¿Necesitamos Lucir Nuestra Solidaridad?

Hacer del voluntariado un escaparate, un pasatiempo de ricos o una oportunidad de hacer currículo jamás acabará, ha sido una constante por décadas y quizás jamás desaparezca.

Al respecto, cuando se trata de un mega incendio como el que afecta a Chile en estos momentos, las ganas de ayudar y visualizarlo a los demás para ganar atención, respeto o estatus pienso están de más, aunque entiendo su función en una generación que depende mucho de su relacionador público interior para mantener sus comunicaciones en alza y su vida de superficie llenas de emojis positivos y frases hechas. La verdad, es que no me atrevo ahora a juzgar que, siendo el fin discutible, los medios llegan y las familias pueden verse beneficiadas…

Pero es la cosificación la que termina por justificar un intento por construir una nueva moralidad de la ayuda, como si la moneda de cambio exigida fuera exponer la imagen de los ayudados (como los nuevos nobles salvajes) para fines completamente narcisistas y así recuperar lo que se pierde (económicamente hablando) realizando voluntariado. Hoy mi imagen es una inversión que se gana a través de las experiencias que gano, “ayudando”. No es mi ascetismo el que gana, sino mi cartera de “amistades” o mi “respeto público”.

Eso quebranta la dignidad de la gente.

No porque aquello ocurra, porque el respeto o el estatus llegan de alguna forma igual, no somos ilusos para pensar en una vida de caridad forzada. Pero la diferencia está en que aquella actitud anteriormente mencionada es deliberada. El fin de la ayuda es el respeto o el estatus en sí mismo, corremos el riesgo de cosificar a otros mediante ese trato, que se expresa y se externaliza hacia los ayudados. Aquellos lo notan, pero por educación o pragmática guardan el silencio respectivo para no parecer malagradecidos, convirtiéndose es una situación más bien forzada. Nadie se siente bien notando que existe un interés de por medio en explotar una situación de emergencia (tu vivencia y tu grado de poder como referente, como “damnificado”, para provecho propio).

Lo puedo ver en los políticos que aprovechan sus descargas para potenciar referentes.
Lo puedo ver en comunicadores sociales que quieren rol y protagonismo a toda costa
Lo puedo ver en supuestos disidentes con actitud pasivo-agresiva, que le dicen “no” a toda propuesta pero no elaboran las suyas propias.
Lo puedo ver en aquellos que filman sin pudor las lágrimas de quienes perdieron todo con fines morbosos

Pero lo veo en nosotros, la sociedad, quienes en una buena porción cometemos el error de convertir en un zoológico al otro bajo pretexto de visualizarlo en la contingencia. Eso es lo más preocupante.

Aun así no necesitamos estampitas para asegurarnos un poco de humildad, a medida que compartan espacios mutuos de conocimiento, de realidad, podremos notar que existe un potencial de cambio social palpable al cual no podemos darle la espalda pero que no justifica su explotación.El conocer la realidad lejana de un grupo de población el cual tuvo que arreglárselas solos por años es el sentido más digno de lo que hoy conocemos como construcción de comunidad. Evitemos alumbrar la solidaridad como fin en sí mismo y evitaremos también escupir en la cara de quienes merecen una construcción digna de comunidad.

 

 

 

 

El Animalismo que no es Animalismo: La Moda de los “Dog Lovers”, Sesgos y Superioridad Moral.

A nadie le debió quedar indiferente el anuncio y luego cese de la nueva modificación a la ley de caza. Chile adolece de ser una nación con enormes y diversos ecosistemas a lo largo de su angosta faja de tierra. Junto con ello, existen también miles de especies que conviven dentro de ellas soportando cargas ambientes cada vez más peligrosas y dentro de todas estas, el ataque de jaurías salvajes cuyas consecuencias son visibles a través de los cientos de atenciones veterinarias que se realizan cada año al ganado y a la fauna nativa para atender animales heridos y hacer catastro de los fallecidos (donde casos como el zorrito de Darwin y el Pudú son los más críticos; el ataque de los perros asilvestrados hacia estos animales los tiene en peligro de extinción).

Y sin embargo, a través de las redes sociales, un montón de personas se manifestaron en contra de la “matanza de perros”, ofreciendo directamente insultos y acusaciones de falta de ética que bordearon la misantropía y denunciando una institucionalización del asesinato de animales como solución sanitaria para el problema de los perros vagos en general. A partir de esta última proposición, diversos medios de comunicación cubrieron el tema mostrando imágenes de perros vagos citadinos, en contextos cotidianos urbanos. Todo esto lejos, pragmáticamente hablando, de la propuesta original del SAG, la cual refirió a los perros asilvestrados (perros nacidos y criados fuera de la mano y cuidado del hombre, organizados en jaurías con jerarquías delimitadas y una conducta violenta que los hace difíciles de controlar) pero que en el imaginario del Dog Lover de Facebook (personas comunes y corrientes al fin y al cabo) adquirió una connotación horrible y diseminada a cualquier perro doméstico, lo que hizo arder a diversas organizaciones como Anima Naturalis para acudir en defensa de los canes. La conjunción de todos estos factores, en mi opinión, fue determinante para que la gente comenzara a tomarse la molestia de sacar de sus imaginarios los doctorados en etología, salud pública, zoología y ecología ante cualquier persona que pusiera paños fríos a la situación, por lo que los insultos dentro de las redes sociales fueron aun más frecuentes de lo común además de una furibunda acción directa que poco o nada salió del discurso contestario en internet.

Es notable que muchas personas se sientan con el deber político de defender a los perros (a sus mascotas, hablemos sinceramente) pero cuando se trata de tomar conciencia de lo que acontece con otras especies, autóctonas y en peligro de extinción, ignoran voluntariamente los efectos a corto plazo del ataque de jaurias salvajes, aduciendo la obvia y ya nada impactante de escuchar en estos días culpa del ser humano al no abogar por la tenencia responsable. Yo no niego que, de implementarse, sería la mejor solución para el problema de la invasión de especies exóticas a los ecosistemas, pero lamentablemente es una solución a largo plazo que temporalmente hablando no va a salvar de la extinción a especies como el zorrito de Darwin. Cuando vuelve a reiterarse que ante esta situación la solución es la caza de los perros asilvestrados nuevamente, y con una más evidente y dispragmática carga emocional, se adolece de los efectos nocivos del ser humano cazando o alterando su hábitat natural para equilibrar la balanza y así evitar continuar cualquier intento de disminuir la población de las jaurías para evitar sufrimiento y depredación a otra especie animal mucho más indefensa.

Emblema Ideológico

Emblema Ideológico

Se cae entonces en un irónico especismo, el perro adquiere un mayor estatus legal y ético en comparación con otras especies, al punto de obligar a estas personas a tomar caminos irracionales (comparables a un niño que ve a sus dos padres separarse de manera irreconciliable y aun así persiste en juntarlos y así evitar vanamente el conflicto) que estancan estas medidas. La gente se da cuenta y comienzan los apelativos y epítetos ante la masa diversa del animalismo (que parece no poner filtros claros para la militancia -indirecta tal vez- de sus seguidores). Asoman los “mascotistas”, los “dog lovers” y las contrarrespuestas no se hacen esperar también contra ellos por intentar “estereotipar” la lucha por la dignidad animal, aduciendo los “asesinos”, “poco éticos”, “cerrados de mente” inclusive que son. La razón de este sesgo a favor de una especie en desmedro de otra (aunque lo nieguen) se debe fundamentalmente a 2 cosas:

El advenimiento del perro como objeto de ostentación: la preocupación ética de posicionar al animal en igualdad de condiciones y derechos que los que tendría un ser humano es una labor que considero correcta para contrarrestar el maltrato animal y la preocupación por un cuidado digno. Sin embargo, como ocurre mucho, buena parte de los que creemos conocer como militantes (hablo de quienes se dicen animalistas y en realidad no pasan de “dog lovers”) adolecen de una completa falta de estudio de los factores sociales (tan típica de una sociedad light como la nuestra, donde estamos todos incluidos) y cuya consecuencia directa en el perro es consolidar los frutos de su defensa como individuos a través de cosas como peinados, vestimenta y estética, comida procesada cara y predilección por ciertas razas “tiernas y adorables” en desmedro de otras menos agraciadas o preferidas por las masas para dar buen aspecto y buscar estatus con ellas. Esta evidente falta de deconstrucción y superficialidad por parte de ellos los hace ver ante los demás como evidentes y vanos materialistas, por lo que cualquier defensa que hagan no es tomada en serio, afectando a su vez a aquellos animalistas que conocen al menos ese aspecto y tratan de no caer en ello (aunque irónicamente sean mucho más proselitistas que los “dog lovers”)

¿no me darás un like por ser quiltro?

La falta de conocimiento científico general sobre animales: es cosa de revisar los foros de noticias anclados a Facebook donde comparan al perro asilvestrado con un perro abandonado muerto de hambre y de deseos por encontrar un amo que lo acoja. La etología es clara en demostrar con evidencias que los perros asilvestrados no dependen en lo absoluto del cariño del hombre para su subsistencia, todo lo contrario, se agrupan en jaurías, delimitan claramente sus jerarquías donde el más viejo enseña su conducta (la cual sería asesinar animales siquiera para comerlos) mientras los más jóvenes de la camada la asocian y forman cohesión grupal en torno a estas actividades. También epidemiológicamente hablando los perros asilvestrados son vectores de diversas enfermedades (ya sea ellos mismos trasmitiéndolas en las mordidas o siendo huesped de parásitos) y por tanto, causantes de diversas enfermedades en fauna nativa, por lo que son también indirectamente culpables de la desaparición de estos. Comprender un mínimo aceptable de biología te permite comprender tanto el hecho de que existen animales que representan un peligro para el ecosistema (y que causarían muchas más muertas de las que representaría cazarlos), que es difícil modificar su conducta y que epidemiológicamente hablando es imposible erradicar una enfermedad si no es atacando al vector. No significa que tengamos que ver la cuestión con el mero cientificismo, pero si te hace un poco más sensato a la hora de sopesar distintas consecuencias que actúan paralelamente dentro del problema del daño a las especies.

Y creo que en realidad ese es el problema, los “dog lovers” no sopesan, no admiten ninguna excepción aun con datos empíricos o fenomenológicos (como los factores sociales), adscriben un fundamentalismo y proselitismo comparable a ratos con cualquier yihadista, ignorando que son uno de los movimientos ciudadanos más pequeñoburgueses que puedan haber en nuestro presente.

En Chile, un perro al parecer tiene más derechos que otra especie, incluso a los niños se les defiende menos.

¿Por qué Las Habilidades Sociales?: Una Visión Crítica Sobre su Papel en la Cultura y en los que Producen Cultura

Introducción

Hoy quiero cocinar un banquete de ideas y declarar con ímpetu el menú del día forjando este trabajo que tenía pensado hacer por años, pero con el que siempre me topaba con ideas y concepciones nuevas atascadas unas a las otras, las cuales eran menester tomar en consideración para no dar con la sensación que estaba descuidando sus aspectos esenciales, bueno, el tema es en sí mismo muy grande, de gran impacto en nuestras vidas pero de percepción simple, blanda y positiva en sí misma. Hablo de las Habilidades Sociales, muy en moda hoy en día y diseminada como objetivo dentro de un montón de disciplinas, motivo de evaluación de personas, culturas y subculturas, tópico de estudio para cuanto hombre moderno decida hacerse con cierto éxito en la vida y gratificación por conseguirse un lugar y sentirse realizado (algo en lo cual coopera también la sociedad, exigiéndote ciertos niveles para hacerte de su gracia). También ha sido un móvil importantísimo en la evolución del ser humano como tal a lo largo de su homínida historia y sin embargo, el uso social que este concepto trae para sí muchas veces esconde intenciones y propuestas que son irónicamente opuestas a la imagen positiva que se tiene de lo que se toma por lumbrera de la nueva época. Veamos un poco porqué las Habilidades Sociales arrastran un sin fin de fenómenos que vale la pena analizar para poder dar con eso que a mi, por ejemplo, no me deja indiferente.

Cuando se habla de habilidades sociales, se imaginan muchas cosas. Aparecen los textos de autoayuda de John Maxwell, los libros de Programación Neurolingüística, la imagen publicitaria de los jóvenes cool conversando con sus smartphones a través de Facebook o Whatssapp, el desarrollo curricular de los profesores en un aula llena de niños recién enfrentados a la rutina escolar, en fin, son muchas las imágenes que se evocan tras la palabra pero lo que encierra es interesante, se ha vuelto cada vez más importante y “decisivo”. Quién las tiene y quién no son motivos de discernimiento y de un llamativo control por parte de las estructuras sociales y cada vez siento que se explota  más como imagen y como concepto. Las habilidades sociales han venido a reemplazar como “deseable” a otros aspectos del carácter como el trabajo duro, la honestidad y la intelectualidad (la cual desde mediados del siglo XX ha sido puesta en tela de juicio filosóficamente hablando pero cada vez más es el público en general quien la enfrenta). Los individuos “cuadrados de mente”, los “nerds” los “antisociales” los “introvertidos” y las denominaciones hacia los grupos sociales que no acusan un dominio “suficiente” o “esperable” de habilidades sociales (que siempre van cambiando como cambia también la historia) han sido abordadas en películas, series e historias narradas para un público que se ve enfrentado y a la vez desea mostrarse al mundo y demostrar que está apegado a él lo suficiente, aunque cuando se les pregunte siempre digamos que no somos demasiado apegados a la idea. Teniéndolo en consideración, aun así, es hoy cuando invaden las mallas curriculares de las universidades y sus carreras; es hoy cuando las empresas capacitan a sus empleados y en sus manifiestos explicitan la importancia de contar con “personas que demuestren domino de las habilidades sociales”; es hoy donde es posible objetar al intelectual de su Olimpo con una frase de Cohelo o acusarlo de una supuesta “falta de empatía”.

Es hoy donde las Habilidades Sociales son tu pase de acceso, tu pasaporte y es posible seguir con la analogía y encontrar refugiados, exiliados y prisioneros listos a por un análisis, una crítica y un programa de trabajo listo para ellos cosa que puedan ingresar sin detenernos por un momento ante ese frenesí de ilustracionismo (ironicamente, el más “blando” de ellos) que se expresa como capacitación, como autoayuda, como terapia y como tratamiento. Y con esto me refiero a que las “habilidades sociales” se hacen parte ya de las estructuras sociales más altas jerarquicamente y se erige en tanto logra una simbiosis con ellas y sus mecanismo de control y formación de un tipo “ideal” de personas.

Un niño introvertido en nuestros días no la tiene para nada fácil, es cosa de contar cuantas veces se insiste en sacarlo de su espacio.

Un niño introvertido en nuestros días no la tiene para nada fácil, es cosa de contar cuantas veces se insiste en sacarlo de su espacio.

Ese tipo ideal de persona descansa bajo la aprobación de una nueva ilustración. Una nueva visión que nace de tomar las “habilidades sociales” como un ideal que se yuxtapone a los anteriores valores y los enfrenta: ya no se urge de gente talentosa intelectualmente o de gente lógica, sino de personas empáticas, resilientes, proactivas. Se erigen nuevas características para quien enfrenta la necesidad de buscar un empleo, un puesto o una oportunidad administrativa y lo que hoy se propone es asegurar la integridad de las organizaciones buscando que las personas que las conforman, actúen en consecuencia y sean lo suficientemente funcionales socialmente hablando. Se acusan evidencias que favorecen esta visión, se erigen nuevas investigaciones y por tanto, programas de investigación para fundamentar estas prácticas y proponerlas como una mejora disponible para su uso por las personas. ¿Es esto malo?, no, las habilidades sociales como había mencionado antes son un pilar fundamental de nuestro modo de vida, nos permiten ser lo que somos como humanos insertos en una sociedad y también con ellas logramos prevalecer este constructo para perfeccionarnos. A eso quiero yo llegar pues este concepto va de la mano con el de “ilustración”, la actitud de promover su transformación de idea a objeto y a los demás como modelos de la idea.

Sin embargo, ¿que ocurre con quienes no manifiestan interés en pertenecer? ¿o bien sin las capacidades necesarias? ¿cuales son los mecanismos de control que ejerce la sociedad sobre el introvertido?

Ya desde pequeños, los niños que no disponen deseo de buscar grandes grupos con los cuales conversar y pasar parte importante de sus vidas en descubrimiento son puestos en escrutinio, son rechazados, son vistos en menos. La ciencia ofrece alternativas para que nuestros hijos dejen de ser “ensimismados” y salgan al exterior (no a un exterior físico, hablo de ser parte de los otros). Para ello es necesario un punto de comparación: el niño que siempre sonríe, travieso y móvil motormente hablando; que sale a jugar con todos sus vecinos y que goza de popularidad en la escuela. El niño típico y difundido como tal. Aunque esta idea más estadística tiene que convivir también con otros puntos de vista relacionados, que se enfocan más en estereotipar ese tipo de niño como objeto deseable o ideal alcanzable a través del consumo, a veces confrontando la visión científica. No hay duda alguna que este ejemplo existe y muchas veces parece que son la mayoría y por tanto, no deja de haber un sentimiento de “normalidad” cuando queremos hacer realmente un punto de comparación con otros niños que actúan de manera diferente. La cosa comienza ya a volverse más compleja cuando ese niño al cual estamos haciendo imagen actúa ya no como comparación sino como material hegemónico de “formas ideales de ser”. Los científicos producen material cultural para evaluar, buscar falencias desde diversos ámbitos (lo social-comunicativo, lo social-cognitivo, lo social-emocional) y de pronto, la comparación alcanza el estatus de “vital” y es preciso adaptar los currículos escolares y pediátricos para formar niños socialmente inteligentes para la sociedad pero también los otros puntos de vista relacionados analizan la introversión desde otras ópticas relacionadas con la moda, los juguetes, las normas de comportamiento, el vestir, lo religioso, los videojuegos y los modelos adultos para seguir. A veces se abraza el anti-positivismo y se pone en duda la pertinencia científica “excesiva” sobre la infancia de los introvertidos para “dejarlos ser” o mencionar que son un problema espiritual, un dejo parental que puede ser solucionado consumiendo, buscando tranquilidad espiritual, acudiendo a lo natural como tratamiento, etc. Aun con todas estas diferencias, acá ya parten los “de lo contrario” (como una tal vez molesta actitud de advertencia) y se expone ya una predestinación (en base material que no siempre necesita de evidencias) el futuro para quien no atiende la norma y prefiere observar en vez de hablar. Comienza por tanto, el desarrollo de las “habilidades sociales” como discurso por parte de estructuras diferentes, pero que abrazan el mismo fin pragmatista en cuanto son en sí mismas hegemónicas.

¿hasta que punto uno puede disponer de una autonomía de trabajo para sí mismo sin que exista una norma moral que dispone a acusar, a tomar por anómalo o poco deseable un aspecto de la personalidad? pues cuando existe una apreciación significativa del concepto a nivel de sociedad  se dispone a ser comunicativamente intencionados con quienes demuestran salir de esta tangente. Lo que si, esta intención no es que descanse coartando u obligando a los niños a desarrollar sus habilidades sociales a manera dictatorial sino que actúa de maneras sutiles o implícitas  fuera como sugerencias, exigencias laborales o pre-requisitos a través de situaciones y juegos que reflejan las diversas interacciones que las estructuras sociales tienen con los niños o adultos en pos de diversos cánones que guardan relación con las habilidades sociales tales como el éxito en la vida, la fluidez comunicativa, la oportunidad de un ascenso social y la inteligencia. Son las personas quienes ante este trato social tienen la oportunidad de seguir esto o no (nadie te pone la pistola en la sien para que vayas a una fiesta) pero no siempre se cuida que esta oportunidad sea igual para elegir ser parte de esta dinámica, por lo que no desaparece por completo esa sensación que podemos experimentar cuando, por ejemplo, vamos a una fiesta pero “obligados” y sentimos que no somos parte de ella ni de los que participan en ella.

Me explico, por ejemplo cuando hacías un trabajo en grupo en la escuela y en cierto momento manifestaste disconformidad con el grupo asignado por tu profesor, normalmente te explicaban que durante el transcurso de la vida trabajarás con personas muy distintas y que aprender a tolerarlas es fundamental para poder integrarse, aunque en realidad eso se traducía en obligarte a enfrentar esa situación de antemano como un designio. Es esta característica de predestinación lo que hace de las habilidades sociales una estructuración puesto que las personas en algún momento de sus vidas requieren de ellas pero para lograrlo, deben aceptar un contrato social (en la línea de Jacques Rousseau), aceptar las reglas del juego las cuales hoy, disparadas constantemente por los medios de comunicación son “se sociable” “ten un montón de amigos” “no causes conflictos con el grupo” “adáptate al contexto”

Y cuando me refiero a “estructura” no lo hago de forma antojadiza.

Puesto que las estructuras sociales basan su existencia en su transmisión como icono y lenguaje (y con ello se toma también en cuenta los niveles del lenguaje como la semántica y la pragmática) formando parte de los sistemas que se nutren de ellas como los medios de comunicación, la publicidad, la tecnología. Ya se está apelando a la pragmática cuando se les pide “adaptarse al contexto” y por tanto, se establece una arbitrariedad con fines comunicativos. Necesita también que se aprendan, necesita de las escuelas y universidades o los centros de formación laboral. No sirve de nada sistematizar una economía sin personas que se comporten de forma sistemática y aseguren por tanto el ritmo y vida de ella. Por eso, si ocurre una carencia se dispone de material cultural masivo para que todos tengan la oportunidad de buscar enmendar el camino y comportarse de la manera más efectiva y eso significa asegurar un lugar en la industria cultural: la autoayuda y la terapeútica son dos grandes ejemplos de producción e intervención de aquella idea.


Cuando no se trata solo de “pedir por favor y gracias”…

Sheldon-Cooper

Con la “inteligencia emocional” socialmente se abre la oportunidad de apuntar a “tontos emocionales” y por tanto al uso de mecanismos como el estereotipo, aunque no fuese el objetivo de este concepto. (En la imagen: Sheldon Cooper de TBBT)

Desde Daniel Goleman que las habilidades sociales cobraron importancia académica y lograron encontrar un nicho dentro de las ciencias humanas y duras. Junto con Howard Gardner y su “inteligencia extrapersonal” (extrapolar a la “inteligencia emocional” de Goleman) estas ideas tomaron en consideración las demandas por un desarrollo más humano del talento humano aduciendo una mejora en las relaciones sociales dentro de las empresas, de la calidad de vida y de la efectividad de la comunicación. Así rezan semánticamente hablando los prólogos de sus libros y así lo pienso yo también, aunque claro, no puedo eso si pensar ingenuamente sobre el concepto de “inteligencia”. No lo digo desde el sentido de buscar un constructo psicológico basado en evidencias, sino más bien en cómo la sociedad ocupa estos constructos con fines segregatorios o distanciadores. Cuando hablamos de “inteligencia”, hablaremos tarde o temprano también de “inteligentes” y “poco inteligentes” (no es que la crítica apunte al hecho de buscar mas y menos, sino la falta de un uso ético de estas cualidades). El estereotipo, por ejemplo, reduce la carga cognitiva que las personas tienen que hacer por tratar de dilucidar aquellos grupos de personas particulares, aduciendo cualidades preestablecidas en ellos. Ocurre también que el concepto de “inteligentes emocionales” puede prestarse también para añadir cualidades adicionales a estas personas relacionandolos con comportamientos y recompensas (materiales o no) de la misma manera que se hace con las etiquetas de “deseable” y “no deseable”. Un “inteligente emocional” sabe como reconocer el dolor ajeno, sabe como construir su vida y ayuda a otros a hacerlo con las suyas y disfruta el momento; esta misma definición en vez de ser una mera descripción psicológica puede ser representada semióticamente como un musculoso jugador de rugby que arenga a su equipo o un fotógrafo cuidando la proxémica tras apuntar su objetivo con la cámara o un feliz terapeuta saliendo del trabajo con su van recorriendo los suburbios en donde vive armónicamente. Nosotros, al ver estas imágenes podremos evocar ese sentimiento y asociar ese significado a diversos hábitos y formas de ser que acompañarán entonces a ese concepto de “inteligente emocional” que ahora democráticamente se erige y se promociona a sí mismo como derecho para todos quienes deseen alcanzar un “pleno desarrollo” en sus vidas. Esta idea la aprovecha la economía, la administración, la publicidad. También las modas buscan en algún momento habilidades sociales como saber disfrutar el momento, leer los estados de los demás pero también incurren en posturas disruptivas moralmente hablando como promover la manipulación de las personas con fines narcisistas, tener el mayor número de relaciones sexuales posibles o anticipar las jugadas de los demás dentro de un contexto específico. Desprendiéndome de los dilemas morales, estos comportamientos requieren también de “habilidades sociales” y aunque algunos sean calificados como “malos” por los demás, han demostrado ser fundamentales para no quebrantar normas sociales y arriesgarse a sanciones peores que el remordimiento (como el alejamiento social por ejemplo, nadie quiere decirle a su pareja que se ve gord@)

Entonces, hablar de “habilidades sociales” no significa para nada referirnos solamente a saber “pedir por favor y gracias”; no son solo normas de etiqueta ni intentos por leer el estado de los demás para evitar pasarlos a llevar. Se trata de ser aptos, preparados para enfrentar los “juegos del lenguaje” (que tanto hablaba Wittgenstein) que son inherentes a la convivencia del ser humano, que están ahí y que debemos enfrentarlos con gracia, con ahorro cognitivo (ojo, ahí también hay un intento hegemónico por adecuar los demás a lo típico y de un tipo más complejo pues involucra lo científico, tema que desarrollaré más adelante con la idea de terapeútica), con soltura y flexibilidad sin sacrificar tanto lo moral a su vez. Todo esto lo habla, por ejemplo, Paul Grice (si lo complementamos con Wittgenstein, Paul Grice se enfoca más en la pragmática mientras que Wittgenstein habla del proceso de manera más pragmatista, dos conceptos en el fondo diferentes).

Entonces, lo inherente positivo encierra a su vez aspectos controversiales que igualmente deben de ser manejados. Estos conviven con los positivos y muchas veces, a su vez, tratan de buscar frenarlos o ponerlos entre dicho como puede ser, por ejemplo, prevenir en una empresa el favoritismo aduciendo conceptos como el “ganar-ganar” de Stephen Covey aunque lamentablemente esto no ocurra en la práctica. La manera de manejar las habilidades sociales en la sociedad es dialéctica, aprovecha sus pro y sus contras de manera que un puede buscar una retroalimentación, pero esto ocurre normalmente fuera de lo oficial, si existen personas que ponen entre dicho lo adecuado de esta dinámica arriesgan a ser escrutinados o ser vistos como “demasiado complejos” y de nuevo se presupone la liviandad de estas en pos de dejar al margen a organizadores críticos que denuncien estas dinámicas (aun si cumplen con los preceptos de las habilidades sociales, que irónico, no?).

¿Qué ocurre con los niños típicos y no típicos? ( o Hasta qué punto las Habilidades Sociales deben suponer una obligación)

El tópico de las habilidades sociales, como mencionábamos antes, reviste de un amplio uso desde diferentes disciplinas. Cognitivamente hablando, las habilidades sociales tienen un correlato con diversas funciones psicológicas que permiten al ser humano adecuarse al medio y le disponen de herramientas para desarrollarse y vivir. Nos permiten ponernos en el lugar de otros, nos permite comunicarnos (efectivamente), nos permite ingresar en dinámicas sociales con un importante valor enriquecedor del aprendizaje, de lo motor, etc. Vygotsky menciona acerca del “aprendizaje mediado” donde los niños acceden a los códigos y signos que rigen la cultura con el fin de aprender junto a un guía (con más conocimiento de base que ellos) en todo un proceso de construcción social, entonces, las habilidades sociales (ya no referidas inequívocamente como manuales de autoayuda) pueden ser entendidas de este modo como importantes para muchos de los procesos cognitivos del ser humano,. En específico, los procesos cognitivos superiores según Vygotsky se adquieren primero en un contexto social para luego interiorizarse como relaciones entre los seres humanos.

Sin embargo, no todos los niños manifiestan intereses sociales muy marcados, muchos tienden también a la introspección. Cuando se habla de currículum en las salas de clases,  estos se estructuran buscando no perder de vista lo constructivista aunque eso signifique acoplar lo más posible en la sala de clases un método que parta con ese presunto modelo conductual de construcción epistemológica como una máxima, por lo tanto, menos personalizado a las necesidades de otros niños que aprenden de manera diferente. Actuar así podría significar perderlos de vista, no considerar potenciar otros procesos cognitivos más individualistas que pueden ser desde ignorados, hasta ser considerados “malos”. Aquí la actitud de promulgar las habilidades sociales como motor de aprendizaje debe tener detrás una buena fundamentación ética que no pierda de vista al ser humano que está adelante tuyo, o de lo contrario, podríamos estar aseverando de que solo existe un modo inequívoco de aprender válido, lo cual es inverosímil. 

Susan Cain en su libro “Quiet”(callado) habla también de este fenómeno como desmoralizador de la imagen del introvertido, llegando a extremos como, por ejemplo, en una escuela de aplicar una política de aula donde no se le puede pedir ayuda al profesor a menos que todo el grupo tenga la misma pregunta” (imperativo es ver su charla TED sobre el tema)

Y así podríamos también abordar el tema desde los sujetos no típicos. ¿Qué ocurre con las personas con trastornos del espectro autista?

Como individuos que presentan variadas dificultades en las habilidades sociales, las personas con autismo/Asperger/TGD pasan un buen tiempo de sus vidas en tratamientos de tipo rehabilitatorio ligados a las relaciones sociales . Hay que recordar que con esto también se establece una dinámica que gira en torno a las habilidades sociales como objetivo meritorio, lo que podría significar una vida entera escuchando reproches sobre su forma de ser y, sin embargo, no molestarnos una vez siquiera de valorar aspectos de la personalidad autista que si pueden legitimamente ser respetadas y valoradas como por ejemplo ser metódico, honesto, estructurado, etc. En casos de autismo de no alto funcionamiento, donde los padres tienen que esforzarse notablemente más por conseguir progresos en sus hijos, a veces hablar de habilidades sociales con tanta propiedad pudiera suponer una superioridad moral encubierta, que bien puede sumir en culpas innecesarias a las familias y adicionarles un estrés dentro de tantos por demostrar que sus hijos merecen incluirse en la sociedad como cualquier otro niño, y claro, una batalla que no se admite y que sin embargo prevalece es que la frase insignia de la inclusión “todos somos iguales” puede ser tomada desde ángulos demasiado formalistas para construirse sesgos cognitivos relacionados con extender las verdaderas habilidades de los niños a límites que sobrepasan la (a veces dura) realidad. Eso tiene que ver también con una exigencia social, es un sesgo que se retroalimenta entre el deseo jurídico de asegurar plena autonomía y derechos a un sector menos favorecido de la población y la creación de una imagen ficticia y homogénea de las personas con discapacidad pero positiva a su vez para un fácil manejo de esta comunicacionalmente e intencionalmente hablando. Y de nuevo caemos en los estereotipos: es más fácil querer o tolerar a un niño con síndrome de Asperger cuando se piensa que son genios o personas sumamente inteligentes y sin embargo, al menor error relacionado con desobedecer el canon de las “habilidades sociales” esta virtud se convierte en un defecto por el cual sacar en cara. En el caso de los padres, el derecho de ser visualizados como iguales puede ser también deducido desde la inocencia de minimizar estas dificultades (más allá de cuidar no exagerarlas o condenarlas) y mostrar al mundo a un niño “tan normal como los demás”, aun con los posteriores conflictos que nacen de la interacción que ocurrirá ahí. No los culpo y tampoco debiésemos ser duros con las familias que hacen todo lo que está a su alcance para no sucumbir en una sociedad que a ojos nuestros solo pone exigencias pero cada vez menos se compromete a cumplirlas para nosotros.

La inclusión de personas con discapacidades apunta, según la ley 20.422 a promover el disfrute de sus derechos e impedir cualquier tipo de discriminación a través de la creación de la SENADIS. Aquí, sin embargo, chocamos con un paradigma. La discriminación puede comenzar ya desde el momento en que se cataloga cierta forma de ser como patológica (aspecto que afortunadamente no persigue la SENADIS); es cierto que existen aspectos del espectro autista que impiden que la persona por si misma pueda lograr plena autonomía de sus funciones, pero al momento que logra disponer de herramientas para mitigar esta situación, ¿su condición seguirá siendo tachada como patológica? ¿ellos necesitan siempre verse como pacientes para recién ser incluido en la sociedad?, ¿es acaso un requisito para respetar la ley que el niño cause poco o nada de conflictos a sabiendas que no será fácil? ese aspecto hipócrita del área educativa en los Proyectos de Integración Escolar lo vienen acusando desde hace mucho tiempo en Chile: aun siquiera existe una ley específica que trate el tema.

Es por eso que el término reviste una ambigüedad: no es solo que necesiten aprender habilidades sociales para poder (indicamos capacidad para) incluirse en la sociedad, sino que es la sociedad también la que pone el requisito en aspectos que no tienen que ver fundamentalmente con alteraciones orgánicas de la sociabilidad sino en restringir formas de ser,  estilos cognitivos. De ahí que nazca el concepto de “neurodiversidad” para promover el respeto por otros estilos de pensamiento que traspasan la barrera de lo “patológico” impuesta por el modelo biomédico y de la clínica, del que tanto hablaba Michel Foucault cuando se refiere a ellas como mecanismos de control social.

Y así pasa en las habilidades sociales, pasa en otros modelos de exigencia cognitiva como la atención, la obediencia, el sentimiento de soledad, etc.

El advenimiento de la “inteligencia” emocional como una nueva dialéctica de la ilustración

Nuevos conceptos de “ingeniería” que hace 40 años solo hubieran estado en la mente de Gregory Bateson

El “lado izquierdo” del cerebro como he mencionado al comienzo ha sido constantemente criticado esta década. Mucho de lo que se plantea en estudios organizacionales enfatiza en cambio el uso del “lado derecho” del cerebro: Más sintético, más globalista e intuitivo. La parte racional y analítica no encuentra hoy un punto del cual afirmarse como lo hacía hace décadas pasadas puesto que se ha construido una imagen de persona que insta a desarrollar “esa otra parte del cerebro” (hablando como si estuviéramos haciéndole una callosotomía), para evitar ser en demasía lógico y perderse en un mundo que te pone a prueba como ser social, como persona que no solamente se la pasa calculando. Incluso, algunos van más allá: Teorizan acerca de la “culpa” de un sistema que cosifica a los demás representándolos como números y cosas, en vez de acotarse a este lado que vendría siendo el bueno y el que “nunca se tomó seriamente”.

En sí, esto vendría siendo una herramienta para la construcción del progreso del ser humano, esta nueva inteligencia vendría a ser la luz de una ilustración que no está embebida de propósitos jurídicos o densamente filosóficos y que viene de la mano con la idea de desarrollo humano que tanto se vende con la imagen del hombre de corbata con su tablet en la mano.

Aquello es muestra que el maniqueísmo que caracterizó al ilustracionismo no se ha superado, o se ha recurrido a él como se hizo a finales del siglo XIX, el cual originó muchos de los esfuerzos positivistas por argumentar la idea de progreso de la humanidad, lo que a la larga terminó en algo totalmente opuesto a lo que se buscaba y materializándose en los horrores de las dos primeras guerras mundiales. ¿Teodor Adorno y Max Horkheimer hoy podrían crear otra “Dialéctica de la Ilustración”?, a mi juicio pienso que sí, puesto que la idea del progreso de la humanidad es un metarrelato que aparece siempre como una proyección de los alcances del avance del pensamiento y así como puede mutar en formas o discursos, también se podrán hacer análisis para cada uno de ellos. Si ayer fue el racionalismo, hoy puede hacerse en base a este sociocognitivismo que puede dividirse y simplificarse en capas más próximas a los deseos y proyecciones de los seres humanos y sus culturas.

Pues entonces, no cabrían dudas que las “habilidades sociales” pueden ser también un ejemplo de inteligencia, entendida desde el punto de vista sociológico. Aquella concepción puede que le cause un montón de dolores de cabeza a aquellos científicos que no quieren ocupar la palabra “inteligencia” en sectores cognitivos más acotados, como si la lógica no fuera también una parte de todo el crisol de características de la cognición humana pero en fin, para que aquello resulte como metarrelato tiene que ir en contra de algo que está declarado “malo” u “obsoleto” o “incompleto” por consenso o arbitrariedad y es entonces que la imagen de lo introvertido, lo analítico, lo racional se ve puesta en entredicho para un discurso de bienestar que pudiera estar manejado por aquellas facciones de la sociedad que siempre han ostentado el poder y sin que nadie se tome la molestia de pensar en ello. En vez de eso, preferimos consumir la cultura del “lado derecho” sin prestar mucha atención a quien la produce y en qué reglas se basa. Es como lo que hablaba Thomas Kuhn acerca de que los científicos no tenían idea de epistemología aunque supieran ocupar el método científico al revés y al derecho, acá es lo mismo, aducimos ventajas y valores positivos a un discurso que se muta para propósitos muchas veces tomados a la ligera como intervenir la introversión de un niño de por sí y sin una base más sólida que el “sentido común” que dictan tiempos como estos. Pero es lo que se toma por importante a la hora de trabajar, a la hora de proyectarnos hacia las personas, es como un libro rojo de Mao pero para quien asume el desafío de trabajar en la sociedad de redes actual.

No diré que lleguemos al ejemplo de las guerras mundiales, en realidad, esto podría producir cambios y un impacto bien fuerte en aquellos quienes por dificultades físicas, geográficas, psicológicas o psiquiátricas o teológicas inclusive no pueden calzar con las expectativas y se les toma por antemano como sujetos lejos de lo que nos hace “buenos”. El impacto por tanto, es interno. Por esta y otras razones hay que ver siempre lo que es aparentemente bueno desde un punto de vista deconstructivo, para no caer en cosificaciones y es así que el”¿porqué las habilidades sociales?”nace como un análisis que intenta evitar los abusos de una sociedad que se jacta de ser más social y sin embargo se ve más ensimismada y encerrada en sus propios asuntos, compitiendo a destajo por tratar de sacar a otros del camino y glorificando aspectos culturales que apelan a la propia individualidad pero que tienen que convivir también con el menester de no ser un ermitaño fuera de onda o un incapaz, o, por lo menos, que sepa usar el Facebook o Whatsapp.

El rol del Fonoaudiólogo Como Agente de Cambio Social (Revolucionario)

Edición descargable en http://es.scribd.com/doc/55452415/El-Rol-del-Fonoaudiologo-Como-Agente-de-Cambio-Social-Segundo-borrador

Más allá de las diferencias epistemológicas que pudieran suscitar una dificultad en la definición de lo que es y representa un fonoaudiólogo, a nivel académico el fonoaudiólogo es el profesional de la salud que atiende los trastornos de la comunicación humana  a nivel general y específico, es un experto en la física acústica (sonido) y de la audiología, de la voz, de la lingüística aplicada, pero por sobre todo, de la cognición y las neurociencias y psicologías ligadas al proceso de la comunicación (como las que se relacionan con el lenguaje y con el habla) así también de aquellas disciplinas que explican como nosotros las logramos comprender y aplicar en la sociedad y en el desenvolvimiento de nuestras vidas. Serra señala que: “La comunicación es la dimensión más abarcativa (sic) y definitoria de la fonoaudiología y sin que ella cuente con un nombre o denominación de su carencia, disminución o déficit o competencia adecuada o normal para muchos…” (p. 111).

Vale decir, una parte importante de la capacidad de entendimiento del ser humano, de su libre albeldrío y de su construcción como ente cultural. Es por esa razón por la cual el fonoaudiólogo logra introducirse hacia un campo social muy importante, debido al alcance que implica el lenguaje (como las demás disciplinas) al estar arraigado a un sin fin de relaciones humanas, que de enumerarlas, no valdría la pena mencionarlas de una forma tan técnica por ser tan numerosas. Supongamos por ejemplo que todo lo que hacemos (según el teórico de la comunicación humana Paul Watzlawick) implica un desafío a la ingenua idea de que existe la incomunicación. Es más, su no-existencia se llega a postular como un axioma. Todas nuestras actividades cotidianas son un ejemplo explícito de comunicación, y si no lo son de forma directa, esconden dentro de ellas una potencialidad.

Aun así, quien por algún motivo desarrolla un trastorno o alguna enfermedad que limite sus capacidades comunicativas y vea mermada su condición o su salud, tiene derecho a ser tratado por un equipo multidisciplinario de profesionales, los cuales deben instruirse a lo largo de toda su vida para desafiar con sus conocimientos y prácticas al debacle y a la apatía que aquellos problemas provocan en la población, con el objetivo de ofrecerles una solución.

Sobre el rango de acción del fonoaudiólogo CEPAVAL (s.f.) expone lo siguiente:

¿Quién necesita evaluación fonoaudiológica?

Toda persona con pobre significado de palabras o vocabulario, dificultad para combinar palabras en oraciones, para comprender y   procesar el lenguaje oral y escrito; la persona que sustituye, omite o desvía los sonidos de las palabras constantemente; que muestra  retraso en la adquisición o desarrollo del lenguaje, que tartamudea o se bloquea al hablar, que muestra cambios en su voz o una  cualidad inusual y las personas con un problema o algún desorden neurológico

¿Y cómo un fonoaudiólogo podría entrar en este proceso?

Antes que nada, me referiré al rol del fonoaudiólogo a nivel más general. Cuervo(1998) expone que los fonoaudiólogos tienen los siguientes roles: prevención;examen, evaluación y diagnóstico de trastornos en la comunicación; intervención terapéutica; comportamiento profesional; y educación continua y estudio científico.

Ahora que definimos su rol en términos generales ¿como un fonoaudiólogo podría llegar a ser un motor de cambio social? ¿que potencialidades tiene un fonoaudiólogo para revolucionar su rango de acción o el de otros?

Al igual que los demás profesionales de la salud, el profesional fonoaudiólogo debe velar que las capacidades de las personas sean o estén dentro de rangos saludables (siendo el paciente quien decide los límites de esos rangos, dado que es su libertad). Tal propósito implica no solamente considerarlos como entes estáticos que solo cobran forma cuando toman asiento en la consulta. Las personas se desenvuelven además en un montón de ambientes, participan en diversas construcciones sociales, son plenamente conscientes y su organismo actúa y responde ante cada situación. Tal enfoque actual se sustenta en una observación biopsicosocial del paciente, atendiendo a todos los espectros, con cierto énfasis en la holística. Sin embargo, me sorprende que este enfoque tenga que ser enseñado bajo el alero del positivismo, siendo que todos esos aspectos, explicados, serían considerados “de sentido común”.

Aun así, a modo de opinión personal, considero que en estos momentos ocurren 2 situaciones paradójicas: cada vez  el mundo es más estudiado y analizado (además de vigilado, puesto que todas estas acciones han sido posibles a medida que las ciencias se burocratizan más) pero así como existen tratados y una semiología que se dice estudiosa de los alcances de las personas, la verdad es que al menos en Chile esa relación todavía está corta de manos, e inclusive, si fuera más crítico aun, consideraría hipócrita hablar con tanta vehemencia de las personas cuando se les sigue resguardando de cualquier participación en alguna propuesta que mejore sus expectativas de vida, sus potencialidades y su desarrollo. No me explico que un/una fonoaudiólog0/a, sabiendo a lo que se expone una persona dentro del sistema deba guardar silencio ante situaciones que tienen un alcance lógico dentro de su profesión, como pueden ser los bajos índices de lectura a nivel social, el poco desarrollo de su disciplina a nivel comunitario, la falta de inclusión en la educación, la falta de legislación sobre los derechos de los pacientes más críticos y que necesitan de asistencia permanente, etc. Pero lo que de verdad debería valer la pena de decirse es que no me explico que no hayan personas que no guarden silencio ante estas situaciones a nivel general.

Un fonoaudiólogo no puede pretender “bajar de una nube” y volver al Olimpo después. Pero dejando los idealismos típicos que se mencionan en casos como estos, quien ejerce la profesión no debe pretender que está al margen de los demás, aunque por ejemplo, en las universidades, dado su hermetismo, limiten el tiempo y el número de veces que un alumno puede constatar la realidad y deconstruirse. Quien quiera acercar la disciplina a la gente tendrá que juntar la valentía suficiente para asumir que no siempre contará con la institucionalidad detrás. Los que por el contrario, detestan la institucionalidad por diversas razones, ya tienen un pretexto para no verse limitados.

Entonces, la carrera revolucionaria dentro de la disciplina tendrá que ver principalmente con aspectos críticos que le conciernen de un modo especial a esta. En otras palabras, introducirse dentro de sus nichos.

Pudiera ser más apropiado hacer una lista de tópicos que están dentro del rango de acción del fonoaudiólogo.

  • El Lenguaje y la comunicación humana (su uso en la sociedad, discriminaciones lingüísticas, limitaciones, derechos de quienes presentan limitaciones o prefieran otras vías de comunicación, alcances del lenguaje en la vida diaria, conservación de lenguas, campañas para promover distintas vías de comunicación, refuerzos, etc)
  • El aprendizaje y la Educación (Rol de las escuelas, inclusión educativa, revisión de otros factores relacionados con el aprendizaje, métodos alternativos a la educación formal, factores que promueven o limitan el aprendizaje, políticas sociales relacionadas, alcances sociales del aprendizaje, etc)
  • La salud (del paciente, del paciente en su entorno, del entorno del paciente, del sistema, de potenciales pacientes, salud pública, campañas a nivel de población, factores relacionados con la salud, etc)

Pongamos un ejemplo. Se atienden personas en las escuelas ¿el aprendizaje dentro de estas es lo adecuado? ¿es acaso el único modelo aceptable? ¿por qué existen escuelas con fonoaudiólogos o sin estos? ¿porque solamente las escuelas que atienden a determinados estratos sociales son las que presentan fonoaudiólogos y en las demás no?. Atender a estas interrogantes puede ofrecer una mirada amplia sobre los alcances de quienes se desenvuelven en educación y deben observar estas situaciones a diario, muchas veces sin oportunidad de modificar las estructuras de aquellos sistemas. Yo considero que la capacidad de hacerlo o no depende no solamente del nivel de conocimientos que presente el fonoaudiólogo sino también de una continua motivación personal para identificar situaciones que pudieran suponer una anomalía y significan una amenaza constante para quienes se sirven de sus derechos. Existe también un componente de conciencia, desarrollar consciencia y promoverla, no dejarla enajenarse en lo laboral o en lo meramente vocacional.

Otro alcance pudiera ser por ejemplo la lucha en pro de los derechos de la gente con necesidades especiales, tales como los pacientes con hipoacusia, quienes presenten TEA o los niños y niñas (y adultos) que sufren retraso mental. Adicionalmente a los deberes éticos derivados de su consideración en los tratamientos o terapias, en parte, serán responsables de que ellos dejen con el tiempo (si es posible) de requerir de su dependencia, y refuercen su sentido de autovalencia, de exigir respeto hacia sus potencialidades y dificultades como lo haría cualquier otra persona y que esa autovalencia tenga un lugar en la sociedad, así como esta tenga un lugar en ellos. Sería irónico hablarle de la importancia de la socialización a aquellos y aquellas que, aun dentro de los trastornos, observan a una sociedad que poco o nada se preocupa por ellas y que aun así esta tiene el descaro de exigirles cumplir modelos que para ellos les son de notable dificultad, muchas veces rotulandolos de enfermos solamente por no ajustarse a la mera exigencia y dejando de lado otros aspectos que en si son patológicos y son la causa directa de aquellos conflictos.

La discriminación lingüística es otro tramo, la xenofobia hacia las culturas distintas a través del juicio de su fonación es otro campo de acción que puede ser considerado, también se puede luchar por derrotar la xenofobia a través campañas contra la discriminación lingüística eso y así apelar a la conciencia de la población. Aparte de eso, también existe discriminación a nivel general del habla entre distintos estratos sociales como lo que ocurre con los segmentos altos de este país cuando modifican su pronunciación para segmentarse de la población e imponer su propio esquema de cultura como el ideal. (El tal conocido “hablar con la papa en la boca”). Aun así, ¿la normalización es una estrategia considerable? ¿o tal vez la estrategia apuntaría a no juzgar las pronunciaciones entre culturas? ¿no asumir que existe una correcta o incorrecta? y de ser así ¿que ocurre cuando esas normas de respeto pierden su alcance por ejemplo, en entrevistas de trabajo? ¿en testimonios legales?, etc.

El bienestar de los ancianos también es un tópico a considerar. Si atendemos su bienestar cognitivo y su salud auditiva, vocal y oromotriz, también se puede analizar aquellos tópicos dentro de sus costumbres y hábitos  que pudieran ofrecer nuevas perspectivas  para futuros tratamientos.

Ahora, también pueden abordarse tópicos externos, que ejercen influencias notables dentro de la población y que estén involucrados en  los aspectos comunicacionales del ser humano. Por ejemplo, exigir y promover el desarrollo de medios periodísticos plurales y que sean de calidad objetiva y específica, que ofrezcan una vía adecuada para el desarrollo lingüístico y cognitivo de la población que las prefiere como su primera elección para instruirse e informarse. Eso incluye también ejercer una actitud crítica contra todo aquel intento de enajenación proveniente de un manejo deficiente y o poco ético de los medios de comunicación sociales, aunque conociendo el nivel de burocracia lo mejor sería apuntar a promover en la población que sea esta misma la que exija calidad hacia los medios de comunicación. Aun no existen los suficientes estudios que avalen alguna relación entre las deficiencias de contenido en estos medios y el desarrollo posterior de trastornos comunicacionales, pero se pueden hacer inferencias relacionadas con la falta de acceso a contenidos comunicacionales y el desarrollo de trastornos posteriores (como las demencias). Siendo así, y considerando los altos niveles de segregación en la sociedad chilena, no estaría de más tomar en cuenta este tópico aun considerando la amplitud de alcances que requeriría investigar en un terreno que no es propio de la fonoaudiología.

Eso implica tener en cuenta al sistema como influencia negativa de la salud de las personas, que sus falencias no significan solamente campañas deficientes de salud o educación, que existen manipulaciones más finas. Creo que ya debemos dejar a un lado la ingenuidad al seguir pensando que los manejos socioculturales no tienen que ver con los problemas colaterales ligados a la comunicación humana. Considero que así se trasmite cultura, así también se transmitirán anomalías que entorpezcan el apropiado desarrollo de la potencialidad comunicacional humana, que pudieran ser evitables con trabajo y dedicación no solamente a nivel de profesión, sino a niveles más inclusivos y adentrados en las particularidades y estilos de vida de las personas. Muchas veces uno observa cosas que jamás pensaría que podrían ocurrir dentro de una comunidad y ahí están, brotan, se diseminan y son parte de ellas ya fueran buenas, neutras o malas y que pasan desatendidas por quienes las viven o por quienes se supone gastan buena parte de su tiempo en cargos destinados a ofrecerles protección y asistencia.

En cierto modo, la responsabilidad social del l@s fonoaudiólog@s no difiere tanto del resto de los trabajadores de la salud, pero gracias a su nivel de acercamiento con el paciente, pueden observar más a flor de piel los problemas relacionados con la forma de comunicarse entre las personas, tomando en cuenta la enajenación y también el contacto con las pacientes segregados de la sociedad por sus problemas en el lenguaje o aprendizaje o comunicación. Es curioso también hacer hincapié en un fenómeno cultural que si bien parece ser un cliché, merece ser abordado y analizado el cual es presenciar cuan “sorda” está la sociedad a los problemas de los demás. No hay prueba audiométrica que pueda decirnos exactamente cuan “sorda” están puesto que esto escapa a cualquier observación cuantitativa, pero las consecuencias de esta incomunicación latente y persistente recién se comienzan a palpar de manera externa, no imaginando lo horroroso que es el trasfondo. Algún día estos problemas pasarán la cuenta y repercutirán muy fuertemente en la manera en que se trata a quienes sufren de estas dificultades y cuyo futuro depende de un abordaje adecuado dentro de nuestro presente. No creo que merezcan que se los pospongan.

Es por eso que siendo futuros expertos en el lenguaje, habrá que tomar la comunicación como algo vivo, que sin el alimento apropiado comenzará a degenerar y a ser un problema antes que una defensa de los derechos de las personas. Quedar sin voz metafóricamente hablando para la sociedad solo la condenará a la decadencia y no se puede permitir algo así, más aún conociendo a quienes están dentro de las estructuras, aparentemente inamovibles; que tejen sus redes bajo la incomprensión y la desinformación hacia quienes viven bajo sus designios. En esa vía está el desarrollo de un futuro revolucionario para cualquier profesional que esté dispuesto a adentrarse en un terreno que aun en nuestros días sigue siendo desconocido para la disciplina y es de esperar (y eso depende de nosotros) que no lo siga siendo más.

Referencias.

Cepaval (s.f), Servicios. Recuperado el 14 de mayo de 2011, de http://www.cepaval.com/index.php?option=com_content&view=article&id=73:fonoaudiologia&catid=12:servicio&Itemid=9.

Cuervo, clemencia. (1998). La Profesión de Fonoaudiología: Colombia en Perspectiva Internacional. Santa Fe de Bogotá, Colombia.: Editorial de la Universidad Nacional de Colombia. Link: http://www.bdigital.unal.edu.co/2344/2/clemenciacuervoecheverri.1998.pdf

Serra, Silvana. (2007). Fonoaudiología: Aproximaciones Logopédicas y Audiológicas. Córdoba, Argentina.: Brujas.
(Vista preliminar del documento aquí).

Watzlawick, Paul. (1985). Teoría de la Comunicación Humana: Interacciones, Patologías y Paradojas. Barcelona, España.: Herder.
Link: http://primeravocal.org/wp-content/uploads/2011/05/Watzlawick-Paul-Teoria-De-La-Comunicacion-Humana3.pdf