Sobre La Colonización de Cisjordania que Continúa Ahora con Donald Trump, a Propósito de…

“Ya no tenemos las manos atadas”

Así comienza Israel una nueva jornada de construcción de colonias en territorio palestino ahora bajo la venida del recientemente electo presidente de los Estados Unidos Donald Trump, quien en el último tiempo ha fortalecido sus lazos con el sionismo y recuperado parte del ánimo que se perdió con la anterior decisión de Obama de no vetar a la ONU y su resolución internacional que condena los asentamientos, considerándolos ilegales.

Si bien, el apoyo de Estados Unidos a Israel ha sido una constante histórica, la mencionada decisión de Obama de no interferir en la resolución cayó como un balde de agua fría en las autoridades israelíes el pasado diciembre, quienes se sintieron interpelados desde un flanco al que no acostumbraron nunca contener y que abría al mundo una cierta esperanza de discusión en un tema donde existen opiniones bastante acaloradas pero infructíferas. En cambio, ahora, la geopolítica está volviendo al sitio cómodo acostumbrado y esta vez, con un poder tras bastidores aun más poderoso de la mano de Trump y su círculo íntimo de asesores ligados al judaísmo.

La estrategia de visualizar al estado israelí como un ente difamado al que hay que otorgar el “respeto que se merece” ahonda en la nueva retórica de quien, amparado en una derecha alternativa que condena al migrante (pero en ciertos sectores, excepto si es judío y con dinero), restablece las anteriores relaciones rotas, contradiciendo una vez más al derecho internacional y las convenciones que justificadamente repudian a Netanyahu y su constante en considerar Cisjordania como un territorio del cual Israel tiene todo el derecho de usar para sus propósitos. Actos como evaluar el traslado de la embajada de Estados Unidos desde Tel Aviv hasta Jerusalén o  decir desde el primer minuto post-abstención que “esperen hasta el 20 de enero (fecha de su inicio en el cargo)” son referentes del esfuerzo del hoy mandatario estadounidense de blindar a Israel más que nunca de las críticas internacionales y de aquellos sectores en el cual confluyen las ya clásicas acusaciones de antisemitismo (pero que en el electorado de Trump, irónicamente, son empíricamente comprobables, expresados en los grupos supremacistas blancos o en otros grupos asesores).

Que Estados Unidos “haga lo mismo de siempre” no debería de sorprender, pero lo que ahora resulta tragicómico es que existiendo una fuerte comunidad (judeo-americana) dentro del mismo país, que está gozando del privilegio comunicativo de no ser interpelado como etnia o religión, quede ahí mientras que otros grupos étnicos o religiosos con los cuales convive en Estados Unidos (país de inmigrantes) están siendo víctima de notorias difamaciones y actos xenofóbicos y racistas por parte de Trump y su administración (ahora siendo la autoridad estatal), quien no ha escatimado recursos comunicativos en dejar en claro lo que piensa de los latinos y de los grupos multiculturales en general. Es una vejación que ocurrirá con más fuerza a medida que la administración Trump avance (desde la supresión de la página de la Casa Blanca en Español hasta cuatro años más) y desarrolle las planificaciones que fueron expresadas durante su campaña, que tuvieron el visto bueno y fueron asesoradas al detalle también por parte de personas pertenecientes a un grupo étnico diferente al del blanco protestante anglosajón, pero que hoy no está siendo difamado ni discriminado por él, sino todo lo contrario.

Dentro de ese escenario, debería existir una pronunciación tajante por parte de esta misma comunidad contra las políticas xenofóbicas aplicadas a las comunidades migrantes y que atentan contra el punto de vista multicultural, poniendo en jaque a un segmento importante de la población estadounidense. Ha comenzado una persecución abierta, que hoy solo recibe críticas ácidas de un segmento elitista y “politicamente correcto”, ahogado en una imagen pública que la condena con revanchismos y espera poner sus ideas en práctica, apelando a la expulsión de los latinos tal y como ocurrió antes en aquel influido pueblo alemán de 1936 hacia quienes, en su momento, dominaron el mundo técnico-profesional germánico y que hoy deberían dar una respuesta al respecto, que haga justicia a su presunta búsqueda histórica de aceptación y no-discriminación.

De no hacerlo, el mismo revanchismo ante lo “politicamente correcto” podría tomar el derecho de hacer referencia ante esta actitud pasiva y hermética que pudiera estar mostrando la comunidad judeo-americana en general y ser vilipendiados por ello. Hoy comienza a estar fuera del contexto la hipersensibilidad acusada por la misma alt-right y resultaría contraproducente para una comunidad que intenta blindarse constantemente de las referencias del mundo gentil el desaparecer aquellas normas que mantienen fuera de la órbita las acusaciones de apartheid y otros desenlaces hacia el pueblo palestino.

Esta encrucijada tiene una fácil solución, apoyar lo que éticamente corresponde y condenar las acciones de Trump, indiferentemente del lobby que aplica para continúen anestesiados de la realidad, claro, si es que quieren y son lo suficientemente valientes, en reconocer sus errores como también su papel dentro de la política del hoy mandatario. Porque de algo es seguro, si no somos nosotros, serán los pueblos.

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¿Cómo ser Menos Circunstancial a la hora de hacer Críticas Sociales?

Se acerca 12 de octubre y quizás en los muros de las redes sociales abunden los mismos dimes y diretes de siempre respecto al rol colonialista del “descubrimiento” de América, lo de todos los años, tal vez es recurrente el tema de tener que hacer críticas constantes para las desastrosas consecuencias históricas y culturales que ocasionaron las guerras y matanzas a los aborígenes de nuestro bien amado continente, pero hoy por hoy, tal vez se juzgue más como una pose, un mero recordatorio de un momento fortuito para dirigir descargos de apatía contra la masa y vanagloriarse por ello. ¿Por qué no admitirlo?

No es que nos hagan creer a drede que todo descargo de crítica social por redes sociales sea por moda, pero no podemos negar que a veces nos volvemos circunstancialistas. Con lo de Sename también pasó: la preocupación hacia los niños vulnerados y maltratados cayó en la palestra solo después de que una niña muriera y se destaparan las miles de muertes que vinieron antes que ella, pero tal vez esos niños merecían preocupaciones de antemano de nosotros. Les dimos la espalda y pretendemos luchar pero pudimos bien haberlo hecho antes, cautos, es nuestra culpa pero tampoco es preciso tener que esperar a que otro caso se destape para actuar. El dilema es… ¿somos competentes pragmáticamente para hacerlo?

Llegan los días clave y parece que toda nuestra energía anual se depositó solo para tal acontecimiento, a ojos de quienes pretendemos convencer (la sociedad) no es muy conveniente ni convincente ser circunstanciales. No es conveniente hacer los análisis sociológicos de rigor cuando detienen a un menor de 14 que atacó a un poblador y asesinó a un padre de familia para que luego el facho pobre implore a gritos que lo asesinen “por lacra”, esos análisis debiesen estar presente desde el principio, atacando las consecuencias directas de la pobreza y la marginación apoyando a nuestras nuevas generaciones en terreno (y no alumbrar “desde las bases” como léxico egocéntrico). ¿A quién queremos purgar de culpa? ¿por qué hay que gastar 300 lineas para dar a entender lo que ya es evidente? ¿por que hacer de las explicaciones verdaderas displicencias “jesuitas” o actos de fe para purgar un poco nuestra irremediable culpa social?

¿Será por el abajismo? ¿será por falta de tiempo?

Como sea, hay una delgada línea que separa al proselitismo de la ponencia solo circunstancial; está en tomar una actitud activa pero también inteligente pragmáticamente hablando (y no hablo de pragmatismo, sino de pragmática como rama de la lingüística) y eso requiere cierta mesura, cierto cuidado de ser constante a la hora de hablar por sí mismo de nuestra postura ante los problemas sociales. No llegar a saturar con información pero tampoco restringirse a momentos, meros momentos.

Los análisis, deben ser parte de ti, un hábito, algo así como que salga “sin querer” en palabras de Walter Benjamin. Cuando integramos el análisis a la vida diaria muchas veces nuestra construcción de la realidad (como pensamiento, cognición) integra nuestras ideas semánticamente por ser significativas para nosotros, nos tocan y nos hacen sentido si somos los suficientemente sensibles (cosa que se logra, no es que sea innata) y es inevitable ver estos aspectos  e interpretar la vida diaria a medida que nos desaburbujamos. La alternativa para no llegar a ser circunstancialista primero es reconocer que detrás de la crítica de la masa anteriormente mencionada hay algo de “verdad” que se esconde dentro de ella. La crítica social también puede volverse un acto de galanteo, pedante a ojos de los demás (sobre todo si se concentran solo en ese aspecto porque no comprenden el contenido) y es común verlo sobre todo en ciertas páginas (no digamos Noesnalaferia), por lo que depende de nosotros no volverla un fetiche.

Evitemos la pose, evitemos acordarnos de nuestros hermanos mapuche cada 12 de octubre solamente, salgamos de nuestras zonas de confort y conozcamos más, saquemos un poco el Hommodolars o El Desconcierto del polvo un rato. Es más que una primicia de medio de comunicación social y es obvio que el tema es trascendente en el tiempo por sí misma, solo requiere algo más de trabajo y quizás más de motivación intrínseca.

El Tema de la Selección en los Colegios: Recuento de una Problemática que Escapa a Generalizaciones.

Desde hace un buen par de meses que se vienen discutiendo dentro de todas las esferas políticas el asunto del lucro y del fin a la selección en los colegios y a lo largo del tiempo, leyendo diversas opiniones y contemplaciones, (algunas acertadas, otras atascadas y muchas que no tienen ni siquiera un piso y denotan más bien temores infundados) me doy cuenta que a pesar de que la gente se sitúa con cierto orgullo dentro de una u otra facción, pierden de vista algo sumamente sustancial:  los niños que componen la diversidad de clases sociales y culturales son algo más que objetos contemplativos y estáticos y que actuar con tan poca visión no beneficia más que en la cosificación. ¿A que quiero llegar? que algunos dentro de la defensa de la igualdad que todo niño y niña merecen para garantizar su derecho a una educación digna (fuera en la inclusión o en la selección) esta llegan a ejemplos como este:

http://www.lun.com/lunmobileiphone//Pages/NewsDetailMobile.aspx?x=1&dt=2015-01-28&BodyId=0&PaginaId=20&SupplementId=0

O por el contrario, a una visión ilustracionista de las realidades que enfrentan los cientos de miles de niños que tienen que mantenerse al margen de una educación enriquecedora humanistamente hablando, invitando a emular como propuesta el mismo patrón de los colegios emblemáticos pero descuidando que cada comunidad tiene que lidiar un montón de problemas y coyunturas propias, que escapan de cualquier intento generalizador (y que se confunde con unificación) y cuyo proceso se queda escondido simultáneamente en el aula húmeda en el invierno y en la pieza de internit. Proceso que ha sido muchas veces olvidado y menospreciado por agentes formados dentro de estos mismos establecimientos (que representa a la élite política orgullosa de formarse en sus queridos colegios selectivos) y por la historia oficial y las políticas educacionales que intentaron en vano contener el alto número de niños que tenían que pasar horas y horas solos en casa mientras sus papás (o sus abuelos o tíos o padrinos) trabajaban para darles el pan y no ser en demasía arrebatados por una sociedad que los aguacha.

Esa falta de mundo de varios actores sociales involucrados (a favor o en contra) de la reformase se acusa de manera frontal con el nivel de segregación que ha sufrido la educación tanto en destinar los peores colegios al sector que no sabrá comprender lo que lee siquiera alcanzando la mayoría de edad, como para quienes gastan 3 o 4 sueldos mínimos en situar a sus hijos lejos de la realidad triste pero absorbente (cada vez más con demandas que vienen de décadas atrás, cuando Los Prisioneros cantaban “a otros les enseñan, secretos que a ti no”) en algún colegio escondido bajo los bosques esclerófilos de la precordillera capitalina. Y ese afán platonista no nace por si solo de un deseo de exclusión de lo que es considerado común o mediocre sino también como un medio de protección, de impedir interacciones sociales e influjos culturales concebidos como peligrosos o indeseables y hechos ver como tal en tanto se exacerba la imagen negativa de la pobreza (y de lo que reúne dentro suyo) por la televisión (la misma que habla de cerrar colegios). Tan fuerte es que cuando se planteó el fin de la educación particular subvencionada, muchas madres enfurecidas con esta decisión formaron la Confepa y manifestaron (y siguen manifestando) toda esta conducta por los medios de comunicación con la particularidad de que aquella cultura de la cual intentan proteger a sus hijos al matricularlos en estos colegios es la misma de la de sus vecinos y amigos, la misma dentro de la cual están situados (y seguramente varios colegios subvencionados) y donde irónicamente comparten, aunque tengan la capacidad de endeudarse para comprar un Kia Santa Fe que no les cabe en la entrada de sus pequeñas casas.

Y dentro de ese mencionado espectro de exclusión, también se encuentra otra realidad, que a veces es más accesible de atacar por estar solapada bajo el mismo régimen educacional donde se encuentran los demás liceos con nombre de submarino pero que por tradición (y mantenido por una visión meritocrática del esfuerzo que puede ponerse de entredicho ya con todo lo que mencioné) deben llamarse liceos emblemáticos, que también manifiestan el mismo miedo a la interacción, a los peligros que significa reconfortarse y de perder sus estatus (o algunos más pragmatistas, de perder la oportunidad de que sus hijos se vuelvan las personas inteligentes que quieren que sean por distribuir esa preocupación en casos más críticos):

http://www.latercera.com/noticia/nacional/2015/01/680-614578-9-apoderados-del-instituto-nacional-rechazan-proyecto-de-inclusion-esto-hara-caer.shtml

Ese miedo ya se volvió transversal en todas las clases sociales, aunque su impacto sea diferente y no se compare al elitismo más transgresor de los derechos fundamentales de un niño (y que la reforma, con falencias o no, trata de atacar). Tiene que ver mucho en como nos estamos comportando como personas al concebir al resto como una amenaza en vez de un posible actor con el que puedo cooperar para garantizar que las nuevas generaciones sean más resilientes y felices y puedan lograr mejores cosas que las que lograron sus viejos. Inclusive si sigo metiendo el dedo en la llaga, hay muy poca preocupación sobre la integridad de los niños como alumnos y niños de por sí fuera de lo que es acoso escolar; existen casi un 75% de niños que ha sufrido maltrato, que tienen que esconder dudas y preocupaciones sobre su propio desarrollo bien guardadas hasta las 9 o 10 de la noche y que no son del todo atendidas por la poca disponibilidad familiar y también por el hecho de que su desgano por no ser atendidas se expresa hacia un profesor que tiene que lidiar con esto y con muchas cosas más que no le permiten hacer el mejor trabajo por ayudarles (sin mencionar que hay muchos que no tienen la formación apropiada ni sobre el desarrollo infantil ni de habilidades comunicativas que rompan con los círculos de violencia que acusan los colegios que no segregan y que tanto quieren evitar la Confepa y los centros de apoderados de los colegios emblemáticos). En ese aspecto, el joven por el cual luchan tanto los actores sociales universitarios tal vez no espere siquiera entrar a la universidad por un tema de gustos y desarrollo personal sino por tratar de ascender socialmente para sacar adelante a su familia o derechamente fuera de las universidades y buscar carreras técnicas, lo que puede romper con las concepciones ilustracionistas del “alumno pobre modelo”. La infancia de Chile también está llena de situaciones de abandono, violencia, déficit en áreas cognitivas que son importantes para la mantención de una escolaridad que se precie como tal, consumo de drogas y mucha, mucha pena guardada que a veces se olvida con una sonrisa que solo un niño es capaz de mostrar en cuanto inocentemente ignora (no por completo) los agentes que lo sitúan donde está, hasta cuando es mayor y descubre un montón de alternativas para mitigarlo (y que resultan en los mismos agentes que los marcaron o felizmente en estrategias que tal vez no se comparen cuantitativamente hablando con las de los alumnos de colegios de la élite pero que son las mismas en esencia para desarrollarse como puede ser el estudio, el respeto por los demás y la tenacidad y deseo de superación).

Por eso no puedo admitir que se les trate de esa manera o como una tómbola donde simplemente serán llamados al azar para tener el rajazo de sus vidas de ingresar a una institución que lo pueda formar más ferreamente (y con la cosificación que puede significar) y situarlo en alguna universidad cuya carrera, de terminarla, le alejará de ese contexto miserable y hecho aun más miserable en la concepción de la gente que solo conoce hasta 8 cuadras de su casa. No debería verse de esa manera si se habla de igualdad de condiciones, esta debe ser en un proceso formativo donde todos los establecimientos primero, alcancen cuotas decentes de calidad curricular pero también se preocupen de garantizar herramientas formativas y una comunicación que afiance el respeto, la empatía, la consideración por el otro en tanto es un ser humano con las mismas potencialidades (y muchos dirán capacidades) y derechos que tú y que no merece ser cosificado por siempre tanto por una élite que lo desprecia como por un plantel liberal de políticos que los miran como tábulas rasas que esperan que la sociedad no los contamine (cuando ellos mismos son parte de ella).

La selección se aplica a edades muy tempranas (inclusive en preescolar) y sin embargo, el tema se condensa en ver al niño desde la mera legalidad. A eso me refiero con cosificar, que no se atenga a que existe un desarrollo de diversos constructos sociales, morales, afectivos y cognitivos que hacen al alumno siquiera la mitad de lo que es y que sin embargo se pase por alto cuando se habla de ellos. No cometamos el error que se ha venido cometiendo desde que Chile es nación.

La Pragmática de Las Causas Sociales; ¿Cuando Vociferar una Causa Puede Volverse Cancino?

Internet es un crisol de posturas de las más variadas vertientes e ideologías, a su vez, personificadas en usuarios que  toman su espacio y lo convierten en una extensión de sus formas de ser y hacer, ligadas intrínsecamente a un motivo comunicativo; informar al resto sobre lo que tu consideras esencial, vital o correcto. Desde el acoso callejero hacia la mujer, pasando por la liberación animal y el fomento al deporte o a medios de transportes como la bicicleta, existen diversos temarios (cada cual con particulares simbolismos predominantes y discursos extendidos) que hacen gala de sí en Facebook, Tumblr, Twitter y aglutinan modos y estilos de vida que pueden y son visualizados por un montón de gente.

No es anormal entonces que, como cualquier postura, existan adherentes y disidentes. La mayoría de las veces se evalúa y revisa esta oposición desde el discurso mismo, el cual argumenta un patrón general de reacción (y de reaccionarios) y se preocupa de buscar estrategias para convencerlos de que están en lo incorrecto o bien, se toma esta reacción, se le recrea y se hace mofa y se le analiza entre el humor y el rigor que ofrece y aparentan las ciencias sociales para recalcar su equivocación y ofrecer entonces el camino “correcto” (que vendría siendo el de ellos). Lejos de retratar la lucha ideológica que se ciñe en las redes sociales quiero hablar de un tema en concreto, que tiene que ver mucho con la empatía y con la capacidad de visualizar lo que piensa el otro (aunque esté “mal” o piense diferente a ti a niveles molestos): la pragmática de las posturas políticas, de presentarte.

Esa reacción que las personas manifiestan, a veces, no tiene que ver SOLO con lo ideológico sino también con un tema de cortesía, de manifestar cansancio ante un bombardeo de información que lo emplaza a inferir (fuera correcto o no) una carga connotativa en la persona que vocifera sobre aquello, y así con quienes hagan lo mismo. Se forman visualizaciones indeseables para quienes ocupan los espacios de las redes sociales para difundir sus mensajes, comienzan a aparecer términos aglutinantes como “feminazis”, “vegangélicos” “ciclista furioso” “abajista” “problemas de primer mundo” y otros tantos que aparecen como contrarrespuesta a esta transgresión que sienten hacia ellos, y paradógicamente los que promulgan tolerancia son acusados de intolerancia, de no aceptar críticas ni bromas. Veamos si eso tiene al menos una parte de razón (mal que mal estamos hablando de procesos cognitivos, que pueden ser estudiados y analizados sacando una conclusión en tanto se observe el mismo fenómeno)

¿Que ocurre por ejemplo con la/el feminista que sube (o comparte) constantemente material (y no hablemos de libros o manifiestos sino) como imágenes, frases y ejemplos típicos como “mi vida no gira alrededor de tu pene, supéralo” o “ni sumisa ni devota, te quiero libre, linda y loca”, más provocativos o afirmativos que expositivos? ¿que opinión se forma la persona de a pie? ¿como respondo yo, como hombre ante este juego de lenguajes? ¿consideraré también el hecho de que soy hombre pero tendré la madurez suficiente para no asumir el “palo” donde no lo hay o ignorarlo en el caso de que sea así? ¿o realmente si capto un dejo de resentimiento en esa persona?. El problema es que si yo hablo de resentimiento (sobre todo en ese momento), ese resentimiento que se acusa a la feminista generalmente ya está caricaturizado como una contrarrespuesta patriarcal tan común como preguntarle a una pareja de lesbianas “quien es el papá y quien es la mamá” o acusar a quienes se dejan el pelo “como los hombres” de marimachas. Entonces, cuando llega la contrarrespuesta de que la heteronorma hace que la gente piense que por llevar el pelo corto te “crees hombre” se combate efectivamente esa ídea pero la inquietud de la persona que hizo el comentario sobre si persiste en la lesbiana “marimacha” comportamientos imitativos de lo masculino por un tema de identidad se ahoga, no se corrobora y se pasa por alto. Para poder reconocer eso, para poder asumir que efectivamente dentro de tu postura política se esconde resentimiento (fuera por venganza, sentido de justicia o moral) se necesita una buena dosis de pragmática, pero también de madurez y autoaceptación. También, irónicamente, significa bajar la guardia; algo que en los contextos comunicaciones de un debate pocos quieren asumir para no dar la idea de que el otro “pueda ganar la disputa”.  En mi opinión, la gente que “baja la guardia” confesando un móvil o una forma de ser que puede ser criticable (u objeto de críticas, cosa que a veces representa situaciones comunicativas distintas) para demostrar empatía con su otro interlocutor no necesariamente tiene que “perder” el debate, la pragmadialéctica, por ejemplo, propone que además de una tesis exista una contratesis donde el punto de vista contrario se mencione también con el objetivo de visualizar los defectos de nuestra propia tesis para, paradógicamente, presentarla como la más elaborada y sólida.

Tonces, llega el término “feminazi” a colación

https://www.evernote.com/shard/s292/sh/581c7406-a02c-44db-b692-e30d791cb85b/79528e8bf99222f7e07f08d1ed0b8924

El tan famoso y recurrente término “arena”o “arenoso” se pone de manifiesto: no se puede hacer un post de feminismo sin herir la susceptibilidad de personas acostumbradas a ver lo que quieren ver, que acusarán transgresión, moda y descalificaciones ahora de antemano. Ante una situación que es aprendida (con los sesgos propios de cada persona pero pudiendo ser comunes entre personas que no les guste el feminismo) como la de una persona que no reconoce algo que cree que no es evidente para los demás, que cree solo es una generalización o una caricatura, se forma una imagen donde caberán todas y todos los feministas habidos y por haber que se les ocurra poner alguna “frase hecha” para ese nuevo reaccionario, comienzan las generalizaciones (que las personas detestamos cuando se nos hacen, pero que como estrategia cognitiva hacemos a diario sin arrepentimientos) y las burlas, entonces, ese juego tonto de descalificaciones alcanza otro nivel y la oportunidad de clarificar esa ambiguedad se pierde en la indolencia. Eso seguirá pasando si no se reconoce o se pueden revelar a esas personas que buscan cambio social no por motivos revolucionarios de peso, sino más bien por pose, por goce estético, por hedonismo o arribismo o deseo de desmarcarse de los demás augurando ser único y especial. Una lucha más bien egoista, manteniendo eso si el estandarte de una lucha colectiva por un colectivo en particular, que pasará siempre sea cual sea el movimiento social que se abrace. A veces, el hecho de constantemente difundir información sobre tu postura ideológica no indica necesariamente un deseo oculto de aceptación o de exhibicionismo sino un deseo auténtico de dar a conocer tus ideas a los demás, aquí corre el mismo factor de no adecuar bien la pragmática.

Eso es tan evidente que para cualquier machista, carnívoro, facho pobre o conservador promedio es reconocible y usable para discutir en contra de los colectivos sociales, para cada caso determinado.

 

Los Esclavos de la Dicotomía (consecuencia con fecha de vencimiento)

Hola a todos, luego de más de un mes sin escribir (y sin poder encontrar algún tema interesante del cual hablar) se me vino a la mente un asunto que me preocupa como persona que se está forjando un sentido en la vida.  

El dominio de poder, como decía Gramsci, tiene como componente más notorio la Hegemonía, esta influye en la cultura imponiendo (desde lo sutil hasta lo brutal) maneras de comportarse, vestir, asumir expectativas de futuro, carreras, formas de ser y pensamientos. La Hegemonía del capitalismo como modelo económico evolutivo da para muchos constructos sociales. Estos se alimentan del apoyo de la gente y de la creatividad, sin embargo, hay otros actores dentro de esta historia.

Y esos son los dicotómicos. Personas que encuentran absurdo seguir la cultura de la hegemonía. Se distancian de lo establecido, asumen una posición política y viven dentro de grupos culturales afines a sus maneras de pensar. Pero con la diferencia en que basan su lucha en continuaciones bipolares de las consecuencias del capitalismo. Esto se puede traducir en conductas oposicionistas que buscan más una reafirmación de la personalidad de las personas que de conseguir cambios profundos para quienes les rodean, como si pertenecer a la izquierda o a algún colectivo fuera una “etapa de la vida”. La violencia no es un límite diferenciador dentro de este fenómeno porque si bien así existen burgueses jugando a ser izquierdistas también existen personas que avalan la violencia como objetivo y no como una mera herramienta. El caos y la iconoclastía propia de los vanguardistas y de las facciones políticas más radicales normalmente terminan absorbidos por el triste destino marcusiano que les depara apenas pisan un pie detrás de las barricadas.

Marcusiano? les suena? En cierto lugar del sesentero EE.UU Hebert Marcuse (filósofo de la escuela de Frankfurt) afirmaba que cualquier intento de contracultura que perdurara en el tiempo  terminaba evolucionando hacia nuevos constructos sociales mas internalizados por el capitalismo a medida de que este lo termina ilustrando, burocratizándolo y volviéndolo un producto de masas. Como le pasó al punk, al Noise Rock, a los Hippies, al mayo del  68, al maoismo, a los veganos, etc. Todos esos niñatos que gritan injurias en contra de las burocracias más tradicionales sin deconstruirse antes terminan por crear bases para la creación de otras más nuevas, con instrumentos de dominación más sutiles que no se traducen siempre en una mejora de la calidad de las personas.Para que ocurra lo menos que pueda, pasa más por la genialidad individual (o grupal) que por el mero consenso de una ONG o un colectivo universitario.

Ese insurrecionalista, no se da cuenta que en el fondo le hace “un bien” a la sociedad con sus exigencias de cambio y sus métodos de expresión. La Ira reprimida de la sociedad comienza a sublimarse cuando lo ven por televisión prendiendo barricadas y lanzando piedras. Bajo aquel televidente hipócrita que lo martiriza se esconde un “self” que ansiaba ver aplicada esa ira en alguna transformación que le fuera en beneficio y por tanto, ese sentimiento que el insurrecto expresa como “yo estoy al margen de la sociedad” es, a todas luces,  una mentira.

Lo mismo pasa con el vanguardista que habla de revolución como si de comer pan fuese, o de aquella lesbiana feminista que se esfuerza por inculcar el respeto a la mujer y ve como ellas relacionan el respeto con exigir más poder adquisitivo para írselo a gastar en malls o volverse los “macho alfa” en alguna empresa “progresista” (para desgracia de ella)

De nada sirve luchar en contra de este mundo envilecido sin antes deshacerse de todos esos fetiches de mierda que vienen consigo cuando elegimos el camino revolucionario. Creer que estamos al margen de los demás, que fuimos iluminados, me parece una estupidez absurda. El “ser o no ser” es una dicotomía, y si uno no es lo suficientemente inteligente termina por caer en un agujero que en el fondo le sirve de material para las herramientas burocráticas. 

Eso no significa que por eso sea malo, solo que no me gusta que llegue un dicotomizado a hablar sobre lo libre que es, porque es mentira.

 

 

Autocrítica de los jóvenes revolucionarios.

Los jóvenes revolucionarios…

A veces son hijos de los cada vez menos obreros, aun no se desligan de los términos marxistas… de los días de Marx

Otras veces eran hijos de papá, que se dieron cuenta de lo triste que es pertenecer a sus clases sociales, algunos lograron salir de ella, otros intentan en vano hacerlo, Hablaban más de lo que actuaban.

Otros reniegan de toda clase social y tratan en vano de llegar a la marginalidad, denostan a otros jóvenes revolucionarios mientras se reclutan para la guerra social

Otros se la pasan estudiando, y dan un matiz positivista, o al revés, postmoderna, a su visión de la lucha.

Algunos también, se cambian de sexo, dejan de comer carne o dejan la vida urbana y se establecen en el bosque, cual Unabomber.

Y algunos otros, siguen a las ideologías para hacerse carrera política.

Hay cientos de arquetipos más para todos y todas las jóvenes revolucionarias, algunos acusan más lucha y calle que el otro, otros se desentienden, las peleas de egos son notables entre dirigentes, entre activistas y simpatizantes. Las ideas se polarizan a la par que la gente comienza a decantarse por una manera de hacer las cosas. Muchas veces se dice que se deben respetar todas las opciones, pero aquellas palabras de buena crianza se deshacen con los choques entre estos mismos, nunca llegan a unirse en pos de combatir el enemigo común, quien se ríe en lo alto por su ineficacia.

Que triste es, que un puñado de jóvenes revolucionarios no conozca sus límites, es que ser joven no se trata de fijar límites… sería extraño entonces abogar por un poco de razón sabiendo de esto, la autocrítica eso si, no requiere tanta racionalidad, a veces es una cosa del corazón. Muchos de estos se petrifican, ya no sienten el calor del humanismo, se decantan en consignas para ellos mismos y toman a las personas como lienzos en blanco, cual empiristas. Cometer ese error está en los planes de cualquier vida política de cualquier joven revolucionario dispuesta a experimentar la lucha en todos sus ámbitos. Negar eso, demonizarlo, sería un error.

Pero no esperaría que un joven revolucionario se excusase con semejante argumento, no es menester vivir en el país de los que siempre tienen la razón. La debilidad es muy mal entendida, pero bueno, eso también es parte de las etapas del joven revolucionario.

La capacidad de autocrítica siempre es una habilidad apreciada en todas partes, no de forma arbitraria, pero apreciable de todas formas en cualquier contexto social, el principio de mejora constante capitalista acá se deforma, se convierte en una habilidad metacognitiva, al servicio del pueblo, sin los términos new age, sin los adornos publicitarios. Es una herramienta excelsa, que otorga más inteligencia a quien la toma como hábito. Un joven revolucionario, me atrevería a decir, con capacidad de autocrítica, jamás dejará de ser revolucionario.

Después de todo, revolucionar es volver a crear.

Espíritu de Superación y Política

El espíritu de superación es, a cabalidad, lo que en si muchas personas esperan que reemplace a la política tal como la conocemos.
La sociedad pragmatista de hoy ya no quiere rencillas del pasado (hablando como historiadores), ya no quiere colores políticos, y para ser precisos, ya no quieren política (contextualmente hablando)
Es verdad que mencionar esa palabrita es como invocar a un vecino psicópata, que no deja de asomarse por nuestras ventanas. Recordar toda esa maraña de malas conductas y bajos principios éticos de la mayoría de quienes se dedican a la política es esperanzador, porque de buenas a primeras nos decimos a nosotros mismos que ya no tenemos que nunca más darles bola, sin embargo, esta opción que me parece de lo más lógica, no se cumple y tampoco creo que se cumpla. Es cosa de que en algún momento “social” (como una conversación) alguien con buen verso (un retórico) meta el tema de la política en una conversación y sin crear anticuerpos, logre que el resto de receptores del mensaje se explayen solitos acerca de sus creencias personales, de sus visiones de vida y que todos adquieran la idea de que es necesario tener un propósito político ante “tanta mierda que hay en el mundo”.
Es fácil sacar a la gente de su letargia, es fácil establecer marcos de activismo, donde las personas se acuerdan de que tienen poder ciudadano, con solo demostrar que el ser humano, como un ente dotado de espíritu de superación, tiene el poder de cambiar los sistemas que rigen su vida, desde los acondicionamientos mentales que hunden en el fracaso, hasta las más viles burocracias. He ahí el dilema, ¿realmente ya no se quiere la política?.
Recordando el post anterior, la gente que te vende sobre éxito indudablemente te pondrá como ejemplo la vida de los más destacados políticos de partido, y comenzará a hablar de las cualidades de cada uno de manera publicitaria y apelando a las funciones subjetivas del lenguaje, aquí vuelve el tópico “espíritu de superación”, y sin embargo, yo no veo de aquello en la mayoría de los que ejercen política, salvo en tiempo de elecciones donde implementan las técnicas propagandísticas para provocar esa sensación… para que les voten.
El sentido de superación lo es todo, es el que motiva el aprendizaje y búsqueda de aventura hacía los más variados temas, en la política no puede estar ausente por ningún motivo ¿que sería del poder popular sin ella? ¿que sería de esas tardes de protesta, soportando toda la represión sin esa chispa que prende los corazones de aquellos quienes luchan, de las maneras que sean?, es una lástima que se tome en cuenta solo para que se sigan vendiendo las ideas de los políticos partidistas para luego volver al aburrido y monótono estilo de vida que siempre tuvimos y que seguramente empeorará.
Todos quieren líderes con espíritu de superación, todos quieren impregnarse de él, pero sin salir del sillón, y así jamás lo lograrán, mal que mal, hasta los peores políticos salen del sillón de vez en cuando, en otras palabras, en el país de los ciegos, el tuerto es el rey.