro de un montón de disciplinas, motivo de evaluación de personas, culturas y subculturas, tópico de estudio para cuanto hombre moderno decida hacerse con cierto éxito en la vida y gratificación por conseguirse un lugar y sentirse realizado (algo en lo cual coopera también la sociedad, exigiéndote ciertos niveles para hacerte de su gracia). También ha sido un móvil importantísimo en la evolución del ser humano como tal a lo largo de su homínida historia y sin embargo, el uso social que este concepto trae para sí muchas veces esconde intenciones y propuestas que son irónicamente opuestas a la imagen positiva que se tiene de lo que se toma por lumbrera de la nueva época. Veamos un poco porqué las Habilidades Sociales arrastran un sin fin de fenómenos que vale la pena analizar para poder dar con eso que a mi, por ejemplo, no me deja indiferente.

Cuando se habla de habilidades sociales, se imaginan muchas cosas. Aparecen los textos de autoayuda de John Maxwell, los libros de Programación Neurolingüística, la imagen publicitaria de los jóvenes cool conversando con sus smartphones a través de Facebook o Whatssapp, el desarrollo curricular de los profesores en un aula llena de niños recién enfrentados a la rutina escolar, en fin, son muchas las imágenes que se evocan tras la palabra pero lo que encierra es interesante, se ha vuelto cada vez más importante y “decisivo”. Quién las tiene y quién no son motivos de discernimiento y de un llamativo control por parte de las estructuras sociales y cada vez siento que se explota  más como imagen y como concepto. Las habilidades sociales han venido a reemplazar como “deseable” a otros aspectos del carácter como el trabajo duro, la honestidad y la intelectualidad (la cual desde mediados del siglo XX ha sido puesta en tela de juicio filosóficamente hablando pero cada vez más es el público en general quien la enfrenta). Los individuos “cuadrados de mente”, los “nerds” los “antisociales” los “introvertidos” y las denominaciones hacia los grupos sociales que no acusan un dominio “suficiente” o “esperable” de habilidades sociales (que siempre van cambiando como cambia también la historia) han sido abordadas en películas, series e historias narradas para un público que se ve enfrentado y a la vez desea mostrarse al mundo y demostrar que está apegado a él lo suficiente, aunque cuando se les pregunte siempre digamos que no somos demasiado apegados a la idea. Teniéndolo en consideración, aun así, es hoy cuando invaden las mallas curriculares de las universidades y sus carreras; es hoy cuando las empresas capacitan a sus empleados y en sus manifiestos explicitan la importancia de contar con “personas que demuestren domino de las habilidades sociales”; es hoy donde es posible objetar al intelectual de su Olimpo con una frase de Cohelo o acusarlo de una supuesta “falta de empatía”.

Es hoy donde las Habilidades Sociales son tu pase de acceso, tu pasaporte y es posible seguir con la analogía y encontrar refugiados, exiliados y prisioneros listos a por un análisis, una crítica y un programa de trabajo listo para ellos cosa que puedan ingresar sin detenernos por un momento ante ese frenesí de ilustracionismo (ironicamente, el más “blando” de ellos) que se expresa como capacitación, como autoayuda, como terapia y como tratamiento. Y con esto me refiero a que las “habilidades sociales” se hacen parte ya de las estructuras sociales más altas jerarquicamente y se erige en tanto logra una simbiosis con ellas y sus mecanismo de control y formación de un tipo “ideal” de personas.

Un niño introvertido en nuestros días no la tiene para nada fácil, es cosa de contar cuantas veces se insiste en sacarlo de su espacio.

Un niño introvertido en nuestros días no la tiene para nada fácil, es cosa de contar cuantas veces se insiste en sacarlo de su espacio.

Ese tipo ideal de persona descansa bajo la aprobación de una nueva ilustración. Una nueva visión que nace de tomar las “habilidades sociales” como un ideal que se yuxtapone a los anteriores valores y los enfrenta: ya no se urge de gente talentosa intelectualmente o de gente lógica, sino de personas empáticas, resilientes, proactivas. Se erigen nuevas características para quien enfrenta la necesidad de buscar un empleo, un puesto o una oportunidad administrativa y lo que hoy se propone es asegurar la integridad de las organizaciones buscando que las personas que las conforman, actúen en consecuencia y sean lo suficientemente funcionales socialmente hablando. Se acusan evidencias que favorecen esta visión, se erigen nuevas investigaciones y por tanto, programas de investigación para fundamentar estas prácticas y proponerlas como una mejora disponible para su uso por las personas. ¿Es esto malo?, no, las habilidades sociales como había mencionado antes son un pilar fundamental de nuestro modo de vida, nos permiten ser lo que somos como humanos insertos en una sociedad y también con ellas logramos prevalecer este constructo para perfeccionarnos. A eso quiero yo llegar pues este concepto va de la mano con el de “ilustración”, la actitud de promover su transformación de idea a objeto y a los demás como modelos de la idea.

Sin embargo, ¿que ocurre con quienes no manifiestan interés en pertenecer? ¿o bien sin las capacidades necesarias? ¿cuales son los mecanismos de control que ejerce la sociedad sobre el introvertido?

Ya desde pequeños, los niños que no disponen deseo de buscar grandes grupos con los cuales conversar y pasar parte importante de sus vidas en descubrimiento son puestos en escrutinio, son rechazados, son vistos en menos. La ciencia ofrece alternativas para que nuestros hijos dejen de ser “ensimismados” y salgan al exterior (no a un exterior físico, hablo de ser parte de los otros). Para ello es necesario un punto de comparación: el niño que siempre sonríe, travieso y móvil motormente hablando; que sale a jugar con todos sus vecinos y que goza de popularidad en la escuela. El niño típico y difundido como tal. Aunque esta idea más estadística tiene que convivir también con otros puntos de vista relacionados, que se enfocan más en estereotipar ese tipo de niño como objeto deseable o ideal alcanzable a través del consumo, a veces confrontando la visión científica. No hay duda alguna que este ejemplo existe y muchas veces parece que son la mayoría y por tanto, no deja de haber un sentimiento de “normalidad” cuando queremos hacer realmente un punto de comparación con otros niños que actúan de manera diferente. La cosa comienza ya a volverse más compleja cuando ese niño al cual estamos haciendo imagen actúa ya no como comparación sino como material hegemónico de “formas ideales de ser”. Los científicos producen material cultural para evaluar, buscar falencias desde diversos ámbitos (lo social-comunicativo, lo social-cognitivo, lo social-emocional) y de pronto, la comparación alcanza el estatus de “vital” y es preciso adaptar los currículos escolares y pediátricos para formar niños socialmente inteligentes para la sociedad pero también los otros puntos de vista relacionados analizan la introversión desde otras ópticas relacionadas con la moda, los juguetes, las normas de comportamiento, el vestir, lo religioso, los videojuegos y los modelos adultos para seguir. A veces se abraza el anti-positivismo y se pone en duda la pertinencia científica “excesiva” sobre la infancia de los introvertidos para “dejarlos ser” o mencionar que son un problema espiritual, un dejo parental que puede ser solucionado consumiendo, buscando tranquilidad espiritual, acudiendo a lo natural como tratamiento, etc. Aun con todas estas diferencias, acá ya parten los “de lo contrario” (como una tal vez molesta actitud de advertencia) y se expone ya una predestinación (en base material que no siempre necesita de evidencias) el futuro para quien no atiende la norma y prefiere observar en vez de hablar. Comienza por tanto, el desarrollo de las “habilidades sociales” como discurso por parte de estructuras diferentes, pero que abrazan el mismo fin pragmatista en cuanto son en sí mismas hegemónicas.

¿hasta que punto uno puede disponer de una autonomía de trabajo para sí mismo sin que exista una norma moral que dispone a acusar, a tomar por anómalo o poco deseable un aspecto de la personalidad? pues cuando existe una apreciación significativa del concepto a nivel de sociedad  se dispone a ser comunicativamente intencionados con quienes demuestran salir de esta tangente. Lo que si, esta intención no es que descanse coartando u obligando a los niños a desarrollar sus habilidades sociales a manera dictatorial sino que actúa de maneras sutiles o implícitas  fuera como sugerencias, exigencias laborales o pre-requisitos a través de situaciones y juegos que reflejan las diversas interacciones que las estructuras sociales tienen con los niños o adultos en pos de diversos cánones que guardan relación con las habilidades sociales tales como el éxito en la vida, la fluidez comunicativa, la oportunidad de un ascenso social y la inteligencia. Son las personas quienes ante este trato social tienen la oportunidad de seguir esto o no (nadie te pone la pistola en la sien para que vayas a una fiesta) pero no siempre se cuida que esta oportunidad sea igual para elegir ser parte de esta dinámica, por lo que no desaparece por completo esa sensación que podemos experimentar cuando, por ejemplo, vamos a una fiesta pero “obligados” y sentimos que no somos parte de ella ni de los que participan en ella.

Me explico, por ejemplo cuando hacías un trabajo en grupo en la escuela y en cierto momento manifestaste disconformidad con el grupo asignado por tu profesor, normalmente te explicaban que durante el transcurso de la vida trabajarás con personas muy distintas y que aprender a tolerarlas es fundamental para poder integrarse, aunque en realidad eso se traducía en obligarte a enfrentar esa situación de antemano como un designio. Es esta característica de predestinación lo que hace de las habilidades sociales una estructuración puesto que las personas en algún momento de sus vidas requieren de ellas pero para lograrlo, deben aceptar un contrato social (en la línea de Jacques Rousseau), aceptar las reglas del juego las cuales hoy, disparadas constantemente por los medios de comunicación son “se sociable” “ten un montón de amigos” “no causes conflictos con el grupo” “adáptate al contexto”

Y cuando me refiero a “estructura” no lo hago de forma antojadiza.

Puesto que las estructuras sociales basan su existencia en su transmisión como icono y lenguaje (y con ello se toma también en cuenta los niveles del lenguaje como la semántica y la pragmática) formando parte de los sistemas que se nutren de ellas como los medios de comunicación, la publicidad, la tecnología. Ya se está apelando a la pragmática cuando se les pide “adaptarse al contexto” y por tanto, se establece una arbitrariedad con fines comunicativos. Necesita también que se aprendan, necesita de las escuelas y universidades o los centros de formación laboral. No sirve de nada sistematizar una economía sin personas que se comporten de forma sistemática y aseguren por tanto el ritmo y vida de ella. Por eso, si ocurre una carencia se dispone de material cultural masivo para que todos tengan la oportunidad de buscar enmendar el camino y comportarse de la manera más efectiva y eso significa asegurar un lugar en la industria cultural: la autoayuda y la terapeútica son dos grandes ejemplos de producción e intervención de aquella idea.


Cuando no se trata solo de “pedir por favor y gracias”…

Sheldon-Cooper

Con la “inteligencia emocional” socialmente se abre la oportunidad de apuntar a “tontos emocionales” y por tanto al uso de mecanismos como el estereotipo, aunque no fuese el objetivo de este concepto. (En la imagen: Sheldon Cooper de TBBT)

Desde Daniel Goleman que las habilidades sociales cobraron importancia académica y lograron encontrar un nicho dentro de las ciencias humanas y duras. Junto con Howard Gardner y su “inteligencia extrapersonal” (extrapolar a la “inteligencia emocional” de Goleman) estas ideas tomaron en consideración las demandas por un desarrollo más humano del talento humano aduciendo una mejora en las relaciones sociales dentro de las empresas, de la calidad de vida y de la efectividad de la comunicación. Así rezan semánticamente hablando los prólogos de sus libros y así lo pienso yo también, aunque claro, no puedo eso si pensar ingenuamente sobre el concepto de “inteligencia”. No lo digo desde el sentido de buscar un constructo psicológico basado en evidencias, sino más bien en cómo la sociedad ocupa estos constructos con fines segregatorios o distanciadores. Cuando hablamos de “inteligencia”, hablaremos tarde o temprano también de “inteligentes” y “poco inteligentes” (no es que la crítica apunte al hecho de buscar mas y menos, sino la falta de un uso ético de estas cualidades). El estereotipo, por ejemplo, reduce la carga cognitiva que las personas tienen que hacer por tratar de dilucidar aquellos grupos de personas particulares, aduciendo cualidades preestablecidas en ellos. Ocurre también que el concepto de “inteligentes emocionales” puede prestarse también para añadir cualidades adicionales a estas personas relacionandolos con comportamientos y recompensas (materiales o no) de la misma manera que se hace con las etiquetas de “deseable” y “no deseable”. Un “inteligente emocional” sabe como reconocer el dolor ajeno, sabe como construir su vida y ayuda a otros a hacerlo con las suyas y disfruta el momento; esta misma definición en vez de ser una mera descripción psicológica puede ser representada semióticamente como un musculoso jugador de rugby que arenga a su equipo o un fotógrafo cuidando la proxémica tras apuntar su objetivo con la cámara o un feliz terapeuta saliendo del trabajo con su van recorriendo los suburbios en donde vive armónicamente. Nosotros, al ver estas imágenes podremos evocar ese sentimiento y asociar ese significado a diversos hábitos y formas de ser que acompañarán entonces a ese concepto de “inteligente emocional” que ahora democráticamente se erige y se promociona a sí mismo como derecho para todos quienes deseen alcanzar un “pleno desarrollo” en sus vidas. Esta idea la aprovecha la economía, la administración, la publicidad. También las modas buscan en algún momento habilidades sociales como saber disfrutar el momento, leer los estados de los demás pero también incurren en posturas disruptivas moralmente hablando como promover la manipulación de las personas con fines narcisistas, tener el mayor número de relaciones sexuales posibles o anticipar las jugadas de los demás dentro de un contexto específico. Desprendiéndome de los dilemas morales, estos comportamientos requieren también de “habilidades sociales” y aunque algunos sean calificados como “malos” por los demás, han demostrado ser fundamentales para no quebrantar normas sociales y arriesgarse a sanciones peores que el remordimiento (como el alejamiento social por ejemplo, nadie quiere decirle a su pareja que se ve gord@)

Entonces, hablar de “habilidades sociales” no significa para nada referirnos solamente a saber “pedir por favor y gracias”; no son solo normas de etiqueta ni intentos por leer el estado de los demás para evitar pasarlos a llevar. Se trata de ser aptos, preparados para enfrentar los “juegos del lenguaje” (que tanto hablaba Wittgenstein) que son inherentes a la convivencia del ser humano, que están ahí y que debemos enfrentarlos con gracia, con ahorro cognitivo (ojo, ahí también hay un intento hegemónico por adecuar los demás a lo típico y de un tipo más complejo pues involucra lo científico, tema que desarrollaré más adelante con la idea de terapeútica), con soltura y flexibilidad sin sacrificar tanto lo moral a su vez. Todo esto lo habla, por ejemplo, Paul Grice (si lo complementamos con Wittgenstein, Paul Grice se enfoca más en la pragmática mientras que Wittgenstein habla del proceso de manera más pragmatista, dos conceptos en el fondo diferentes).

Entonces, lo inherente positivo encierra a su vez aspectos controversiales que igualmente deben de ser manejados. Estos conviven con los positivos y muchas veces, a su vez, tratan de buscar frenarlos o ponerlos entre dicho como puede ser, por ejemplo, prevenir en una empresa el favoritismo aduciendo conceptos como el “ganar-ganar” de Stephen Covey aunque lamentablemente esto no ocurra en la práctica. La manera de manejar las habilidades sociales en la sociedad es dialéctica, aprovecha sus pro y sus contras de manera que un puede buscar una retroalimentación, pero esto ocurre normalmente fuera de lo oficial, si existen personas que ponen entre dicho lo adecuado de esta dinámica arriesgan a ser escrutinados o ser vistos como “demasiado complejos” y de nuevo se presupone la liviandad de estas en pos de dejar al margen a organizadores críticos que denuncien estas dinámicas (aun si cumplen con los preceptos de las habilidades sociales, que irónico, no?).

¿Qué ocurre con los niños típicos y no típicos? ( o Hasta qué punto las Habilidades Sociales deben suponer una obligación)

El tópico de las habilidades sociales, como mencionábamos antes, reviste de un amplio uso desde diferentes disciplinas. Cognitivamente hablando, las habilidades sociales tienen un correlato con diversas funciones psicológicas que permiten al ser humano adecuarse al medio y le disponen de herramientas para desarrollarse y vivir. Nos permiten ponernos en el lugar de otros, nos permite comunicarnos (efectivamente), nos permite ingresar en dinámicas sociales con un importante valor enriquecedor del aprendizaje, de lo motor, etc. Vygotsky menciona acerca del “aprendizaje mediado” donde los niños acceden a los códigos y signos que rigen la cultura con el fin de aprender junto a un guía (con más conocimiento de base que ellos) en todo un proceso de construcción social, entonces, las habilidades sociales (ya no referidas inequívocamente como manuales de autoayuda) pueden ser entendidas de este modo como importantes para muchos de los procesos cognitivos del ser humano,. En específico, los procesos cognitivos superiores según Vygotsky se adquieren primero en un contexto social para luego interiorizarse como relaciones entre los seres humanos.

Sin embargo, no todos los niños manifiestan intereses sociales muy marcados, muchos tienden también a la introspección. Cuando se habla de currículum en las salas de clases,  estos se estructuran buscando no perder de vista lo constructivista aunque eso signifique acoplar lo más posible en la sala de clases un método que parta con ese presunto modelo conductual de construcción epistemológica como una máxima, por lo tanto, menos personalizado a las necesidades de otros niños que aprenden de manera diferente. Actuar así podría significar perderlos de vista, no considerar potenciar otros procesos cognitivos más individualistas que pueden ser desde ignorados, hasta ser considerados “malos”. Aquí la actitud de promulgar las habilidades sociales como motor de aprendizaje debe tener detrás una buena fundamentación ética que no pierda de vista al ser humano que está adelante tuyo, o de lo contrario, podríamos estar aseverando de que solo existe un modo inequívoco de aprender válido, lo cual es inverosímil. 

Susan Cain en su libro “Quiet”(callado) habla también de este fenómeno como desmoralizador de la imagen del introvertido, llegando a extremos como, por ejemplo, en una escuela de aplicar una política de aula donde no se le puede pedir ayuda al profesor a menos que todo el grupo tenga la misma pregunta” (imperativo es ver su charla TED sobre el tema)

Y así podríamos también abordar el tema desde los sujetos no típicos. ¿Qué ocurre con las personas con trastornos del espectro autista?

Como individuos que presentan variadas dificultades en las habilidades sociales, las personas con autismo/Asperger/TGD pasan un buen tiempo de sus vidas en tratamientos de tipo rehabilitatorio ligados a las relaciones sociales . Hay que recordar que con esto también se establece una dinámica que gira en torno a las habilidades sociales como objetivo meritorio, lo que podría significar una vida entera escuchando reproches sobre su forma de ser y, sin embargo, no molestarnos una vez siquiera de valorar aspectos de la personalidad autista que si pueden legitimamente ser respetadas y valoradas como por ejemplo ser metódico, honesto, estructurado, etc. En casos de autismo de no alto funcionamiento, donde los padres tienen que esforzarse notablemente más por conseguir progresos en sus hijos, a veces hablar de habilidades sociales con tanta propiedad pudiera suponer una superioridad moral encubierta, que bien puede sumir en culpas innecesarias a las familias y adicionarles un estrés dentro de tantos por demostrar que sus hijos merecen incluirse en la sociedad como cualquier otro niño, y claro, una batalla que no se admite y que sin embargo prevalece es que la frase insignia de la inclusión “todos somos iguales” puede ser tomada desde ángulos demasiado formalistas para construirse sesgos cognitivos relacionados con extender las verdaderas habilidades de los niños a límites que sobrepasan la (a veces dura) realidad. Eso tiene que ver también con una exigencia social, es un sesgo que se retroalimenta entre el deseo jurídico de asegurar plena autonomía y derechos a un sector menos favorecido de la población y la creación de una imagen ficticia y homogénea de las personas con discapacidad pero positiva a su vez para un fácil manejo de esta comunicacionalmente e intencionalmente hablando. Y de nuevo caemos en los estereotipos: es más fácil querer o tolerar a un niño con síndrome de Asperger cuando se piensa que son genios o personas sumamente inteligentes y sin embargo, al menor error relacionado con desobedecer el canon de las “habilidades sociales” esta virtud se convierte en un defecto por el cual sacar en cara. En el caso de los padres, el derecho de ser visualizados como iguales puede ser también deducido desde la inocencia de minimizar estas dificultades (más allá de cuidar no exagerarlas o condenarlas) y mostrar al mundo a un niño “tan normal como los demás”, aun con los posteriores conflictos que nacen de la interacción que ocurrirá ahí. No los culpo y tampoco debiésemos ser duros con las familias que hacen todo lo que está a su alcance para no sucumbir en una sociedad que a ojos nuestros solo pone exigencias pero cada vez menos se compromete a cumplirlas para nosotros.

La inclusión de personas con discapacidades apunta, según la ley 20.422 a promover el disfrute de sus derechos e impedir cualquier tipo de discriminación a través de la creación de la SENADIS. Aquí, sin embargo, chocamos con un paradigma. La discriminación puede comenzar ya desde el momento en que se cataloga cierta forma de ser como patológica (aspecto que afortunadamente no persigue la SENADIS); es cierto que existen aspectos del espectro autista que impiden que la persona por si misma pueda lograr plena autonomía de sus funciones, pero al momento que logra disponer de herramientas para mitigar esta situación, ¿su condición seguirá siendo tachada como patológica? ¿ellos necesitan siempre verse como pacientes para recién ser incluido en la sociedad?, ¿es acaso un requisito para respetar la ley que el niño cause poco o nada de conflictos a sabiendas que no será fácil? ese aspecto hipócrita del área educativa en los Proyectos de Integración Escolar lo vienen acusando desde hace mucho tiempo en Chile: aun siquiera existe una ley específica que trate el tema.

Es por eso que el término reviste una ambigüedad: no es solo que necesiten aprender habilidades sociales para poder (indicamos capacidad para) incluirse en la sociedad, sino que es la sociedad también la que pone el requisito en aspectos que no tienen que ver fundamentalmente con alteraciones orgánicas de la sociabilidad sino en restringir formas de ser,  estilos cognitivos. De ahí que nazca el concepto de “neurodiversidad” para promover el respeto por otros estilos de pensamiento que traspasan la barrera de lo “patológico” impuesta por el modelo biomédico y de la clínica, del que tanto hablaba Michel Foucault cuando se refiere a ellas como mecanismos de control social.

Y así pasa en las habilidades sociales, pasa en otros modelos de exigencia cognitiva como la atención, la obediencia, el sentimiento de soledad, etc.

El advenimiento de la “inteligencia” emocional como una nueva dialéctica de la ilustración

Nuevos conceptos de “ingeniería” que hace 40 años solo hubieran estado en la mente de Gregory Bateson

El “lado izquierdo” del cerebro como he mencionado al comienzo ha sido constantemente criticado esta década. Mucho de lo que se plantea en estudios organizacionales enfatiza en cambio el uso del “lado derecho” del cerebro: Más sintético, más globalista e intuitivo. La parte racional y analítica no encuentra hoy un punto del cual afirmarse como lo hacía hace décadas pasadas puesto que se ha construido una imagen de persona que insta a desarrollar “esa otra parte del cerebro” (hablando como si estuviéramos haciéndole una callosotomía), para evitar ser en demasía lógico y perderse en un mundo que te pone a prueba como ser social, como persona que no solamente se la pasa calculando. Incluso, algunos van más allá: Teorizan acerca de la “culpa” de un sistema que cosifica a los demás representándolos como números y cosas, en vez de acotarse a este lado que vendría siendo el bueno y el que “nunca se tomó seriamente”.

En sí, esto vendría siendo una herramienta para la construcción del progreso del ser humano, esta nueva inteligencia vendría a ser la luz de una ilustración que no está embebida de propósitos jurídicos o densamente filosóficos y que viene de la mano con la idea de desarrollo humano que tanto se vende con la imagen del hombre de corbata con su tablet en la mano.

Aquello es muestra que el maniqueísmo que caracterizó al ilustracionismo no se ha superado, o se ha recurrido a él como se hizo a finales del siglo XIX, el cual originó muchos de los esfuerzos positivistas por argumentar la idea de progreso de la humanidad, lo que a la larga terminó en algo totalmente opuesto a lo que se buscaba y materializándose en los horrores de las dos primeras guerras mundiales. ¿Teodor Adorno y Max Horkheimer hoy podrían crear otra “Dialéctica de la Ilustración”?, a mi juicio pienso que sí, puesto que la idea del progreso de la humanidad es un metarrelato que aparece siempre como una proyección de los alcances del avance del pensamiento y así como puede mutar en formas o discursos, también se podrán hacer análisis para cada uno de ellos. Si ayer fue el racionalismo, hoy puede hacerse en base a este sociocognitivismo que puede dividirse y simplificarse en capas más próximas a los deseos y proyecciones de los seres humanos y sus culturas.

Pues entonces, no cabrían dudas que las “habilidades sociales” pueden ser también un ejemplo de inteligencia, entendida desde el punto de vista sociológico. Aquella concepción puede que le cause un montón de dolores de cabeza a aquellos científicos que no quieren ocupar la palabra “inteligencia” en sectores cognitivos más acotados, como si la lógica no fuera también una parte de todo el crisol de características de la cognición humana pero en fin, para que aquello resulte como metarrelato tiene que ir en contra de algo que está declarado “malo” u “obsoleto” o “incompleto” por consenso o arbitrariedad y es entonces que la imagen de lo introvertido, lo analítico, lo racional se ve puesta en entredicho para un discurso de bienestar que pudiera estar manejado por aquellas facciones de la sociedad que siempre han ostentado el poder y sin que nadie se tome la molestia de pensar en ello. En vez de eso, preferimos consumir la cultura del “lado derecho” sin prestar mucha atención a quien la produce y en qué reglas se basa. Es como lo que hablaba Thomas Kuhn acerca de que los científicos no tenían idea de epistemología aunque supieran ocupar el método científico al revés y al derecho, acá es lo mismo, aducimos ventajas y valores positivos a un discurso que se muta para propósitos muchas veces tomados a la ligera como intervenir la introversión de un niño de por sí y sin una base más sólida que el “sentido común” que dictan tiempos como estos. Pero es lo que se toma por importante a la hora de trabajar, a la hora de proyectarnos hacia las personas, es como un libro rojo de Mao pero para quien asume el desafío de trabajar en la sociedad de redes actual.

No diré que lleguemos al ejemplo de las guerras mundiales, en realidad, esto podría producir cambios y un impacto bien fuerte en aquellos quienes por dificultades físicas, geográficas, psicológicas o psiquiátricas o teológicas inclusive no pueden calzar con las expectativas y se les toma por antemano como sujetos lejos de lo que nos hace “buenos”. El impacto por tanto, es interno. Por esta y otras razones hay que ver siempre lo que es aparentemente bueno desde un punto de vista deconstructivo, para no caer en cosificaciones y es así que el”¿porqué las habilidades sociales?”nace como un análisis que intenta evitar los abusos de una sociedad que se jacta de ser más social y sin embargo se ve más ensimismada y encerrada en sus propios asuntos, compitiendo a destajo por tratar de sacar a otros del camino y glorificando aspectos culturales que apelan a la propia individualidad pero que tienen que convivir también con el menester de no ser un ermitaño fuera de onda o un incapaz, o, por lo menos, que sepa usar el Facebook o Whatsapp.

Educación y Burocracia: Perspectivas del Niño en el Tablero.

¿Que ocurriría si de la noche a la mañana, un sistema educativo propusiera que los niños pueden elegir que ramos les interesaría cursar, en vez de seguir una pauta obligatoria uniforme e inflexible?

¿Que pasaría en un sistema donde se inculca desde la niñez a que todo niño debe de pasar 9 horas (sin bromear) de su día, durante casi toda su infancia encerrado en una sala, obedeciendo la instrucción de una persona que tal vez no tiene el talento suficiente para despertar emoción por lo que enseña?

¿Que pasaría con los profesores si comienzan a ser enfrentados por cada uno de los estudiantes cuando estos manifiestan que temas o que aspectos de la vida sienten que les pueden ser enseñados?

¿que pasaría si de repente los psicólogos evolutivos o los psicopedagogos se enfrentaran a la interrogante de dar chance de que un niño que no le gusta las matemáticas, decida no estudiarla con profundidad durante todo su periodo escolar, sabiendo lo mermante que sería para el sistema social no tener “cierta base”?

Simple… no habría burocracia educacional, o si hubiera una pretensión de ella, tendría que ser muy poderosa como para preocuparse de cada aspecto en común que hubiera en el aprendizaje entre un niño que prefiere las letras y una niña que prefiere cultivar la tierra o aprender rutinas de ejercicio. Las sociedades necesitan cierta plana que cumpla los requisitos básicos que estas culturalmente tienden a inculcar o a preferir para el posterior desarrollo de sus actividades diarias. Irónicamente mucho de este aprendizaje tiene que ver más bien con los hábitos posteriores de la vida laboral, como el pasar 8 horas sentado (fuera en el trabajo o en el transporte), ser minimamente empático, tener apenas 1 hora de recreo, vestir de uniforme y ser lo suficientemente creativo para rendir en el trabajo y no opacar el desempeño del resto. Tales hábitos se refuerzan por el número de veces que se realizan al interior de un espacio sistémico que las promueve por ser su razón de ser, rodeado de pares con los quienes pasas buena parte del día y con los cuales te desarrollas y puedes llegar a entablar largas amistades, y que construyen sociedad en base a esas herramientas burocráticas.

Los países se juegan su prestigio en cuanto a la formación educacional, algunos como el nuestro (Chile) sin embargo siquiera cumplen con los ideales de esa búsqueda; terminan siendo parte de una burocracia de medio pelo que no investiga ni se desarrolla tanto. Prefiere seguir aplicando la impronta de una nación que necesita más bien de mano de obra barata y con cierta inteligencia que no moleste a nadie (los que manejan esa burocracia). No es una exageración considerando muchas veces como a lo largo de la historia han terminado muchas de las iniciativas políticas que trataron de exigir más instrucción en el pueblo, con resultados dispares y con consecuencias nefastas, que muchas veces duelen recordar. Pero aun si el sueño de los jóvenes políticos de una nación culta  lo basan en ser los mejores dentro de toda esa maquinaria, sería entonces un triunfo más de la burocracia más que del trasfondo docente con el que pintan el asunto: de aquellos que miran siempre a Singapur y solo en los aspectos más industrialmente creativos a Finlandia. Que un ingeniero civil industrial sea uno de los estandartes de aquella fuerza de cambio revela parte de esa búsqueda por un Chile con un sistema educativo más sólido.

Pero de educación misma, yo lo dudo, y afirmo que tal búsqueda no se concentra en la educación más trascendental que los intentos burdos de aumentar las horas de clases (o las horas de “tal asignatura”) para alejar a los niños de unas familias más bien ausentes por la larga jornada laboral. Estos 2 aspectos confabulan en una tradición por desprender a los niños de la influencia familiar de la cual se desconfía o no se le pone la suficiente atención positivamente.

La educación como constructo es moralmente intrigante para un montón de visionarios (algunos dentro de las estructuras burocráticas, otros en proceso de crearlas y unos cuantos fuera de ella) que sienten con el deber de promover a un chico el mínimo fundamental de saberes que debe de manejar. Esa es una visión ilustracionista, la palabra “debe” revela el mandato de un poder que actúa hacia la integridad infantil que espera aprender a su manera, en un mundo adulto que luego se torna más y más aburrido para su pesar y que lo asfixia con conocimientos que el no eligió aprender y que pueden resultar aburridos tanto por la materia en sí o por el poco talento del profesor que vela por su “educación”. Se piensa desde la óptica tablarrasista, de la de los niños en blanco absorbentes de información. Información que por cierto es controlada, seleccionada y adulterada por un montón de burocracias que esperan que los demás aprendamos lo que ellos designan que es pertinente aprender para “mejorar el país”. ¿Cuanto de ese discurso no se ha observado desde los inicios de la patria? ¿cuantos de esos colegios que si son ejemplo de adaptación a la exigencia no adolecen de tener a los chicos más ordenados, que sacan los mejores puntajes de las pruebas estandarizadas? ¿cual es el grado de influencia que puede tener en la formación de una cultura que un colegio se muera por enroscarle a otros colegios que compiten por el dinero de las mensualidades de sus padres cuan “buenos niños” tiene formando?.

Entonces esa burocracia también tiene componentes elitistas que terminan por cosificar lo más que se pueda al alumno en pos de su educación, lo cual no es ninguna novedad.

Sin embargo, aun con la pedagogía progresista tipo Paulo Freire proponiendo su humanización me temo que tal óptica de la mejora (como sistema burocrático) obvia un detalle muy importante. El discurso que se esconde en la palabra “mejora” integra todo una tradición dentro de las burocracias que son las innovaciones y metodologías a que estas recurren para mejorar unas por otras (no es ningún cambio). Estoy seguro que en estos momentos se lee a Freire en cada escuela de gestión educacional para ponerlo contra Freire o a Vygotsky para enfrentarlo a Vygotsky. Las burocracias son expertas en tantear y descubrir estrategias para instrumentalizar el saber que han propuesto un montón de científicos y revolucionarios, cosa que puedan aplicarse hasta cierto punto de manera adaptada al mismo sistema, que luego se luce como humana. ¿que malo podría tener a 45 niños en una sala de clases enseñándoles lo que nosotros queremos enseñarles, ya que tenemos que tragarnos toda esa caricaturización neohippie? Si tal estructura (la de las escuelas) es la misma, el cambio (y las personas que proponen ese cambio) que critique a la misma y aun así no sepa deconstruirla (vale decir, que considere a la educación como un tipo de industria cultural y aparato de control social) terminará sirviendo de alimento para ese sistema, porque le dará chance de innovar si es que dentro de esa burocracia existe gente con talento (y fíjense como suena de siniestro) dispuesta a adaptarlas.

En otras palabras, se unidimensionalizará (como dice Marcuse) y terminará siendo parte de la misma industria cultural que les prohibía usar los pantalones por debajo de su trasero, ahora con la chance de ser los nuevos agentes de cambio que extiendan el poder de esa burocracia. Tal aprovechamiento de innovación puede explicarse desde el estudio que estas mismas hacen de las teorías propuestas por los intelectuales para homologarlas dentro de la hegemonía o bien de la experiencia histórica, de las coyunturas de los movimientos sociales, cuando estos culminan y ciertas burocracias terminaron viviendo (y sobreviviendo) ese proceso y pudieron observar que cosas adquirir para si mismos (y con el peso de la experiencia como factor decisivo) y que exigencias de tales movimientos sociales pueden elegir de ser consideradas “razonables”.

El proceso de todo ese trabajo lo terminará recibiendo el niño. Un peón de ajedrez que puede moverse hacia cualquier lado aun si solo puede moverse una casilla.

El Caso del Colegio del Verbo Divino y la Pedofilia. Una Unión Tribal Déspota.

Es extraño que solo encuentre esta noticia en un diario como La Tercera. Quienes vendrían siendo uno de los pocos diarios en el país que se refiere al caso de pedofilia documentado en el famoso colegio cota-mil “Liceo Alemán del Verbo Divino”. Tal vez sea porque es un caso polémico para la alta sociedad y los aspiracionales que matriculan a sus hijos allí, lo cual no deja, eso si, de ser una situación que puede representarse de manera didáctica para dejar en claro algunos asuntos relacionados con el abuso sexual a menores por parte de miembros de la iglesia católica.

Primero que nada, los links de referencia:

http://www.latercera.com/noticia/nacional/2012/01/680-423062-9-congregacion-verbo-divino-le-brindara-todo-su-apoyo-a-sacerdote-condenado-por.shtml

http://www.lanacion.cl/verbo-divino-senalo-apoyo-a-sacerdote-condenado-por-abusos-en-chicureo/noticias/2012-01-09/131459.html

Y el artículo periodístico que originó todo http://ciperchile.cl/2011/04/14/fiscalia-de-colina-presenta-acusacion-contra-sacerdote-del-liceo-aleman-del-verbo-divino/

Carta del Colegio en cuestión: http://www.verbodivino.cl/news/single/199

Como se logra leer en los comentarios de los lectores de La Tercera, existe un notable desacuerdo ciudadano ante las acciones de los pedófilos sacerdotes de la iglesia católica, los insultos no se hacen esperar, se ataca eso si cada vez más a la iglesia como institución que a la persona en particular que cometió el delito. Lo cual indica (para mi) una metonimia donde la iglesia es la total responsable por las acciones individuales cada vez más numerosas de sus integrantes.

Sin embargo, no se le está dando énfasis a algo que conviene recordar. En la Noticia de La Tercera, el colegio verbo divino sigue presumiendo de la total inocencia de su sacerdote, cuidando eso si de recordar su acato a las leyes nacionales, seguramente como una manera de “no quedar mal” ante la opinión pública. Le ofrece apoyo justificando el hecho de que aun no termina el proceso judicial. El problema es… ¿quien defiende a los niños abusados?

¿Es una muestra de tino, que un colegio que se supone, alberga a los hijos de la élite nacional demuestre antes apoyo a un sacerdote acusado de pedofilia ANTES que a los niños abusados y a sus familias? ¿niños de 4 años, que recién comienzan a vivir y que atraviesan por diferentes etapas críticas del aprendizaje, que seguramente fueron mermadas gracias a las actitudes lascivas y depravadas de un sacerdote? ¿acaso las pruebas psicológicas que demuestran y dan prueba de ese abuso le son indiferentes al plantel educativo?

¿Es acaso correcto que para emparejar el marcador, luego de defenderlo digan esto?

“Sin perjuicio de lo cual, frente a los impactantes hechos que han sido materia de juicio público, queremos expresar nuestra solidaridad con todos aquellos que son víctimas en esta dolorosa situación“,

Una verguenza que los planteles educativos católicos, por una cuestión de sectarismo no sean capaces de sacarse el árbol que les tapa el bosque. Un pedófilo es un pedófilo aquí y en la quebrada del ají, defenderlo a pesar de todo el arrastre emocional de sus 2 ex-alumnos es un golpe tan bajo a su autoestima y a su integridad de seres humanos que me da pena, que aun estando en un estrato social con tanto acceso a la cultura, prefieran defender a un pedófilo que a un niño abusado.  Es una pena también que por una cuestión de costumbres y estructuras, aun muchos colegios como estos no se atrevan a hablarle al alumnado sobre estos asuntos, poniéndolos siempre debajo del tapete como si fueran meros hechos aislados. La pedofilia cada vez más deja de ser indiferente ante la sociedad, y si la justicia no tiene los suficientes cojones para meter en la carcel a una persona influyente quiere decir que esa falta de conciencia está presente, más que nada, en las clases más altas de este país.

Llega a ser impresionante la cohesión grupal de estos grupos religiosos. Ahora, ¿quien les otorga ese poder?

Los apoderados que aun no quieren asumir este tipo de escándalos en sus colegios, defienden a toda costa a los profesores y sacerdotes que les impartieron la educación que les permitió hacerse más ricos, le temen a la figura de autoridad que representa ser un miembro de la iglesia, sus vidas han estado atadas a los designios del catolicismo más que cualquier otro grupo social del país. Irse en contra de ellos supone un cisma a sus estilos de vida y es por esto que muchos apoderados callan y a la vez otorgan.

y el otorgado en estos casos, siempre será el pederasta. Quien no contento con aprovechar su imagen social cuidadosamente maquiavelizada, deja que sus propios feligreses sean los encargados de defenderlo a ojos cerrados.

Una pena, realmente por estos hijos de puta. Los niños no merecen tipos como estos viviendo en la tierra. Este tipo de arengas perjudica la comunicación estratégica que los planteles educacionales tienen el deber de preservar a la hora de informar a los niños de los peligros que pueden haber respecto a la violación de sus derechos más fundamentales, como es el respetar su cuerpo y espacio personal.

Saludos Libertarios

 

El rol del Fonoaudiólogo Como Agente de Cambio Social (Revolucionario)

Edición descargable en http://es.scribd.com/doc/55452415/El-Rol-del-Fonoaudiologo-Como-Agente-de-Cambio-Social-Segundo-borrador

Más allá de las diferencias epistemológicas que pudieran suscitar una dificultad en la definición de lo que es y representa un fonoaudiólogo, a nivel académico el fonoaudiólogo es el profesional de la salud que atiende los trastornos de la comunicación humana  a nivel general y específico, es un experto en la física acústica (sonido) y de la audiología, de la voz, de la lingüística aplicada, pero por sobre todo, de la cognición y las neurociencias y psicologías ligadas al proceso de la comunicación (como las que se relacionan con el lenguaje y con el habla) así también de aquellas disciplinas que explican como nosotros las logramos comprender y aplicar en la sociedad y en el desenvolvimiento de nuestras vidas. Serra señala que: “La comunicación es la dimensión más abarcativa (sic) y definitoria de la fonoaudiología y sin que ella cuente con un nombre o denominación de su carencia, disminución o déficit o competencia adecuada o normal para muchos…” (p. 111).

Vale decir, una parte importante de la capacidad de entendimiento del ser humano, de su libre albeldrío y de su construcción como ente cultural. Es por esa razón por la cual el fonoaudiólogo logra introducirse hacia un campo social muy importante, debido al alcance que implica el lenguaje (como las demás disciplinas) al estar arraigado a un sin fin de relaciones humanas, que de enumerarlas, no valdría la pena mencionarlas de una forma tan técnica por ser tan numerosas. Supongamos por ejemplo que todo lo que hacemos (según el teórico de la comunicación humana Paul Watzlawick) implica un desafío a la ingenua idea de que existe la incomunicación. Es más, su no-existencia se llega a postular como un axioma. Todas nuestras actividades cotidianas son un ejemplo explícito de comunicación, y si no lo son de forma directa, esconden dentro de ellas una potencialidad.

Aun así, quien por algún motivo desarrolla un trastorno o alguna enfermedad que limite sus capacidades comunicativas y vea mermada su condición o su salud, tiene derecho a ser tratado por un equipo multidisciplinario de profesionales, los cuales deben instruirse a lo largo de toda su vida para desafiar con sus conocimientos y prácticas al debacle y a la apatía que aquellos problemas provocan en la población, con el objetivo de ofrecerles una solución.

Sobre el rango de acción del fonoaudiólogo CEPAVAL (s.f.) expone lo siguiente:

¿Quién necesita evaluación fonoaudiológica?

Toda persona con pobre significado de palabras o vocabulario, dificultad para combinar palabras en oraciones, para comprender y   procesar el lenguaje oral y escrito; la persona que sustituye, omite o desvía los sonidos de las palabras constantemente; que muestra  retraso en la adquisición o desarrollo del lenguaje, que tartamudea o se bloquea al hablar, que muestra cambios en su voz o una  cualidad inusual y las personas con un problema o algún desorden neurológico

¿Y cómo un fonoaudiólogo podría entrar en este proceso?

Antes que nada, me referiré al rol del fonoaudiólogo a nivel más general. Cuervo(1998) expone que los fonoaudiólogos tienen los siguientes roles: prevención;examen, evaluación y diagnóstico de trastornos en la comunicación; intervención terapéutica; comportamiento profesional; y educación continua y estudio científico.

Ahora que definimos su rol en términos generales ¿como un fonoaudiólogo podría llegar a ser un motor de cambio social? ¿que potencialidades tiene un fonoaudiólogo para revolucionar su rango de acción o el de otros?

Al igual que los demás profesionales de la salud, el profesional fonoaudiólogo debe velar que las capacidades de las personas sean o estén dentro de rangos saludables (siendo el paciente quien decide los límites de esos rangos, dado que es su libertad). Tal propósito implica no solamente considerarlos como entes estáticos que solo cobran forma cuando toman asiento en la consulta. Las personas se desenvuelven además en un montón de ambientes, participan en diversas construcciones sociales, son plenamente conscientes y su organismo actúa y responde ante cada situación. Tal enfoque actual se sustenta en una observación biopsicosocial del paciente, atendiendo a todos los espectros, con cierto énfasis en la holística. Sin embargo, me sorprende que este enfoque tenga que ser enseñado bajo el alero del positivismo, siendo que todos esos aspectos, explicados, serían considerados “de sentido común”.

Aun así, a modo de opinión personal, considero que en estos momentos ocurren 2 situaciones paradójicas: cada vez  el mundo es más estudiado y analizado (además de vigilado, puesto que todas estas acciones han sido posibles a medida que las ciencias se burocratizan más) pero así como existen tratados y una semiología que se dice estudiosa de los alcances de las personas, la verdad es que al menos en Chile esa relación todavía está corta de manos, e inclusive, si fuera más crítico aun, consideraría hipócrita hablar con tanta vehemencia de las personas cuando se les sigue resguardando de cualquier participación en alguna propuesta que mejore sus expectativas de vida, sus potencialidades y su desarrollo. No me explico que un/una fonoaudiólog0/a, sabiendo a lo que se expone una persona dentro del sistema deba guardar silencio ante situaciones que tienen un alcance lógico dentro de su profesión, como pueden ser los bajos índices de lectura a nivel social, el poco desarrollo de su disciplina a nivel comunitario, la falta de inclusión en la educación, la falta de legislación sobre los derechos de los pacientes más críticos y que necesitan de asistencia permanente, etc. Pero lo que de verdad debería valer la pena de decirse es que no me explico que no hayan personas que no guarden silencio ante estas situaciones a nivel general.

Un fonoaudiólogo no puede pretender “bajar de una nube” y volver al Olimpo después. Pero dejando los idealismos típicos que se mencionan en casos como estos, quien ejerce la profesión no debe pretender que está al margen de los demás, aunque por ejemplo, en las universidades, dado su hermetismo, limiten el tiempo y el número de veces que un alumno puede constatar la realidad y deconstruirse. Quien quiera acercar la disciplina a la gente tendrá que juntar la valentía suficiente para asumir que no siempre contará con la institucionalidad detrás. Los que por el contrario, detestan la institucionalidad por diversas razones, ya tienen un pretexto para no verse limitados.

Entonces, la carrera revolucionaria dentro de la disciplina tendrá que ver principalmente con aspectos críticos que le conciernen de un modo especial a esta. En otras palabras, introducirse dentro de sus nichos.

Pudiera ser más apropiado hacer una lista de tópicos que están dentro del rango de acción del fonoaudiólogo.

  • El Lenguaje y la comunicación humana (su uso en la sociedad, discriminaciones lingüísticas, limitaciones, derechos de quienes presentan limitaciones o prefieran otras vías de comunicación, alcances del lenguaje en la vida diaria, conservación de lenguas, campañas para promover distintas vías de comunicación, refuerzos, etc)
  • El aprendizaje y la Educación (Rol de las escuelas, inclusión educativa, revisión de otros factores relacionados con el aprendizaje, métodos alternativos a la educación formal, factores que promueven o limitan el aprendizaje, políticas sociales relacionadas, alcances sociales del aprendizaje, etc)
  • La salud (del paciente, del paciente en su entorno, del entorno del paciente, del sistema, de potenciales pacientes, salud pública, campañas a nivel de población, factores relacionados con la salud, etc)

Pongamos un ejemplo. Se atienden personas en las escuelas ¿el aprendizaje dentro de estas es lo adecuado? ¿es acaso el único modelo aceptable? ¿por qué existen escuelas con fonoaudiólogos o sin estos? ¿porque solamente las escuelas que atienden a determinados estratos sociales son las que presentan fonoaudiólogos y en las demás no?. Atender a estas interrogantes puede ofrecer una mirada amplia sobre los alcances de quienes se desenvuelven en educación y deben observar estas situaciones a diario, muchas veces sin oportunidad de modificar las estructuras de aquellos sistemas. Yo considero que la capacidad de hacerlo o no depende no solamente del nivel de conocimientos que presente el fonoaudiólogo sino también de una continua motivación personal para identificar situaciones que pudieran suponer una anomalía y significan una amenaza constante para quienes se sirven de sus derechos. Existe también un componente de conciencia, desarrollar consciencia y promoverla, no dejarla enajenarse en lo laboral o en lo meramente vocacional.

Otro alcance pudiera ser por ejemplo la lucha en pro de los derechos de la gente con necesidades especiales, tales como los pacientes con hipoacusia, quienes presenten TEA o los niños y niñas (y adultos) que sufren retraso mental. Adicionalmente a los deberes éticos derivados de su consideración en los tratamientos o terapias, en parte, serán responsables de que ellos dejen con el tiempo (si es posible) de requerir de su dependencia, y refuercen su sentido de autovalencia, de exigir respeto hacia sus potencialidades y dificultades como lo haría cualquier otra persona y que esa autovalencia tenga un lugar en la sociedad, así como esta tenga un lugar en ellos. Sería irónico hablarle de la importancia de la socialización a aquellos y aquellas que, aun dentro de los trastornos, observan a una sociedad que poco o nada se preocupa por ellas y que aun así esta tiene el descaro de exigirles cumplir modelos que para ellos les son de notable dificultad, muchas veces rotulandolos de enfermos solamente por no ajustarse a la mera exigencia y dejando de lado otros aspectos que en si son patológicos y son la causa directa de aquellos conflictos.

La discriminación lingüística es otro tramo, la xenofobia hacia las culturas distintas a través del juicio de su fonación es otro campo de acción que puede ser considerado, también se puede luchar por derrotar la xenofobia a través campañas contra la discriminación lingüística eso y así apelar a la conciencia de la población. Aparte de eso, también existe discriminación a nivel general del habla entre distintos estratos sociales como lo que ocurre con los segmentos altos de este país cuando modifican su pronunciación para segmentarse de la población e imponer su propio esquema de cultura como el ideal. (El tal conocido “hablar con la papa en la boca”). Aun así, ¿la normalización es una estrategia considerable? ¿o tal vez la estrategia apuntaría a no juzgar las pronunciaciones entre culturas? ¿no asumir que existe una correcta o incorrecta? y de ser así ¿que ocurre cuando esas normas de respeto pierden su alcance por ejemplo, en entrevistas de trabajo? ¿en testimonios legales?, etc.

El bienestar de los ancianos también es un tópico a considerar. Si atendemos su bienestar cognitivo y su salud auditiva, vocal y oromotriz, también se puede analizar aquellos tópicos dentro de sus costumbres y hábitos  que pudieran ofrecer nuevas perspectivas  para futuros tratamientos.

Ahora, también pueden abordarse tópicos externos, que ejercen influencias notables dentro de la población y que estén involucrados en  los aspectos comunicacionales del ser humano. Por ejemplo, exigir y promover el desarrollo de medios periodísticos plurales y que sean de calidad objetiva y específica, que ofrezcan una vía adecuada para el desarrollo lingüístico y cognitivo de la población que las prefiere como su primera elección para instruirse e informarse. Eso incluye también ejercer una actitud crítica contra todo aquel intento de enajenación proveniente de un manejo deficiente y o poco ético de los medios de comunicación sociales, aunque conociendo el nivel de burocracia lo mejor sería apuntar a promover en la población que sea esta misma la que exija calidad hacia los medios de comunicación. Aun no existen los suficientes estudios que avalen alguna relación entre las deficiencias de contenido en estos medios y el desarrollo posterior de trastornos comunicacionales, pero se pueden hacer inferencias relacionadas con la falta de acceso a contenidos comunicacionales y el desarrollo de trastornos posteriores (como las demencias). Siendo así, y considerando los altos niveles de segregación en la sociedad chilena, no estaría de más tomar en cuenta este tópico aun considerando la amplitud de alcances que requeriría investigar en un terreno que no es propio de la fonoaudiología.

Eso implica tener en cuenta al sistema como influencia negativa de la salud de las personas, que sus falencias no significan solamente campañas deficientes de salud o educación, que existen manipulaciones más finas. Creo que ya debemos dejar a un lado la ingenuidad al seguir pensando que los manejos socioculturales no tienen que ver con los problemas colaterales ligados a la comunicación humana. Considero que así se trasmite cultura, así también se transmitirán anomalías que entorpezcan el apropiado desarrollo de la potencialidad comunicacional humana, que pudieran ser evitables con trabajo y dedicación no solamente a nivel de profesión, sino a niveles más inclusivos y adentrados en las particularidades y estilos de vida de las personas. Muchas veces uno observa cosas que jamás pensaría que podrían ocurrir dentro de una comunidad y ahí están, brotan, se diseminan y son parte de ellas ya fueran buenas, neutras o malas y que pasan desatendidas por quienes las viven o por quienes se supone gastan buena parte de su tiempo en cargos destinados a ofrecerles protección y asistencia.

En cierto modo, la responsabilidad social del l@s fonoaudiólog@s no difiere tanto del resto de los trabajadores de la salud, pero gracias a su nivel de acercamiento con el paciente, pueden observar más a flor de piel los problemas relacionados con la forma de comunicarse entre las personas, tomando en cuenta la enajenación y también el contacto con las pacientes segregados de la sociedad por sus problemas en el lenguaje o aprendizaje o comunicación. Es curioso también hacer hincapié en un fenómeno cultural que si bien parece ser un cliché, merece ser abordado y analizado el cual es presenciar cuan “sorda” está la sociedad a los problemas de los demás. No hay prueba audiométrica que pueda decirnos exactamente cuan “sorda” están puesto que esto escapa a cualquier observación cuantitativa, pero las consecuencias de esta incomunicación latente y persistente recién se comienzan a palpar de manera externa, no imaginando lo horroroso que es el trasfondo. Algún día estos problemas pasarán la cuenta y repercutirán muy fuertemente en la manera en que se trata a quienes sufren de estas dificultades y cuyo futuro depende de un abordaje adecuado dentro de nuestro presente. No creo que merezcan que se los pospongan.

Es por eso que siendo futuros expertos en el lenguaje, habrá que tomar la comunicación como algo vivo, que sin el alimento apropiado comenzará a degenerar y a ser un problema antes que una defensa de los derechos de las personas. Quedar sin voz metafóricamente hablando para la sociedad solo la condenará a la decadencia y no se puede permitir algo así, más aún conociendo a quienes están dentro de las estructuras, aparentemente inamovibles; que tejen sus redes bajo la incomprensión y la desinformación hacia quienes viven bajo sus designios. En esa vía está el desarrollo de un futuro revolucionario para cualquier profesional que esté dispuesto a adentrarse en un terreno que aun en nuestros días sigue siendo desconocido para la disciplina y es de esperar (y eso depende de nosotros) que no lo siga siendo más.

Referencias.

Cepaval (s.f), Servicios. Recuperado el 14 de mayo de 2011, de http://www.cepaval.com/index.php?option=com_content&view=article&id=73:fonoaudiologia&catid=12:servicio&Itemid=9.

Cuervo, clemencia. (1998). La Profesión de Fonoaudiología: Colombia en Perspectiva Internacional. Santa Fe de Bogotá, Colombia.: Editorial de la Universidad Nacional de Colombia. Link: http://www.bdigital.unal.edu.co/2344/2/clemenciacuervoecheverri.1998.pdf

Serra, Silvana. (2007). Fonoaudiología: Aproximaciones Logopédicas y Audiológicas. Córdoba, Argentina.: Brujas.
(Vista preliminar del documento aquí).

Watzlawick, Paul. (1985). Teoría de la Comunicación Humana: Interacciones, Patologías y Paradojas. Barcelona, España.: Herder.
Link: http://primeravocal.org/wp-content/uploads/2011/05/Watzlawick-Paul-Teoria-De-La-Comunicacion-Humana3.pdf