Sobre La Colonización de Cisjordania que Continúa Ahora con Donald Trump, a Propósito de…

“Ya no tenemos las manos atadas”

Así comienza Israel una nueva jornada de construcción de colonias en territorio palestino ahora bajo la venida del recientemente electo presidente de los Estados Unidos Donald Trump, quien en el último tiempo ha fortalecido sus lazos con el sionismo y recuperado parte del ánimo que se perdió con la anterior decisión de Obama de no vetar a la ONU y su resolución internacional que condena los asentamientos, considerándolos ilegales.

Si bien, el apoyo de Estados Unidos a Israel ha sido una constante histórica, la mencionada decisión de Obama de no interferir en la resolución cayó como un balde de agua fría en las autoridades israelíes el pasado diciembre, quienes se sintieron interpelados desde un flanco al que no acostumbraron nunca contener y que abría al mundo una cierta esperanza de discusión en un tema donde existen opiniones bastante acaloradas pero infructíferas. En cambio, ahora, la geopolítica está volviendo al sitio cómodo acostumbrado y esta vez, con un poder tras bastidores aun más poderoso de la mano de Trump y su círculo íntimo de asesores ligados al judaísmo.

La estrategia de visualizar al estado israelí como un ente difamado al que hay que otorgar el “respeto que se merece” ahonda en la nueva retórica de quien, amparado en una derecha alternativa que condena al migrante (pero en ciertos sectores, excepto si es judío y con dinero), restablece las anteriores relaciones rotas, contradiciendo una vez más al derecho internacional y las convenciones que justificadamente repudian a Netanyahu y su constante en considerar Cisjordania como un territorio del cual Israel tiene todo el derecho de usar para sus propósitos. Actos como evaluar el traslado de la embajada de Estados Unidos desde Tel Aviv hasta Jerusalén o  decir desde el primer minuto post-abstención que “esperen hasta el 20 de enero (fecha de su inicio en el cargo)” son referentes del esfuerzo del hoy mandatario estadounidense de blindar a Israel más que nunca de las críticas internacionales y de aquellos sectores en el cual confluyen las ya clásicas acusaciones de antisemitismo (pero que en el electorado de Trump, irónicamente, son empíricamente comprobables, expresados en los grupos supremacistas blancos o en otros grupos asesores).

Que Estados Unidos “haga lo mismo de siempre” no debería de sorprender, pero lo que ahora resulta tragicómico es que existiendo una fuerte comunidad (judeo-americana) dentro del mismo país, que está gozando del privilegio comunicativo de no ser interpelado como etnia o religión, quede ahí mientras que otros grupos étnicos o religiosos con los cuales convive en Estados Unidos (país de inmigrantes) están siendo víctima de notorias difamaciones y actos xenofóbicos y racistas por parte de Trump y su administración (ahora siendo la autoridad estatal), quien no ha escatimado recursos comunicativos en dejar en claro lo que piensa de los latinos y de los grupos multiculturales en general. Es una vejación que ocurrirá con más fuerza a medida que la administración Trump avance (desde la supresión de la página de la Casa Blanca en Español hasta cuatro años más) y desarrolle las planificaciones que fueron expresadas durante su campaña, que tuvieron el visto bueno y fueron asesoradas al detalle también por parte de personas pertenecientes a un grupo étnico diferente al del blanco protestante anglosajón, pero que hoy no está siendo difamado ni discriminado por él, sino todo lo contrario.

Dentro de ese escenario, debería existir una pronunciación tajante por parte de esta misma comunidad contra las políticas xenofóbicas aplicadas a las comunidades migrantes y que atentan contra el punto de vista multicultural, poniendo en jaque a un segmento importante de la población estadounidense. Ha comenzado una persecución abierta, que hoy solo recibe críticas ácidas de un segmento elitista y “politicamente correcto”, ahogado en una imagen pública que la condena con revanchismos y espera poner sus ideas en práctica, apelando a la expulsión de los latinos tal y como ocurrió antes en aquel influido pueblo alemán de 1936 hacia quienes, en su momento, dominaron el mundo técnico-profesional germánico y que hoy deberían dar una respuesta al respecto, que haga justicia a su presunta búsqueda histórica de aceptación y no-discriminación.

De no hacerlo, el mismo revanchismo ante lo “politicamente correcto” podría tomar el derecho de hacer referencia ante esta actitud pasiva y hermética que pudiera estar mostrando la comunidad judeo-americana en general y ser vilipendiados por ello. Hoy comienza a estar fuera del contexto la hipersensibilidad acusada por la misma alt-right y resultaría contraproducente para una comunidad que intenta blindarse constantemente de las referencias del mundo gentil el desaparecer aquellas normas que mantienen fuera de la órbita las acusaciones de apartheid y otros desenlaces hacia el pueblo palestino.

Esta encrucijada tiene una fácil solución, apoyar lo que éticamente corresponde y condenar las acciones de Trump, indiferentemente del lobby que aplica para continúen anestesiados de la realidad, claro, si es que quieren y son lo suficientemente valientes, en reconocer sus errores como también su papel dentro de la política del hoy mandatario. Porque de algo es seguro, si no somos nosotros, serán los pueblos.

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El Año Nuevo Triste de Curanilahue

(Noticia elaborada a partir de otra noticia previa de Radio Villa Francia
http://www.radiovillafrancia.cl/ffee-de-carabineros-impide-que-familiares-se-encuentren-en-ano-nuevo-con-mineros-de-la-mina-santa-ana-de-curanilahue#sthash.CQRNU9ek.QEzBLSXP.dpbs)

Como todos los comienzos de año nuevo, la algarabía y felicidad se curte en las caras de aquellos que celebran el comienzo de una nueva época cada medianoche del primero de enero, ocasión significativa y dotada de una fuerte carga simbólica donde nuestros seres queridos se estrechan en distancia; nos abrazamos, llamamos por teléfono o por Skype, hacemos a un lado posibles diferencias e invocamos a la mejor de las buenas suertes para no darle tregua a una expectativa de que este, el próximo año, va a ser peor que el otro…

Cosa que sin embargo no sucede con los trabajadores de la mina Santa Ana de Curanilahue, quienes por decisión propia decidieron organizarse y luchar por mejoras laborales a cientos de metros bajo tierra y también bajo la mirada vigilante de la intendencia del Bio-Bio, quien, a diferencia de la navidad pasada, prohibió a sus familias ingresar a ver a sus esposos y padres para pasar las celebraciones, como casi todos de nosotros hicimos.

Si bien las causas esgrimidas por la intendencia se basan en la protección de los niños que pudieran ingresar a la mina, no aplicó el mismo criterio cuando se celebró la navidad . ¿Qué pudo cambiar entonces?  ¿por qué argumentar justo ahora?. No creo que la navidad haya sido una época de “dejar pasar” bajo el riesgo de que la gente que está al pendiente de la noticia acusara una evidente falta de humanidad por parte de la autoridad porque, en realidad, nunca ha dejado de serlo. Dejar sin compartir a una familia un 1 de enero es un aviso de golpe de la autoridad contra un acto legítimo de desobediencia civil, en un nuevo comienzo del año es el gobierno quien destina desde el inicio a FF.EE a mantener el orden mientras los noticieros oficiales evitan cubrir el suceso, porque prefiere justamente mantener el orden y seguridad de su propia gestión (al que él le importa) que de las personas que decidieron internarse a la mina y representan, en este caso, a los trabajadores del rubro minero.

Cuando un organismo con poder (sea individual o colectivo) habla de “orden” o “seguridad” siempre esconde algo implícito detrás sobre aquello que desea ordenar, el cual es un propósito subjetivo pero transmitido hacia el resto como objetivo, como lo que debe ser por definición y como primer imaginario de referencia. En este caso, el orden y la seguridad de los trabajadores no es cuestión, ni su orden psicológico ni mucho menos el laboral, donde no se ha demostrado clemencia alguna salvo seguir mirándolos contemplativamente cómo un grupo de mineros que decide encerrarse del mundo SOLO bajo su propia voluntad y con cierto sentido de movilización, antemano tachado como incorrecto y aprotocolar. Si somos lo suficientemente seres humanos y empatizamos, sabremos que detrás de cada minero se esconde una historia familiar y comunitaria de dificultades ocasionadas no solo por el arduo trabajo físico que significa laborar en una mina, sino también una realidad laboral administrativa que lo sumerge en otra fosa, la cual es mucho más difícil de transformar por ser inherente al ambiente psicológico de quién trabaja ahí y que no es tangible pero existe. Tal fosa es producto de un proceso de organización laboral y como tal, solo es posible transformarlo si la comunidad que la estructura y convive en ella se organiza y decide cambiarla.

Es por eso que ocurren estas circunstancias, porque cuando un trabajador intenta organizarse y transformar la realidad penca que rodea su vida laboral (y que es una parte significativamente temporal de su vida) ocurren estas vejaciones que en Chile siguen siendo comunes e incrédulas. En este caso, que una persona que se sumerge en el fondo (del fango) de la tierra para luchar no pueda ver a su familia también ejemplifica otro tipo de concepto del orden que se está aplicando ahora mismo. No solo se trata de salvaguardar propiedad privada, se trata de llegar a controlar ese aspecto de la vida cuando en la vulnerabilidad de todo ser humano que lucha, se restringe al mismo a no poder ver a sus hijos, a su familia, ¡a ese grado de orden se está llegando en Chile cuando de derechos laborales se trata!.

Es un año triste para el mundo laboral en Chile porque comienza ejemplificando la bajeza a la que puede llegar un ser humano que representa al gobierno, bajo la excusa de protección de un orden tomando en consideración a los niños solo cuando les conviene hacerlo (y como han venido haciendo otros colegas suyos, institucionalizando el maltrato con el Sename y otros organismos). La palabra de un burócrata que aboga por un sentido común que no fue dialogado por personas que han pasado una vida entera trabajando en un entorno donde pueden discernir empíricamente de su seguridad demuestra efectivamente esa falla comunicativa constante. ¿Pero es culpa de los trabajadores? ¿seguirá siéndolo en esta época llena de conceptualizaciones acerca de los grupos de trabajo?.

En un Chile que se levantó para sacar a la superficie a otro grupo de mineros y visualizado positivamente por el mundo entero gracias a eso no puede menos importar su demanda bajo acusación de exponer al riesgo a sus familias cuando desde siempre lo estuvieron (por causas que no conciernen en responsabilidad a los trabajadores, como se trata de hacer ver sino gracias a las políticas laborales y la continua gestión de la intendencia del Bio-Bio). De nuevo, insisto, esa excusa manifestada es circunstancial y puede por momentos parecer más razonable en tiempo presente pero el análisis histórico y psicosocial no perdona porque es medible, testeable, y da luz de una circunstancia de vida que no merece nadie y que presenta en la piel la misma inseguridad de la que dicen preocuparse. El discurso se combate con un discurso mejor elaborado que ejemplifica cuánto poder es capaz de aplicar el trabajador cuando es capaz de organizarse por cambiar su presunto destino. Por eso, ante la vejamen de un gobierno circunstancialista lo que corresponde es empatizar, empatizar por aquellos que voluntariamente demuestran hasta donde se es capaz por lograr un poquito más de dignidad, ¡sin lástima de por medio!.

SALUD Y PUÑO EN ALTO!

la “Friendzone”: Cuando Decir Machista no es Suficiente Análisis.

La “Friendzone” aterra hoy casi como aterraba la Inquisición hace muchos siglos atrás.

Aterra como ejemplo de exacerbación del miedo al fracaso en una sociedad que no quiere conocerla jamás a la cara . Aterra porque decir “no” se vuelve pragmáticamente más difuso en una era donde “dejar en visto” resulta más fácil y cínicamente apropiado. Aterra porque quienes viven el proceso, deben hacerlo desde un contexto de intimidad donde las competencias comunicativas están reducidas gracias a los otros factores mencionados, volviendo más difícil algo que debería ser conciso…

Y aterra porque dentro de su dinámica se encuentra encerrada una abrumante y potente carga de género inventada, producto de los moldeamientos culturales hechos para pensar de antemano que es la peor de todas las noticias afectivas.

Pero llamarlo machista no es hacerle honor a lo compleja de la situación. El verdadero epíteto que debe llevarse es el de sexista. Veamos por qué:

Resulta que una de las críticas más frecuentes al constructo de la “Friendzone” radica en el hecho de que su difusión amplía la idea de que las mujeres deben aceptar obligatoriamente a aquellos hombres que las tratan con cariño, caballerosidad, mimos y actitudes de “buena crianza”. Eso es aunque sepan en el fondo lo hacen con deliberación sexual. ( o sea, hablamos siempre de un interés detrás, algo no genuino).
Como nuevo concepto que se masificó, aceptarlo significa un peligro para la integridad psicológica de la mujer puesto que debe ahora enfrentar la presión social para no ser catalogada de “mala persona” por rechazar a aquellos hombres que eligen “esa táctica” para conseguir fornicar o inclusive una relación afectiva estable.

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El clásico motivo de crítica recae en generalizar todos los casos de “Friendzone”solo desde el prisma de manipulación. (Abajo: Tom y Summer de “500 días con ella”).

 

Otro punto es que, a menudo (por cognición social), percibimos a aquellas personas que continuamente “denuncian” que han sido enviados a la Friendzone como poco agraciados, perdedores y onanistas a los que no corresponde hacer del sexo una cuota democrática (no porque sea machista de por sí sino porque la mayoría de las veces se menciona, admitámoslo, que “no se lo merecen”) . Así como lo percibimos, así lo denunciamos y cada vez que sale el tema a colación cuando a alguien se le ocurre decir que lo mandaron a la “Friendzone” en una página de izquierda universitaria pues llegan de a poco las primeras epístolas: las de la Friendzone como constructo machista y las de la Friendzone como un invento de onanistas que merecen compartir celda con los abusadores sexuales. Ambas, superficialmente referenciadas a las ideas feministas.

Pero se ignora un hecho importante: para hablar que el lenguaje crea realidades (frase que usan en los debates como quién juega cartas Yu-Gi-Oh!) se necesita saber que el lenguaje genera aprendizajes (o si eres Piagetano, al revés), y así hablamos de un presente donde un sujeto machista “llora” porque las mujeres no sucumben al rol de Nice Guy que adoptó para tener (algunas) relaciones sexuales (ojo, más que acto sexual), así hay que hablar de cómo este aspecto externo, superficial, se terminó gestando y manifestando en nuestro espacio.

La heteronorma ajusta los ideales de macho desde tiempos inimaginables, tiene un fuerte componente histórico que también ha mutado en apariencia para mantener nuestros privilegios de macho. Sin embargo, también hace escalas entre estos machos  y ciertamente depara un destino peor para aquellos que bio-psico-socialmente no calzan con los cánones que se van gestando como apropiados para ser un macho vigoroso y merecedor del premio final. Para no calzar con un canon (como acto semiótico) primero se necesita verificar que tal canon no nos calza y es ahí donde entra la sociedad en su conjunto y las comunidades más próximas donde viven los sujetos. Primero, los hombres que sí cuentan con el factor social a su favor o que cuentan con poder, fama, riqueza o belleza conformarán sus propios grupos de privilegiados a los que estas personas no entrarán y serán segregados (directa o indirectamente) por 3 razones:

  1. Por no dar la talla (no ser lo suficientemente o apropiadamente “macho”)
  2. Porque sus ideales de macho son rechazados a priori por el sujeto en cuestión
  3. Porque en su indefensión, el sujeto comprende que nunca llegará lejos aun si acepta esa carrera y, por tanto, comienza a rechazar los ideales de macho o bien, hará del asunto un sincretismo (ocultando en el fondo el interés hacia la mujer como objeto por falta de desarrollo emocional, ignorancia o por aspectos patológicos de la personalidad).

La segunda alternativa, por arte de magia, no la mencionan en los debates. Y tampoco se menciona que aquellos grupos de privilegiados también están conformados por mujeres.

Estas personas no nacen bajo estos parámetros innatamente, se van desarrollando a medida que aprenden los aspectos más elementales de la cultura en la cual viven. Aprendemos también que existen ciertos discursos que se repiten constantemente respecto a cómo (creen que deberíamos) actuar al momento de intentar establecer una conexión afectiva con otros y es ahí donde se menciona ser amable, caballeroso, atento, dedicado, dulce, tierno y un laaaargo etc. Lo aprendemos de niños (y nos los enseñan los hombre y las mujeres también), lo manifestamos en nuestras conductas como actitudes (las que son socialmente aprendidas y son almacenadas en la memoria a largo plazo) y van interiorizándose a la vez construimos hábitos con ellos. Lamentablemente, estos hábitos se nos garantizan que son los más apropiados (por las normas sociales de convivencia y en parte por la heteronorma -que cree que solo son para coquetear-) para realizar tales conexiones muchas veces sin detenerse en los aspectos éticos, un niño o niña sin un desarrollo afectivo apropiado no entenderá un no como respuesta, pudiendo encontrarse en peligro de manifestar esa disonancia en un contexto de género, construyendo así una dominación estructural. 

¿Pero es algo solo machista? ¿vale la pena llenar los Tumblr de fotos diciéndolo? no es simplemente machista, es sexista. Y sigo dando razones:

Cuando crece, ese adolescente que no siente de por sí algo propio ser el macho clásico propuesto por la heteronorma (bello, con poder, fama o riqueza) pero que aun no profundiza en las implicancias, tuvo que mamarse “la alternativa” o bien, decidió que las conductas propuestas como alternativas no deben necesariamente seguir el premio final (lo que puede pasar, sin pecar de iluso). Ese proceso de todas formas fue traumático: desde niño tuvo que aprender que quienes no prefieren llamar la atención no tienen muchas chances de conectar sexualmente con alguien en comparación a los que si se ajustaron a los cánones. Tuvo que aprender que por ser malo para jugar al fútbol no las tendrá muy fáciles con el éxito social, tuvo que aprender que ver animé en algún momento dejó de ser una actividad vicaria y pasó a ser una etiqueta para quienes son los últimos en la fila de los almuerzos. Tuvo que aprender no porque haya visto el manual secreto del éxito social que todos esconden  un congreso donde se determinó que así sea, lo aprendió de la experiencia que ocasiona el rechazo por parte de otros (hombres y mujeres)… y aparte de eso encima sigue escuchando el mismo discurso de ser amable, caballeroso, atento, dedicado, dulce, tierno y un laaaargo etc. O sea, durante el proceso de conformar grupos y en donde resultó más aletargado y vulnerable, aquellos hábitos aprendidos durante la niñez cobran relevancia en la pubertad y adolescencia porque se convirtieron en información considerada como afectiva, y entra entonces en juego para conocer gente y dentro de eso caber la posibilidad de esperar, ingenuamente, algo a cambio porque se sobrevaloriza a una sola persona o se infravaloriza a priori la capacidad de uno de poder establecer los lazos afectivos que queramos.

Y lo peor es que ese discurso te enseñan que específicamente aplica para UNA SOLA PERSONA, la que te gusta, de la que te enamoraste (encima se aprende aun del amor como un poseer del otro, Erich Fromm sigue revolcándose en su tumba). Por lo que de desarrollo afectivo ni hablar, tamos fritos.

En sí esta misma fórmula aplica para que los hombres menos ajustados a la heteronorma zorrona tengan que creer que son una mierda que solo puede depender de su suerte e insistencia para poder conectar con SOLO una persona. De ahí a que la friendzone sea considerada también (idiotamente) una catástrofe porque se ve la posibilidad de tener pareja como nula, como un fracaso en una era de poca tolerancia al fracaso, y en donde este se viraliza (por cuenta propia o por otras personas) y es percibido por las demás personas con un arousal que no se la merece en realidad, haciendo que otras personas vean mal a las personas que son rechazadas y adicionen prejuicios a quienes son rechazad@ por 2 razones:

  1. Porque como personas demasiado insistentes ignoran los derechos de las mujeres a decidir por sí mismas en su afán fatalista de creer en un futuro predestinado (razón comprendida por quienes comprenden los principios básicos de la igualdad de género y que considero correcta)
  2. Porque no se ajustaron, una vez más, a la norma. (Aquí llega el clásico insulto del onanismo, del cual por sí también es sexista porque condena al onanista como ejemplo de un “menos hombre” que nunca consigue minas)

Y en una sociedad sexista (conformada por hombres y mujeres), la segunda, por demografía, es la que más predomina. También, por arte de magia, no mencionan ese aspecto.

Si bien, el aspecto de la Friendzone afecta también a las mujeres, son los hombres que desde pequeños aprenden actitudes que no nacieron necesariamente con un fin cosificantemente posesivo de la mano de sus madres, tías y mujeres de su comunidad para tratar a las mujeres con respeto al género y, a su vez, (e irónicamente) son muchas veces las mismas mujeres quienes afirman que tales actitudes de ser amable, caballeroso, atento, dedicado, dulce, tierno y un laaaargo etc son también discursos válidos para establecer conexiones de interés sexual con otr@s (pudiendo aquellas referentes ser herederas de una tradición machista de la cual no han deconstruido o bien efectivamente hablan con toda la bondad del mundo para satisfacer la curiosidad de ese niño sobre cómo establecer lazos con otr@s)

Y convengamos que establecer conexiones de interés sexual con otr@s NO ES MALO!, muchas veces se comete el error de condenar el interés sexual del hombre hacia una mujer desde un prisma de que buscar a otro con un interés sexual es como si trajera por dentro las ganas de abusar, someter y maltratar. ¿Hay que ser así de maniqueístas?

En tanto ese niño aprende que ese discurso sirve bajo ese propósito, también al crecer y volverse adolescente es capaz de observar la contradicción entre dicho y hecho cuando observa (y cree al observar) que mientras le dicen generalizadamente que tales actitudes de ser amable, caballeroso, atento, dedicado, dulce, tierno y un laaaargo etc son las apropiadas se sienten atraídas más por lo contrario, por los hombres validados por la heteronorma más zorrona: por el “chico malo”, por el poderoso, por el rico el bello y el famoso (y por sus hábitos, explotados por la heteronorma). ¿Qué análisis queda para esa comprobación si además de tener que vivir y sentir el rechazo de sus pares adecuados a la heteronorma observa que sus referentes más cercanos del género opuesto (su comunidad) se calientan por lo general (no va a faltar quién me critique por usar esa palabra) y por “libre decisión” de aquellos que la heteronorma celebra como referentes genuinos? pues entonces (y luego de una decepción) se entra en una disonancia cognitiva y se comienzan a compartir visiones de ambas posturas para que al final quede la última. Así ocurre y, por lo general, no se admite que los referentes más cercanos al ideario heteronormativo (que comúnmente asociamos como machos alfa) calientan, por lo que esa contradicción que vive la tendrá que rumiar en silencio, a veces sin el apoyo de pares (o por el contrario, el apoyo de pares llega a conclusiones simplistas y condena la contradicción desde el machismo, reforzando esta conducta al final en el adolescente). Por lo que su desarrollo afectivo tendrá de todas formas una dificultad grande, como de esas etapas psicosociales de las que hablaba Erik Erikson.

En la adolescencia uno está impaciente por lograr una conexión con otros no solo en lo sexual, sino también en lo fraterno. Es fácil dentro de esta contradicción, analizarlo superficialmente y decir que las mujeres tienen la culpa (actitud ya de por sí machista) pero también es fácil achacar el proceso de llegar a la culpa machista si dentro de ese contexto no existe apoyo y consejo o el apoyo que hay refuerza la conducta machista y terminan por construir juntos un concepto de género distorsionado.

Y para qué decir del concepto de buscar lo único, de pretender que hay una única y especial que merece el pedestal, que es lo más preciado por sobre el resto, que hay que luchar hasta el final por demostrar que eres lo suficiente para el/ella… por lo general ambas actitudes van de la mano y son nefastas para quien las asume porque la limitan a una mentalidad de escasez. Hacen que la persona se centre empedernidamente de una sola persona en vez de cuestionarse la actitud y decirse a sí mismo que tiene la capacidad suficiente para conocer a las personas que quiera y sentirse cómodas si lo desea. Centrarse en una mentalidad de escasez te cosifica a ti mismo y a tu afectividad, te amaraña en un lenguaje donde te obligan  a buscar un complemento que encaje dentro de esa construcción distorsionada de los sentimientos y termina por cosificar a otr@s en el camino.

El problema es que, para los hombres, aun no existe un discurso de liberación ante esta forma coercitiva de crianza que se explique y se construya desde un nuevo concepto de la masculinidad explicado desde adentro de estas comunidades (ya de un punto de vista más neutro). El feminismo ha logrado y desarrollado teorías, prácticas históricas que han llevado a repensar las cosas desde la prisma de un punto de vista de género femenino pero los hombres no hemos hecho lo mismo desde los aspectos más unidos a lo que es la construcción genuina de nuestro género, no hemos hecho aun algo denominado como masculinismo.

Entonces, ¿qué puedo criticar de la crítica de considerar machista el concepto de Friendzone entonces? varios puntos a enumerar:

  1. No mencionar que dentro de esta enseñanza de actitudes de Nice Boy, pueden existir al principio intenciones manifestadas por las mismas mujeres a través de la enseñanza (lo que no implica negar toda la maquinaria machista paralela a eso)  y que pueden perfectamente ser consideradas como inocuas por ellas mismas manifestando, eso sí, de antemano que el asunto va por el respeto y no por tratar a toda costa de conseguir novia
  2. Olvidar que existe cierto personaje de personas que presentan estas conductas de manera espontánea, a veces sin la intención de subyugar a otros y muchas veces porque aprendieron una “especie de discurso igualitario” hacia el trato de la mujer, entendido así en sus propias comunidades.
  3. Tratar a quienes demandan que “están en la Friendzone” solo como victimarios, olvidando que el proceso formativo de aquellas actitudes recae también en aspectos históricos y sociales, que los hombres viven de manera distinta y a menudo con dificultades, unas producto de la heteronorma (por condenar la construcción de grupos con diversidad de género)  y otras por las mayores dificultades biológicas y psicosociales que los hombres tienen al aprender a desarrollar adecuadamente su afectividad (principalmente la comprensión de las emociones).
  4. Olvidarse que la heteronorma juzga por categorías y que dentro de estas categorías, aquellos que no dan la talla en los cánones considerados más atractivos, deben recibir la violencia discursiva correspondiente para ellos desde que son niños, hasta que terminan por aprender alternativas (las que terminan por hacer creer que su éxito en el placer de gustar y hacerse gustar depende fundamentalmente de su insistencia o centración en una sola persona, o bien terminan deformando los principios mencionados en el punto 1, lo que es aun más traumático).
  5. No mencionar que mucha de la crítica actual hacia los “Friendzonados” recae en su incapacidad de establecerse en los cánones clásicos de la heteronorma, sin deconstruir un carajo y no previniendo el posterior rencor de estos a una ideología que supone, busca la igualdad, pero que se suma con más presión (y sin saberlo) en alianza con la heteronorma clásica.
  6. No mencionar el aspecto de la intolerancia al fracaso como un proceso social de formación que puede estar deformando el desarrollo afectivo de los demás y más aún en los niños (biohombres), menos resilientes en este aspecto. Y juzgar esa peor resiliencia solo de manera determinista (el patriarcado no genera las instancias suficientes de aprendizaje) cuando se trata de más que eso.
  7. No considerar que dentro de aquellas personas que apelan al discurso asociado al “buen chico” existe gente más intrínsecamente segura con ella sin necesariamente sentir que deben poseer al otro pero por neurotipo. Ejemplos como las personas con síndrome de Asperger, que por lo general ocupan un discurso idiosincrático de la lengua (más fácil de juzgar en la pragmática como “caballeroso”) son notables para graficar este aspecto.

Todo esto para mí no pasa desapercibido, los hombres la tienen también muy difícil para luchar contra esa dinámica y construir una visión de género más igualitaria si se toma en consideración lo anterior. Se pasa muchas veces esto solo, no se tienen referencias y las que se hacen tienen que pasar por el escrutinio proselitista de un discurso que se dice feminista, pero que en este caso no avanza más allá de lo superficial porque la denuncia se centra en ser meramente performativa (cuando en realidad puede tomar estos antecedentes, abrir nuevas significaciones como dice Judith Butler).

Por eso, el enfoque debe, a mi juicio, centrarse en establecer una explicación causal al fenómeno y sus múltiples aristas de género, no solo decir que es machista sino considerar a los que hoy vemos como victimarios como personas en formación de las cuales no se ha hecho mucho por comprender su problemática. Queda un trabajo muy grande por hacer.

La Pragmática de Las Causas Sociales; ¿Cuando Vociferar una Causa Puede Volverse Cancino?

Internet es un crisol de posturas de las más variadas vertientes e ideologías, a su vez, personificadas en usuarios que  toman su espacio y lo convierten en una extensión de sus formas de ser y hacer, ligadas intrínsecamente a un motivo comunicativo; informar al resto sobre lo que tu consideras esencial, vital o correcto. Desde el acoso callejero hacia la mujer, pasando por la liberación animal y el fomento al deporte o a medios de transportes como la bicicleta, existen diversos temarios (cada cual con particulares simbolismos predominantes y discursos extendidos) que hacen gala de sí en Facebook, Tumblr, Twitter y aglutinan modos y estilos de vida que pueden y son visualizados por un montón de gente.

No es anormal entonces que, como cualquier postura, existan adherentes y disidentes. La mayoría de las veces se evalúa y revisa esta oposición desde el discurso mismo, el cual argumenta un patrón general de reacción (y de reaccionarios) y se preocupa de buscar estrategias para convencerlos de que están en lo incorrecto o bien, se toma esta reacción, se le recrea y se hace mofa y se le analiza entre el humor y el rigor que ofrece y aparentan las ciencias sociales para recalcar su equivocación y ofrecer entonces el camino “correcto” (que vendría siendo el de ellos). Lejos de retratar la lucha ideológica que se ciñe en las redes sociales quiero hablar de un tema en concreto, que tiene que ver mucho con la empatía y con la capacidad de visualizar lo que piensa el otro (aunque esté “mal” o piense diferente a ti a niveles molestos): la pragmática de las posturas políticas, de presentarte.

Esa reacción que las personas manifiestan, a veces, no tiene que ver SOLO con lo ideológico sino también con un tema de cortesía, de manifestar cansancio ante un bombardeo de información que lo emplaza a inferir (fuera correcto o no) una carga connotativa en la persona que vocifera sobre aquello, y así con quienes hagan lo mismo. Se forman visualizaciones indeseables para quienes ocupan los espacios de las redes sociales para difundir sus mensajes, comienzan a aparecer términos aglutinantes como “feminazis”, “vegangélicos” “ciclista furioso” “abajista” “problemas de primer mundo” y otros tantos que aparecen como contrarrespuesta a esta transgresión que sienten hacia ellos, y paradógicamente los que promulgan tolerancia son acusados de intolerancia, de no aceptar críticas ni bromas. Veamos si eso tiene al menos una parte de razón (mal que mal estamos hablando de procesos cognitivos, que pueden ser estudiados y analizados sacando una conclusión en tanto se observe el mismo fenómeno)

¿Que ocurre por ejemplo con la/el feminista que sube (o comparte) constantemente material (y no hablemos de libros o manifiestos sino) como imágenes, frases y ejemplos típicos como “mi vida no gira alrededor de tu pene, supéralo” o “ni sumisa ni devota, te quiero libre, linda y loca”, más provocativos o afirmativos que expositivos? ¿que opinión se forma la persona de a pie? ¿como respondo yo, como hombre ante este juego de lenguajes? ¿consideraré también el hecho de que soy hombre pero tendré la madurez suficiente para no asumir el “palo” donde no lo hay o ignorarlo en el caso de que sea así? ¿o realmente si capto un dejo de resentimiento en esa persona?. El problema es que si yo hablo de resentimiento (sobre todo en ese momento), ese resentimiento que se acusa a la feminista generalmente ya está caricaturizado como una contrarrespuesta patriarcal tan común como preguntarle a una pareja de lesbianas “quien es el papá y quien es la mamá” o acusar a quienes se dejan el pelo “como los hombres” de marimachas. Entonces, cuando llega la contrarrespuesta de que la heteronorma hace que la gente piense que por llevar el pelo corto te “crees hombre” se combate efectivamente esa ídea pero la inquietud de la persona que hizo el comentario sobre si persiste en la lesbiana “marimacha” comportamientos imitativos de lo masculino por un tema de identidad se ahoga, no se corrobora y se pasa por alto. Para poder reconocer eso, para poder asumir que efectivamente dentro de tu postura política se esconde resentimiento (fuera por venganza, sentido de justicia o moral) se necesita una buena dosis de pragmática, pero también de madurez y autoaceptación. También, irónicamente, significa bajar la guardia; algo que en los contextos comunicaciones de un debate pocos quieren asumir para no dar la idea de que el otro “pueda ganar la disputa”.  En mi opinión, la gente que “baja la guardia” confesando un móvil o una forma de ser que puede ser criticable (u objeto de críticas, cosa que a veces representa situaciones comunicativas distintas) para demostrar empatía con su otro interlocutor no necesariamente tiene que “perder” el debate, la pragmadialéctica, por ejemplo, propone que además de una tesis exista una contratesis donde el punto de vista contrario se mencione también con el objetivo de visualizar los defectos de nuestra propia tesis para, paradógicamente, presentarla como la más elaborada y sólida.

Tonces, llega el término “feminazi” a colación

https://www.evernote.com/shard/s292/sh/581c7406-a02c-44db-b692-e30d791cb85b/79528e8bf99222f7e07f08d1ed0b8924

El tan famoso y recurrente término “arena”o “arenoso” se pone de manifiesto: no se puede hacer un post de feminismo sin herir la susceptibilidad de personas acostumbradas a ver lo que quieren ver, que acusarán transgresión, moda y descalificaciones ahora de antemano. Ante una situación que es aprendida (con los sesgos propios de cada persona pero pudiendo ser comunes entre personas que no les guste el feminismo) como la de una persona que no reconoce algo que cree que no es evidente para los demás, que cree solo es una generalización o una caricatura, se forma una imagen donde caberán todas y todos los feministas habidos y por haber que se les ocurra poner alguna “frase hecha” para ese nuevo reaccionario, comienzan las generalizaciones (que las personas detestamos cuando se nos hacen, pero que como estrategia cognitiva hacemos a diario sin arrepentimientos) y las burlas, entonces, ese juego tonto de descalificaciones alcanza otro nivel y la oportunidad de clarificar esa ambiguedad se pierde en la indolencia. Eso seguirá pasando si no se reconoce o se pueden revelar a esas personas que buscan cambio social no por motivos revolucionarios de peso, sino más bien por pose, por goce estético, por hedonismo o arribismo o deseo de desmarcarse de los demás augurando ser único y especial. Una lucha más bien egoista, manteniendo eso si el estandarte de una lucha colectiva por un colectivo en particular, que pasará siempre sea cual sea el movimiento social que se abrace. A veces, el hecho de constantemente difundir información sobre tu postura ideológica no indica necesariamente un deseo oculto de aceptación o de exhibicionismo sino un deseo auténtico de dar a conocer tus ideas a los demás, aquí corre el mismo factor de no adecuar bien la pragmática.

Eso es tan evidente que para cualquier machista, carnívoro, facho pobre o conservador promedio es reconocible y usable para discutir en contra de los colectivos sociales, para cada caso determinado.