la “Friendzone”: Cuando Decir Machista no es Suficiente Análisis.

La “Friendzone” aterra hoy casi como aterraba la Inquisición hace muchos siglos atrás.

Aterra como ejemplo de exacerbación del miedo al fracaso en una sociedad que no quiere conocerla jamás a la cara . Aterra porque decir “no” se vuelve pragmáticamente más difuso en una era donde “dejar en visto” resulta más fácil y cínicamente apropiado. Aterra porque quienes viven el proceso, deben hacerlo desde un contexto de intimidad donde las competencias comunicativas están reducidas gracias a los otros factores mencionados, volviendo más difícil algo que debería ser conciso…

Y aterra porque dentro de su dinámica se encuentra encerrada una abrumante y potente carga de género inventada, producto de los moldeamientos culturales hechos para pensar de antemano que es la peor de todas las noticias afectivas.

Pero llamarlo machista no es hacerle honor a lo compleja de la situación. El verdadero epíteto que debe llevarse es el de sexista. Veamos por qué:

Resulta que una de las críticas más frecuentes al constructo de la “Friendzone” radica en el hecho de que su difusión amplía la idea de que las mujeres deben aceptar obligatoriamente a aquellos hombres que las tratan con cariño, caballerosidad, mimos y actitudes de “buena crianza”. Eso es aunque sepan en el fondo lo hacen con deliberación sexual. ( o sea, hablamos siempre de un interés detrás, algo no genuino).
Como nuevo concepto que se masificó, aceptarlo significa un peligro para la integridad psicológica de la mujer puesto que debe ahora enfrentar la presión social para no ser catalogada de “mala persona” por rechazar a aquellos hombres que eligen “esa táctica” para conseguir fornicar o inclusive una relación afectiva estable.

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El clásico motivo de crítica recae en generalizar todos los casos de “Friendzone”solo desde el prisma de manipulación. (Abajo: Tom y Summer de “500 días con ella”).

 

Otro punto es que, a menudo (por cognición social), percibimos a aquellas personas que continuamente “denuncian” que han sido enviados a la Friendzone como poco agraciados, perdedores y onanistas a los que no corresponde hacer del sexo una cuota democrática (no porque sea machista de por sí sino porque la mayoría de las veces se menciona, admitámoslo, que “no se lo merecen”) . Así como lo percibimos, así lo denunciamos y cada vez que sale el tema a colación cuando a alguien se le ocurre decir que lo mandaron a la “Friendzone” en una página de izquierda universitaria pues llegan de a poco las primeras epístolas: las de la Friendzone como constructo machista y las de la Friendzone como un invento de onanistas que merecen compartir celda con los abusadores sexuales. Ambas, superficialmente referenciadas a las ideas feministas.

Pero se ignora un hecho importante: para hablar que el lenguaje crea realidades (frase que usan en los debates como quién juega cartas Yu-Gi-Oh!) se necesita saber que el lenguaje genera aprendizajes (o si eres Piagetano, al revés), y así hablamos de un presente donde un sujeto machista “llora” porque las mujeres no sucumben al rol de Nice Guy que adoptó para tener (algunas) relaciones sexuales (ojo, más que acto sexual), así hay que hablar de cómo este aspecto externo, superficial, se terminó gestando y manifestando en nuestro espacio.

La heteronorma ajusta los ideales de macho desde tiempos inimaginables, tiene un fuerte componente histórico que también ha mutado en apariencia para mantener nuestros privilegios de macho. Sin embargo, también hace escalas entre estos machos  y ciertamente depara un destino peor para aquellos que bio-psico-socialmente no calzan con los cánones que se van gestando como apropiados para ser un macho vigoroso y merecedor del premio final. Para no calzar con un canon (como acto semiótico) primero se necesita verificar que tal canon no nos calza y es ahí donde entra la sociedad en su conjunto y las comunidades más próximas donde viven los sujetos. Primero, los hombres que sí cuentan con el factor social a su favor o que cuentan con poder, fama, riqueza o belleza conformarán sus propios grupos de privilegiados a los que estas personas no entrarán y serán segregados (directa o indirectamente) por 3 razones:

  1. Por no dar la talla (no ser lo suficientemente o apropiadamente “macho”)
  2. Porque sus ideales de macho son rechazados a priori por el sujeto en cuestión
  3. Porque en su indefensión, el sujeto comprende que nunca llegará lejos aun si acepta esa carrera y, por tanto, comienza a rechazar los ideales de macho o bien, hará del asunto un sincretismo (ocultando en el fondo el interés hacia la mujer como objeto por falta de desarrollo emocional, ignorancia o por aspectos patológicos de la personalidad).

La segunda alternativa, por arte de magia, no la mencionan en los debates. Y tampoco se menciona que aquellos grupos de privilegiados también están conformados por mujeres.

Estas personas no nacen bajo estos parámetros innatamente, se van desarrollando a medida que aprenden los aspectos más elementales de la cultura en la cual viven. Aprendemos también que existen ciertos discursos que se repiten constantemente respecto a cómo (creen que deberíamos) actuar al momento de intentar establecer una conexión afectiva con otros y es ahí donde se menciona ser amable, caballeroso, atento, dedicado, dulce, tierno y un laaaargo etc. Lo aprendemos de niños (y nos los enseñan los hombre y las mujeres también), lo manifestamos en nuestras conductas como actitudes (las que son socialmente aprendidas y son almacenadas en la memoria a largo plazo) y van interiorizándose a la vez construimos hábitos con ellos. Lamentablemente, estos hábitos se nos garantizan que son los más apropiados (por las normas sociales de convivencia y en parte por la heteronorma -que cree que solo son para coquetear-) para realizar tales conexiones muchas veces sin detenerse en los aspectos éticos, un niño o niña sin un desarrollo afectivo apropiado no entenderá un no como respuesta, pudiendo encontrarse en peligro de manifestar esa disonancia en un contexto de género, construyendo así una dominación estructural. 

¿Pero es algo solo machista? ¿vale la pena llenar los Tumblr de fotos diciéndolo? no es simplemente machista, es sexista. Y sigo dando razones:

Cuando crece, ese adolescente que no siente de por sí algo propio ser el macho clásico propuesto por la heteronorma (bello, con poder, fama o riqueza) pero que aun no profundiza en las implicancias, tuvo que mamarse “la alternativa” o bien, decidió que las conductas propuestas como alternativas no deben necesariamente seguir el premio final (lo que puede pasar, sin pecar de iluso). Ese proceso de todas formas fue traumático: desde niño tuvo que aprender que quienes no prefieren llamar la atención no tienen muchas chances de conectar sexualmente con alguien en comparación a los que si se ajustaron a los cánones. Tuvo que aprender que por ser malo para jugar al fútbol no las tendrá muy fáciles con el éxito social, tuvo que aprender que ver animé en algún momento dejó de ser una actividad vicaria y pasó a ser una etiqueta para quienes son los últimos en la fila de los almuerzos. Tuvo que aprender no porque haya visto el manual secreto del éxito social que todos esconden  un congreso donde se determinó que así sea, lo aprendió de la experiencia que ocasiona el rechazo por parte de otros (hombres y mujeres)… y aparte de eso encima sigue escuchando el mismo discurso de ser amable, caballeroso, atento, dedicado, dulce, tierno y un laaaargo etc. O sea, durante el proceso de conformar grupos y en donde resultó más aletargado y vulnerable, aquellos hábitos aprendidos durante la niñez cobran relevancia en la pubertad y adolescencia porque se convirtieron en información considerada como afectiva, y entra entonces en juego para conocer gente y dentro de eso caber la posibilidad de esperar, ingenuamente, algo a cambio porque se sobrevaloriza a una sola persona o se infravaloriza a priori la capacidad de uno de poder establecer los lazos afectivos que queramos.

Y lo peor es que ese discurso te enseñan que específicamente aplica para UNA SOLA PERSONA, la que te gusta, de la que te enamoraste (encima se aprende aun del amor como un poseer del otro, Erich Fromm sigue revolcándose en su tumba). Por lo que de desarrollo afectivo ni hablar, tamos fritos.

En sí esta misma fórmula aplica para que los hombres menos ajustados a la heteronorma zorrona tengan que creer que son una mierda que solo puede depender de su suerte e insistencia para poder conectar con SOLO una persona. De ahí a que la friendzone sea considerada también (idiotamente) una catástrofe porque se ve la posibilidad de tener pareja como nula, como un fracaso en una era de poca tolerancia al fracaso, y en donde este se viraliza (por cuenta propia o por otras personas) y es percibido por las demás personas con un arousal que no se la merece en realidad, haciendo que otras personas vean mal a las personas que son rechazadas y adicionen prejuicios a quienes son rechazad@ por 2 razones:

  1. Porque como personas demasiado insistentes ignoran los derechos de las mujeres a decidir por sí mismas en su afán fatalista de creer en un futuro predestinado (razón comprendida por quienes comprenden los principios básicos de la igualdad de género y que considero correcta)
  2. Porque no se ajustaron, una vez más, a la norma. (Aquí llega el clásico insulto del onanismo, del cual por sí también es sexista porque condena al onanista como ejemplo de un “menos hombre” que nunca consigue minas)

Y en una sociedad sexista (conformada por hombres y mujeres), la segunda, por demografía, es la que más predomina. También, por arte de magia, no mencionan ese aspecto.

Si bien, el aspecto de la Friendzone afecta también a las mujeres, son los hombres que desde pequeños aprenden actitudes que no nacieron necesariamente con un fin cosificantemente posesivo de la mano de sus madres, tías y mujeres de su comunidad para tratar a las mujeres con respeto al género y, a su vez, (e irónicamente) son muchas veces las mismas mujeres quienes afirman que tales actitudes de ser amable, caballeroso, atento, dedicado, dulce, tierno y un laaaargo etc son también discursos válidos para establecer conexiones de interés sexual con otr@s (pudiendo aquellas referentes ser herederas de una tradición machista de la cual no han deconstruido o bien efectivamente hablan con toda la bondad del mundo para satisfacer la curiosidad de ese niño sobre cómo establecer lazos con otr@s)

Y convengamos que establecer conexiones de interés sexual con otr@s NO ES MALO!, muchas veces se comete el error de condenar el interés sexual del hombre hacia una mujer desde un prisma de que buscar a otro con un interés sexual es como si trajera por dentro las ganas de abusar, someter y maltratar. ¿Hay que ser así de maniqueístas?

En tanto ese niño aprende que ese discurso sirve bajo ese propósito, también al crecer y volverse adolescente es capaz de observar la contradicción entre dicho y hecho cuando observa (y cree al observar) que mientras le dicen generalizadamente que tales actitudes de ser amable, caballeroso, atento, dedicado, dulce, tierno y un laaaargo etc son las apropiadas se sienten atraídas más por lo contrario, por los hombres validados por la heteronorma más zorrona: por el “chico malo”, por el poderoso, por el rico el bello y el famoso (y por sus hábitos, explotados por la heteronorma). ¿Qué análisis queda para esa comprobación si además de tener que vivir y sentir el rechazo de sus pares adecuados a la heteronorma observa que sus referentes más cercanos del género opuesto (su comunidad) se calientan por lo general (no va a faltar quién me critique por usar esa palabra) y por “libre decisión” de aquellos que la heteronorma celebra como referentes genuinos? pues entonces (y luego de una decepción) se entra en una disonancia cognitiva y se comienzan a compartir visiones de ambas posturas para que al final quede la última. Así ocurre y, por lo general, no se admite que los referentes más cercanos al ideario heteronormativo (que comúnmente asociamos como machos alfa) calientan, por lo que esa contradicción que vive la tendrá que rumiar en silencio, a veces sin el apoyo de pares (o por el contrario, el apoyo de pares llega a conclusiones simplistas y condena la contradicción desde el machismo, reforzando esta conducta al final en el adolescente). Por lo que su desarrollo afectivo tendrá de todas formas una dificultad grande, como de esas etapas psicosociales de las que hablaba Erik Erikson.

En la adolescencia uno está impaciente por lograr una conexión con otros no solo en lo sexual, sino también en lo fraterno. Es fácil dentro de esta contradicción, analizarlo superficialmente y decir que las mujeres tienen la culpa (actitud ya de por sí machista) pero también es fácil achacar el proceso de llegar a la culpa machista si dentro de ese contexto no existe apoyo y consejo o el apoyo que hay refuerza la conducta machista y terminan por construir juntos un concepto de género distorsionado.

Y para qué decir del concepto de buscar lo único, de pretender que hay una única y especial que merece el pedestal, que es lo más preciado por sobre el resto, que hay que luchar hasta el final por demostrar que eres lo suficiente para el/ella… por lo general ambas actitudes van de la mano y son nefastas para quien las asume porque la limitan a una mentalidad de escasez. Hacen que la persona se centre empedernidamente de una sola persona en vez de cuestionarse la actitud y decirse a sí mismo que tiene la capacidad suficiente para conocer a las personas que quiera y sentirse cómodas si lo desea. Centrarse en una mentalidad de escasez te cosifica a ti mismo y a tu afectividad, te amaraña en un lenguaje donde te obligan  a buscar un complemento que encaje dentro de esa construcción distorsionada de los sentimientos y termina por cosificar a otr@s en el camino.

El problema es que, para los hombres, aun no existe un discurso de liberación ante esta forma coercitiva de crianza que se explique y se construya desde un nuevo concepto de la masculinidad explicado desde adentro de estas comunidades (ya de un punto de vista más neutro). El feminismo ha logrado y desarrollado teorías, prácticas históricas que han llevado a repensar las cosas desde la prisma de un punto de vista de género femenino pero los hombres no hemos hecho lo mismo desde los aspectos más unidos a lo que es la construcción genuina de nuestro género, no hemos hecho aun algo denominado como masculinismo.

Entonces, ¿qué puedo criticar de la crítica de considerar machista el concepto de Friendzone entonces? varios puntos a enumerar:

  1. No mencionar que dentro de esta enseñanza de actitudes de Nice Boy, pueden existir al principio intenciones manifestadas por las mismas mujeres a través de la enseñanza (lo que no implica negar toda la maquinaria machista paralela a eso)  y que pueden perfectamente ser consideradas como inocuas por ellas mismas manifestando, eso sí, de antemano que el asunto va por el respeto y no por tratar a toda costa de conseguir novia
  2. Olvidar que existe cierto personaje de personas que presentan estas conductas de manera espontánea, a veces sin la intención de subyugar a otros y muchas veces porque aprendieron una “especie de discurso igualitario” hacia el trato de la mujer, entendido así en sus propias comunidades.
  3. Tratar a quienes demandan que “están en la Friendzone” solo como victimarios, olvidando que el proceso formativo de aquellas actitudes recae también en aspectos históricos y sociales, que los hombres viven de manera distinta y a menudo con dificultades, unas producto de la heteronorma (por condenar la construcción de grupos con diversidad de género)  y otras por las mayores dificultades biológicas y psicosociales que los hombres tienen al aprender a desarrollar adecuadamente su afectividad (principalmente la comprensión de las emociones).
  4. Olvidarse que la heteronorma juzga por categorías y que dentro de estas categorías, aquellos que no dan la talla en los cánones considerados más atractivos, deben recibir la violencia discursiva correspondiente para ellos desde que son niños, hasta que terminan por aprender alternativas (las que terminan por hacer creer que su éxito en el placer de gustar y hacerse gustar depende fundamentalmente de su insistencia o centración en una sola persona, o bien terminan deformando los principios mencionados en el punto 1, lo que es aun más traumático).
  5. No mencionar que mucha de la crítica actual hacia los “Friendzonados” recae en su incapacidad de establecerse en los cánones clásicos de la heteronorma, sin deconstruir un carajo y no previniendo el posterior rencor de estos a una ideología que supone, busca la igualdad, pero que se suma con más presión (y sin saberlo) en alianza con la heteronorma clásica.
  6. No mencionar el aspecto de la intolerancia al fracaso como un proceso social de formación que puede estar deformando el desarrollo afectivo de los demás y más aún en los niños (biohombres), menos resilientes en este aspecto. Y juzgar esa peor resiliencia solo de manera determinista (el patriarcado no genera las instancias suficientes de aprendizaje) cuando se trata de más que eso.
  7. No considerar que dentro de aquellas personas que apelan al discurso asociado al “buen chico” existe gente más intrínsecamente segura con ella sin necesariamente sentir que deben poseer al otro pero por neurotipo. Ejemplos como las personas con síndrome de Asperger, que por lo general ocupan un discurso idiosincrático de la lengua (más fácil de juzgar en la pragmática como “caballeroso”) son notables para graficar este aspecto.

Todo esto para mí no pasa desapercibido, los hombres la tienen también muy difícil para luchar contra esa dinámica y construir una visión de género más igualitaria si se toma en consideración lo anterior. Se pasa muchas veces esto solo, no se tienen referencias y las que se hacen tienen que pasar por el escrutinio proselitista de un discurso que se dice feminista, pero que en este caso no avanza más allá de lo superficial porque la denuncia se centra en ser meramente performativa (cuando en realidad puede tomar estos antecedentes, abrir nuevas significaciones como dice Judith Butler).

Por eso, el enfoque debe, a mi juicio, centrarse en establecer una explicación causal al fenómeno y sus múltiples aristas de género, no solo decir que es machista sino considerar a los que hoy vemos como victimarios como personas en formación de las cuales no se ha hecho mucho por comprender su problemática. Queda un trabajo muy grande por hacer.

¿Por qué Las Habilidades Sociales?: Una Visión Crítica Sobre su Papel en la Cultura y en los que Producen Cultura

Introducción

Hoy quiero cocinar un banquete de ideas y declarar con ímpetu el menú del día forjando este trabajo que tenía pensado hacer por años, pero con el que siempre me topaba con ideas y concepciones nuevas atascadas unas a las otras, las cuales eran menester tomar en consideración para no dar con la sensación que estaba descuidando sus aspectos esenciales, bueno, el tema es en sí mismo muy grande, de gran impacto en nuestras vidas pero de percepción simple, blanda y positiva en sí misma. Hablo de las Habilidades Sociales, muy en moda hoy en día y diseminada como objetivo dentro de un montón de disciplinas, motivo de evaluación de personas, culturas y subculturas, tópico de estudio para cuanto hombre moderno decida hacerse con cierto éxito en la vida y gratificación por conseguirse un lugar y sentirse realizado (algo en lo cual coopera también la sociedad, exigiéndote ciertos niveles para hacerte de su gracia). También ha sido un móvil importantísimo en la evolución del ser humano como tal a lo largo de su homínida historia y sin embargo, el uso social que este concepto trae para sí muchas veces esconde intenciones y propuestas que son irónicamente opuestas a la imagen positiva que se tiene de lo que se toma por lumbrera de la nueva época. Veamos un poco porqué las Habilidades Sociales arrastran un sin fin de fenómenos que vale la pena analizar para poder dar con eso que a mi, por ejemplo, no me deja indiferente.

Cuando se habla de habilidades sociales, se imaginan muchas cosas. Aparecen los textos de autoayuda de John Maxwell, los libros de Programación Neurolingüística, la imagen publicitaria de los jóvenes cool conversando con sus smartphones a través de Facebook o Whatssapp, el desarrollo curricular de los profesores en un aula llena de niños recién enfrentados a la rutina escolar, en fin, son muchas las imágenes que se evocan tras la palabra pero lo que encierra es interesante, se ha vuelto cada vez más importante y “decisivo”. Quién las tiene y quién no son motivos de discernimiento y de un llamativo control por parte de las estructuras sociales y cada vez siento que se explota  más como imagen y como concepto. Las habilidades sociales han venido a reemplazar como “deseable” a otros aspectos del carácter como el trabajo duro, la honestidad y la intelectualidad (la cual desde mediados del siglo XX ha sido puesta en tela de juicio filosóficamente hablando pero cada vez más es el público en general quien la enfrenta). Los individuos “cuadrados de mente”, los “nerds” los “antisociales” los “introvertidos” y las denominaciones hacia los grupos sociales que no acusan un dominio “suficiente” o “esperable” de habilidades sociales (que siempre van cambiando como cambia también la historia) han sido abordadas en películas, series e historias narradas para un público que se ve enfrentado y a la vez desea mostrarse al mundo y demostrar que está apegado a él lo suficiente, aunque cuando se les pregunte siempre digamos que no somos demasiado apegados a la idea. Teniéndolo en consideración, aun así, es hoy cuando invaden las mallas curriculares de las universidades y sus carreras; es hoy cuando las empresas capacitan a sus empleados y en sus manifiestos explicitan la importancia de contar con “personas que demuestren domino de las habilidades sociales”; es hoy donde es posible objetar al intelectual de su Olimpo con una frase de Cohelo o acusarlo de una supuesta “falta de empatía”.

Es hoy donde las Habilidades Sociales son tu pase de acceso, tu pasaporte y es posible seguir con la analogía y encontrar refugiados, exiliados y prisioneros listos a por un análisis, una crítica y un programa de trabajo listo para ellos cosa que puedan ingresar sin detenernos por un momento ante ese frenesí de ilustracionismo (ironicamente, el más “blando” de ellos) que se expresa como capacitación, como autoayuda, como terapia y como tratamiento. Y con esto me refiero a que las “habilidades sociales” se hacen parte ya de las estructuras sociales más altas jerarquicamente y se erige en tanto logra una simbiosis con ellas y sus mecanismo de control y formación de un tipo “ideal” de personas.

Un niño introvertido en nuestros días no la tiene para nada fácil, es cosa de contar cuantas veces se insiste en sacarlo de su espacio.

Un niño introvertido en nuestros días no la tiene para nada fácil, es cosa de contar cuantas veces se insiste en sacarlo de su espacio.

Ese tipo ideal de persona descansa bajo la aprobación de una nueva ilustración. Una nueva visión que nace de tomar las “habilidades sociales” como un ideal que se yuxtapone a los anteriores valores y los enfrenta: ya no se urge de gente talentosa intelectualmente o de gente lógica, sino de personas empáticas, resilientes, proactivas. Se erigen nuevas características para quien enfrenta la necesidad de buscar un empleo, un puesto o una oportunidad administrativa y lo que hoy se propone es asegurar la integridad de las organizaciones buscando que las personas que las conforman, actúen en consecuencia y sean lo suficientemente funcionales socialmente hablando. Se acusan evidencias que favorecen esta visión, se erigen nuevas investigaciones y por tanto, programas de investigación para fundamentar estas prácticas y proponerlas como una mejora disponible para su uso por las personas. ¿Es esto malo?, no, las habilidades sociales como había mencionado antes son un pilar fundamental de nuestro modo de vida, nos permiten ser lo que somos como humanos insertos en una sociedad y también con ellas logramos prevalecer este constructo para perfeccionarnos. A eso quiero yo llegar pues este concepto va de la mano con el de “ilustración”, la actitud de promover su transformación de idea a objeto y a los demás como modelos de la idea.

Sin embargo, ¿que ocurre con quienes no manifiestan interés en pertenecer? ¿o bien sin las capacidades necesarias? ¿cuales son los mecanismos de control que ejerce la sociedad sobre el introvertido?

Ya desde pequeños, los niños que no disponen deseo de buscar grandes grupos con los cuales conversar y pasar parte importante de sus vidas en descubrimiento son puestos en escrutinio, son rechazados, son vistos en menos. La ciencia ofrece alternativas para que nuestros hijos dejen de ser “ensimismados” y salgan al exterior (no a un exterior físico, hablo de ser parte de los otros). Para ello es necesario un punto de comparación: el niño que siempre sonríe, travieso y móvil motormente hablando; que sale a jugar con todos sus vecinos y que goza de popularidad en la escuela. El niño típico y difundido como tal. Aunque esta idea más estadística tiene que convivir también con otros puntos de vista relacionados, que se enfocan más en estereotipar ese tipo de niño como objeto deseable o ideal alcanzable a través del consumo, a veces confrontando la visión científica. No hay duda alguna que este ejemplo existe y muchas veces parece que son la mayoría y por tanto, no deja de haber un sentimiento de “normalidad” cuando queremos hacer realmente un punto de comparación con otros niños que actúan de manera diferente. La cosa comienza ya a volverse más compleja cuando ese niño al cual estamos haciendo imagen actúa ya no como comparación sino como material hegemónico de “formas ideales de ser”. Los científicos producen material cultural para evaluar, buscar falencias desde diversos ámbitos (lo social-comunicativo, lo social-cognitivo, lo social-emocional) y de pronto, la comparación alcanza el estatus de “vital” y es preciso adaptar los currículos escolares y pediátricos para formar niños socialmente inteligentes para la sociedad pero también los otros puntos de vista relacionados analizan la introversión desde otras ópticas relacionadas con la moda, los juguetes, las normas de comportamiento, el vestir, lo religioso, los videojuegos y los modelos adultos para seguir. A veces se abraza el anti-positivismo y se pone en duda la pertinencia científica “excesiva” sobre la infancia de los introvertidos para “dejarlos ser” o mencionar que son un problema espiritual, un dejo parental que puede ser solucionado consumiendo, buscando tranquilidad espiritual, acudiendo a lo natural como tratamiento, etc. Aun con todas estas diferencias, acá ya parten los “de lo contrario” (como una tal vez molesta actitud de advertencia) y se expone ya una predestinación (en base material que no siempre necesita de evidencias) el futuro para quien no atiende la norma y prefiere observar en vez de hablar. Comienza por tanto, el desarrollo de las “habilidades sociales” como discurso por parte de estructuras diferentes, pero que abrazan el mismo fin pragmatista en cuanto son en sí mismas hegemónicas.

¿hasta que punto uno puede disponer de una autonomía de trabajo para sí mismo sin que exista una norma moral que dispone a acusar, a tomar por anómalo o poco deseable un aspecto de la personalidad? pues cuando existe una apreciación significativa del concepto a nivel de sociedad  se dispone a ser comunicativamente intencionados con quienes demuestran salir de esta tangente. Lo que si, esta intención no es que descanse coartando u obligando a los niños a desarrollar sus habilidades sociales a manera dictatorial sino que actúa de maneras sutiles o implícitas  fuera como sugerencias, exigencias laborales o pre-requisitos a través de situaciones y juegos que reflejan las diversas interacciones que las estructuras sociales tienen con los niños o adultos en pos de diversos cánones que guardan relación con las habilidades sociales tales como el éxito en la vida, la fluidez comunicativa, la oportunidad de un ascenso social y la inteligencia. Son las personas quienes ante este trato social tienen la oportunidad de seguir esto o no (nadie te pone la pistola en la sien para que vayas a una fiesta) pero no siempre se cuida que esta oportunidad sea igual para elegir ser parte de esta dinámica, por lo que no desaparece por completo esa sensación que podemos experimentar cuando, por ejemplo, vamos a una fiesta pero “obligados” y sentimos que no somos parte de ella ni de los que participan en ella.

Me explico, por ejemplo cuando hacías un trabajo en grupo en la escuela y en cierto momento manifestaste disconformidad con el grupo asignado por tu profesor, normalmente te explicaban que durante el transcurso de la vida trabajarás con personas muy distintas y que aprender a tolerarlas es fundamental para poder integrarse, aunque en realidad eso se traducía en obligarte a enfrentar esa situación de antemano como un designio. Es esta característica de predestinación lo que hace de las habilidades sociales una estructuración puesto que las personas en algún momento de sus vidas requieren de ellas pero para lograrlo, deben aceptar un contrato social (en la línea de Jacques Rousseau), aceptar las reglas del juego las cuales hoy, disparadas constantemente por los medios de comunicación son “se sociable” “ten un montón de amigos” “no causes conflictos con el grupo” “adáptate al contexto”

Y cuando me refiero a “estructura” no lo hago de forma antojadiza.

Puesto que las estructuras sociales basan su existencia en su transmisión como icono y lenguaje (y con ello se toma también en cuenta los niveles del lenguaje como la semántica y la pragmática) formando parte de los sistemas que se nutren de ellas como los medios de comunicación, la publicidad, la tecnología. Ya se está apelando a la pragmática cuando se les pide “adaptarse al contexto” y por tanto, se establece una arbitrariedad con fines comunicativos. Necesita también que se aprendan, necesita de las escuelas y universidades o los centros de formación laboral. No sirve de nada sistematizar una economía sin personas que se comporten de forma sistemática y aseguren por tanto el ritmo y vida de ella. Por eso, si ocurre una carencia se dispone de material cultural masivo para que todos tengan la oportunidad de buscar enmendar el camino y comportarse de la manera más efectiva y eso significa asegurar un lugar en la industria cultural: la autoayuda y la terapeútica son dos grandes ejemplos de producción e intervención de aquella idea.


Cuando no se trata solo de “pedir por favor y gracias”…

Sheldon-Cooper

Con la “inteligencia emocional” socialmente se abre la oportunidad de apuntar a “tontos emocionales” y por tanto al uso de mecanismos como el estereotipo, aunque no fuese el objetivo de este concepto. (En la imagen: Sheldon Cooper de TBBT)

Desde Daniel Goleman que las habilidades sociales cobraron importancia académica y lograron encontrar un nicho dentro de las ciencias humanas y duras. Junto con Howard Gardner y su “inteligencia extrapersonal” (extrapolar a la “inteligencia emocional” de Goleman) estas ideas tomaron en consideración las demandas por un desarrollo más humano del talento humano aduciendo una mejora en las relaciones sociales dentro de las empresas, de la calidad de vida y de la efectividad de la comunicación. Así rezan semánticamente hablando los prólogos de sus libros y así lo pienso yo también, aunque claro, no puedo eso si pensar ingenuamente sobre el concepto de “inteligencia”. No lo digo desde el sentido de buscar un constructo psicológico basado en evidencias, sino más bien en cómo la sociedad ocupa estos constructos con fines segregatorios o distanciadores. Cuando hablamos de “inteligencia”, hablaremos tarde o temprano también de “inteligentes” y “poco inteligentes” (no es que la crítica apunte al hecho de buscar mas y menos, sino la falta de un uso ético de estas cualidades). El estereotipo, por ejemplo, reduce la carga cognitiva que las personas tienen que hacer por tratar de dilucidar aquellos grupos de personas particulares, aduciendo cualidades preestablecidas en ellos. Ocurre también que el concepto de “inteligentes emocionales” puede prestarse también para añadir cualidades adicionales a estas personas relacionandolos con comportamientos y recompensas (materiales o no) de la misma manera que se hace con las etiquetas de “deseable” y “no deseable”. Un “inteligente emocional” sabe como reconocer el dolor ajeno, sabe como construir su vida y ayuda a otros a hacerlo con las suyas y disfruta el momento; esta misma definición en vez de ser una mera descripción psicológica puede ser representada semióticamente como un musculoso jugador de rugby que arenga a su equipo o un fotógrafo cuidando la proxémica tras apuntar su objetivo con la cámara o un feliz terapeuta saliendo del trabajo con su van recorriendo los suburbios en donde vive armónicamente. Nosotros, al ver estas imágenes podremos evocar ese sentimiento y asociar ese significado a diversos hábitos y formas de ser que acompañarán entonces a ese concepto de “inteligente emocional” que ahora democráticamente se erige y se promociona a sí mismo como derecho para todos quienes deseen alcanzar un “pleno desarrollo” en sus vidas. Esta idea la aprovecha la economía, la administración, la publicidad. También las modas buscan en algún momento habilidades sociales como saber disfrutar el momento, leer los estados de los demás pero también incurren en posturas disruptivas moralmente hablando como promover la manipulación de las personas con fines narcisistas, tener el mayor número de relaciones sexuales posibles o anticipar las jugadas de los demás dentro de un contexto específico. Desprendiéndome de los dilemas morales, estos comportamientos requieren también de “habilidades sociales” y aunque algunos sean calificados como “malos” por los demás, han demostrado ser fundamentales para no quebrantar normas sociales y arriesgarse a sanciones peores que el remordimiento (como el alejamiento social por ejemplo, nadie quiere decirle a su pareja que se ve gord@)

Entonces, hablar de “habilidades sociales” no significa para nada referirnos solamente a saber “pedir por favor y gracias”; no son solo normas de etiqueta ni intentos por leer el estado de los demás para evitar pasarlos a llevar. Se trata de ser aptos, preparados para enfrentar los “juegos del lenguaje” (que tanto hablaba Wittgenstein) que son inherentes a la convivencia del ser humano, que están ahí y que debemos enfrentarlos con gracia, con ahorro cognitivo (ojo, ahí también hay un intento hegemónico por adecuar los demás a lo típico y de un tipo más complejo pues involucra lo científico, tema que desarrollaré más adelante con la idea de terapeútica), con soltura y flexibilidad sin sacrificar tanto lo moral a su vez. Todo esto lo habla, por ejemplo, Paul Grice (si lo complementamos con Wittgenstein, Paul Grice se enfoca más en la pragmática mientras que Wittgenstein habla del proceso de manera más pragmatista, dos conceptos en el fondo diferentes).

Entonces, lo inherente positivo encierra a su vez aspectos controversiales que igualmente deben de ser manejados. Estos conviven con los positivos y muchas veces, a su vez, tratan de buscar frenarlos o ponerlos entre dicho como puede ser, por ejemplo, prevenir en una empresa el favoritismo aduciendo conceptos como el “ganar-ganar” de Stephen Covey aunque lamentablemente esto no ocurra en la práctica. La manera de manejar las habilidades sociales en la sociedad es dialéctica, aprovecha sus pro y sus contras de manera que un puede buscar una retroalimentación, pero esto ocurre normalmente fuera de lo oficial, si existen personas que ponen entre dicho lo adecuado de esta dinámica arriesgan a ser escrutinados o ser vistos como “demasiado complejos” y de nuevo se presupone la liviandad de estas en pos de dejar al margen a organizadores críticos que denuncien estas dinámicas (aun si cumplen con los preceptos de las habilidades sociales, que irónico, no?).

¿Qué ocurre con los niños típicos y no típicos? ( o Hasta qué punto las Habilidades Sociales deben suponer una obligación)

El tópico de las habilidades sociales, como mencionábamos antes, reviste de un amplio uso desde diferentes disciplinas. Cognitivamente hablando, las habilidades sociales tienen un correlato con diversas funciones psicológicas que permiten al ser humano adecuarse al medio y le disponen de herramientas para desarrollarse y vivir. Nos permiten ponernos en el lugar de otros, nos permite comunicarnos (efectivamente), nos permite ingresar en dinámicas sociales con un importante valor enriquecedor del aprendizaje, de lo motor, etc. Vygotsky menciona acerca del “aprendizaje mediado” donde los niños acceden a los códigos y signos que rigen la cultura con el fin de aprender junto a un guía (con más conocimiento de base que ellos) en todo un proceso de construcción social, entonces, las habilidades sociales (ya no referidas inequívocamente como manuales de autoayuda) pueden ser entendidas de este modo como importantes para muchos de los procesos cognitivos del ser humano,. En específico, los procesos cognitivos superiores según Vygotsky se adquieren primero en un contexto social para luego interiorizarse como relaciones entre los seres humanos.

Sin embargo, no todos los niños manifiestan intereses sociales muy marcados, muchos tienden también a la introspección. Cuando se habla de currículum en las salas de clases,  estos se estructuran buscando no perder de vista lo constructivista aunque eso signifique acoplar lo más posible en la sala de clases un método que parta con ese presunto modelo conductual de construcción epistemológica como una máxima, por lo tanto, menos personalizado a las necesidades de otros niños que aprenden de manera diferente. Actuar así podría significar perderlos de vista, no considerar potenciar otros procesos cognitivos más individualistas que pueden ser desde ignorados, hasta ser considerados “malos”. Aquí la actitud de promulgar las habilidades sociales como motor de aprendizaje debe tener detrás una buena fundamentación ética que no pierda de vista al ser humano que está adelante tuyo, o de lo contrario, podríamos estar aseverando de que solo existe un modo inequívoco de aprender válido, lo cual es inverosímil. 

Susan Cain en su libro “Quiet”(callado) habla también de este fenómeno como desmoralizador de la imagen del introvertido, llegando a extremos como, por ejemplo, en una escuela de aplicar una política de aula donde no se le puede pedir ayuda al profesor a menos que todo el grupo tenga la misma pregunta” (imperativo es ver su charla TED sobre el tema)

Y así podríamos también abordar el tema desde los sujetos no típicos. ¿Qué ocurre con las personas con trastornos del espectro autista?

Como individuos que presentan variadas dificultades en las habilidades sociales, las personas con autismo/Asperger/TGD pasan un buen tiempo de sus vidas en tratamientos de tipo rehabilitatorio ligados a las relaciones sociales . Hay que recordar que con esto también se establece una dinámica que gira en torno a las habilidades sociales como objetivo meritorio, lo que podría significar una vida entera escuchando reproches sobre su forma de ser y, sin embargo, no molestarnos una vez siquiera de valorar aspectos de la personalidad autista que si pueden legitimamente ser respetadas y valoradas como por ejemplo ser metódico, honesto, estructurado, etc. En casos de autismo de no alto funcionamiento, donde los padres tienen que esforzarse notablemente más por conseguir progresos en sus hijos, a veces hablar de habilidades sociales con tanta propiedad pudiera suponer una superioridad moral encubierta, que bien puede sumir en culpas innecesarias a las familias y adicionarles un estrés dentro de tantos por demostrar que sus hijos merecen incluirse en la sociedad como cualquier otro niño, y claro, una batalla que no se admite y que sin embargo prevalece es que la frase insignia de la inclusión “todos somos iguales” puede ser tomada desde ángulos demasiado formalistas para construirse sesgos cognitivos relacionados con extender las verdaderas habilidades de los niños a límites que sobrepasan la (a veces dura) realidad. Eso tiene que ver también con una exigencia social, es un sesgo que se retroalimenta entre el deseo jurídico de asegurar plena autonomía y derechos a un sector menos favorecido de la población y la creación de una imagen ficticia y homogénea de las personas con discapacidad pero positiva a su vez para un fácil manejo de esta comunicacionalmente e intencionalmente hablando. Y de nuevo caemos en los estereotipos: es más fácil querer o tolerar a un niño con síndrome de Asperger cuando se piensa que son genios o personas sumamente inteligentes y sin embargo, al menor error relacionado con desobedecer el canon de las “habilidades sociales” esta virtud se convierte en un defecto por el cual sacar en cara. En el caso de los padres, el derecho de ser visualizados como iguales puede ser también deducido desde la inocencia de minimizar estas dificultades (más allá de cuidar no exagerarlas o condenarlas) y mostrar al mundo a un niño “tan normal como los demás”, aun con los posteriores conflictos que nacen de la interacción que ocurrirá ahí. No los culpo y tampoco debiésemos ser duros con las familias que hacen todo lo que está a su alcance para no sucumbir en una sociedad que a ojos nuestros solo pone exigencias pero cada vez menos se compromete a cumplirlas para nosotros.

La inclusión de personas con discapacidades apunta, según la ley 20.422 a promover el disfrute de sus derechos e impedir cualquier tipo de discriminación a través de la creación de la SENADIS. Aquí, sin embargo, chocamos con un paradigma. La discriminación puede comenzar ya desde el momento en que se cataloga cierta forma de ser como patológica (aspecto que afortunadamente no persigue la SENADIS); es cierto que existen aspectos del espectro autista que impiden que la persona por si misma pueda lograr plena autonomía de sus funciones, pero al momento que logra disponer de herramientas para mitigar esta situación, ¿su condición seguirá siendo tachada como patológica? ¿ellos necesitan siempre verse como pacientes para recién ser incluido en la sociedad?, ¿es acaso un requisito para respetar la ley que el niño cause poco o nada de conflictos a sabiendas que no será fácil? ese aspecto hipócrita del área educativa en los Proyectos de Integración Escolar lo vienen acusando desde hace mucho tiempo en Chile: aun siquiera existe una ley específica que trate el tema.

Es por eso que el término reviste una ambigüedad: no es solo que necesiten aprender habilidades sociales para poder (indicamos capacidad para) incluirse en la sociedad, sino que es la sociedad también la que pone el requisito en aspectos que no tienen que ver fundamentalmente con alteraciones orgánicas de la sociabilidad sino en restringir formas de ser,  estilos cognitivos. De ahí que nazca el concepto de “neurodiversidad” para promover el respeto por otros estilos de pensamiento que traspasan la barrera de lo “patológico” impuesta por el modelo biomédico y de la clínica, del que tanto hablaba Michel Foucault cuando se refiere a ellas como mecanismos de control social.

Y así pasa en las habilidades sociales, pasa en otros modelos de exigencia cognitiva como la atención, la obediencia, el sentimiento de soledad, etc.

El advenimiento de la “inteligencia” emocional como una nueva dialéctica de la ilustración

Nuevos conceptos de “ingeniería” que hace 40 años solo hubieran estado en la mente de Gregory Bateson

El “lado izquierdo” del cerebro como he mencionado al comienzo ha sido constantemente criticado esta década. Mucho de lo que se plantea en estudios organizacionales enfatiza en cambio el uso del “lado derecho” del cerebro: Más sintético, más globalista e intuitivo. La parte racional y analítica no encuentra hoy un punto del cual afirmarse como lo hacía hace décadas pasadas puesto que se ha construido una imagen de persona que insta a desarrollar “esa otra parte del cerebro” (hablando como si estuviéramos haciéndole una callosotomía), para evitar ser en demasía lógico y perderse en un mundo que te pone a prueba como ser social, como persona que no solamente se la pasa calculando. Incluso, algunos van más allá: Teorizan acerca de la “culpa” de un sistema que cosifica a los demás representándolos como números y cosas, en vez de acotarse a este lado que vendría siendo el bueno y el que “nunca se tomó seriamente”.

En sí, esto vendría siendo una herramienta para la construcción del progreso del ser humano, esta nueva inteligencia vendría a ser la luz de una ilustración que no está embebida de propósitos jurídicos o densamente filosóficos y que viene de la mano con la idea de desarrollo humano que tanto se vende con la imagen del hombre de corbata con su tablet en la mano.

Aquello es muestra que el maniqueísmo que caracterizó al ilustracionismo no se ha superado, o se ha recurrido a él como se hizo a finales del siglo XIX, el cual originó muchos de los esfuerzos positivistas por argumentar la idea de progreso de la humanidad, lo que a la larga terminó en algo totalmente opuesto a lo que se buscaba y materializándose en los horrores de las dos primeras guerras mundiales. ¿Teodor Adorno y Max Horkheimer hoy podrían crear otra “Dialéctica de la Ilustración”?, a mi juicio pienso que sí, puesto que la idea del progreso de la humanidad es un metarrelato que aparece siempre como una proyección de los alcances del avance del pensamiento y así como puede mutar en formas o discursos, también se podrán hacer análisis para cada uno de ellos. Si ayer fue el racionalismo, hoy puede hacerse en base a este sociocognitivismo que puede dividirse y simplificarse en capas más próximas a los deseos y proyecciones de los seres humanos y sus culturas.

Pues entonces, no cabrían dudas que las “habilidades sociales” pueden ser también un ejemplo de inteligencia, entendida desde el punto de vista sociológico. Aquella concepción puede que le cause un montón de dolores de cabeza a aquellos científicos que no quieren ocupar la palabra “inteligencia” en sectores cognitivos más acotados, como si la lógica no fuera también una parte de todo el crisol de características de la cognición humana pero en fin, para que aquello resulte como metarrelato tiene que ir en contra de algo que está declarado “malo” u “obsoleto” o “incompleto” por consenso o arbitrariedad y es entonces que la imagen de lo introvertido, lo analítico, lo racional se ve puesta en entredicho para un discurso de bienestar que pudiera estar manejado por aquellas facciones de la sociedad que siempre han ostentado el poder y sin que nadie se tome la molestia de pensar en ello. En vez de eso, preferimos consumir la cultura del “lado derecho” sin prestar mucha atención a quien la produce y en qué reglas se basa. Es como lo que hablaba Thomas Kuhn acerca de que los científicos no tenían idea de epistemología aunque supieran ocupar el método científico al revés y al derecho, acá es lo mismo, aducimos ventajas y valores positivos a un discurso que se muta para propósitos muchas veces tomados a la ligera como intervenir la introversión de un niño de por sí y sin una base más sólida que el “sentido común” que dictan tiempos como estos. Pero es lo que se toma por importante a la hora de trabajar, a la hora de proyectarnos hacia las personas, es como un libro rojo de Mao pero para quien asume el desafío de trabajar en la sociedad de redes actual.

No diré que lleguemos al ejemplo de las guerras mundiales, en realidad, esto podría producir cambios y un impacto bien fuerte en aquellos quienes por dificultades físicas, geográficas, psicológicas o psiquiátricas o teológicas inclusive no pueden calzar con las expectativas y se les toma por antemano como sujetos lejos de lo que nos hace “buenos”. El impacto por tanto, es interno. Por esta y otras razones hay que ver siempre lo que es aparentemente bueno desde un punto de vista deconstructivo, para no caer en cosificaciones y es así que el”¿porqué las habilidades sociales?”nace como un análisis que intenta evitar los abusos de una sociedad que se jacta de ser más social y sin embargo se ve más ensimismada y encerrada en sus propios asuntos, compitiendo a destajo por tratar de sacar a otros del camino y glorificando aspectos culturales que apelan a la propia individualidad pero que tienen que convivir también con el menester de no ser un ermitaño fuera de onda o un incapaz, o, por lo menos, que sepa usar el Facebook o Whatsapp.

La Pragmática de Las Causas Sociales; ¿Cuando Vociferar una Causa Puede Volverse Cancino?

Internet es un crisol de posturas de las más variadas vertientes e ideologías, a su vez, personificadas en usuarios que  toman su espacio y lo convierten en una extensión de sus formas de ser y hacer, ligadas intrínsecamente a un motivo comunicativo; informar al resto sobre lo que tu consideras esencial, vital o correcto. Desde el acoso callejero hacia la mujer, pasando por la liberación animal y el fomento al deporte o a medios de transportes como la bicicleta, existen diversos temarios (cada cual con particulares simbolismos predominantes y discursos extendidos) que hacen gala de sí en Facebook, Tumblr, Twitter y aglutinan modos y estilos de vida que pueden y son visualizados por un montón de gente.

No es anormal entonces que, como cualquier postura, existan adherentes y disidentes. La mayoría de las veces se evalúa y revisa esta oposición desde el discurso mismo, el cual argumenta un patrón general de reacción (y de reaccionarios) y se preocupa de buscar estrategias para convencerlos de que están en lo incorrecto o bien, se toma esta reacción, se le recrea y se hace mofa y se le analiza entre el humor y el rigor que ofrece y aparentan las ciencias sociales para recalcar su equivocación y ofrecer entonces el camino “correcto” (que vendría siendo el de ellos). Lejos de retratar la lucha ideológica que se ciñe en las redes sociales quiero hablar de un tema en concreto, que tiene que ver mucho con la empatía y con la capacidad de visualizar lo que piensa el otro (aunque esté “mal” o piense diferente a ti a niveles molestos): la pragmática de las posturas políticas, de presentarte.

Esa reacción que las personas manifiestan, a veces, no tiene que ver SOLO con lo ideológico sino también con un tema de cortesía, de manifestar cansancio ante un bombardeo de información que lo emplaza a inferir (fuera correcto o no) una carga connotativa en la persona que vocifera sobre aquello, y así con quienes hagan lo mismo. Se forman visualizaciones indeseables para quienes ocupan los espacios de las redes sociales para difundir sus mensajes, comienzan a aparecer términos aglutinantes como “feminazis”, “vegangélicos” “ciclista furioso” “abajista” “problemas de primer mundo” y otros tantos que aparecen como contrarrespuesta a esta transgresión que sienten hacia ellos, y paradógicamente los que promulgan tolerancia son acusados de intolerancia, de no aceptar críticas ni bromas. Veamos si eso tiene al menos una parte de razón (mal que mal estamos hablando de procesos cognitivos, que pueden ser estudiados y analizados sacando una conclusión en tanto se observe el mismo fenómeno)

¿Que ocurre por ejemplo con la/el feminista que sube (o comparte) constantemente material (y no hablemos de libros o manifiestos sino) como imágenes, frases y ejemplos típicos como “mi vida no gira alrededor de tu pene, supéralo” o “ni sumisa ni devota, te quiero libre, linda y loca”, más provocativos o afirmativos que expositivos? ¿que opinión se forma la persona de a pie? ¿como respondo yo, como hombre ante este juego de lenguajes? ¿consideraré también el hecho de que soy hombre pero tendré la madurez suficiente para no asumir el “palo” donde no lo hay o ignorarlo en el caso de que sea así? ¿o realmente si capto un dejo de resentimiento en esa persona?. El problema es que si yo hablo de resentimiento (sobre todo en ese momento), ese resentimiento que se acusa a la feminista generalmente ya está caricaturizado como una contrarrespuesta patriarcal tan común como preguntarle a una pareja de lesbianas “quien es el papá y quien es la mamá” o acusar a quienes se dejan el pelo “como los hombres” de marimachas. Entonces, cuando llega la contrarrespuesta de que la heteronorma hace que la gente piense que por llevar el pelo corto te “crees hombre” se combate efectivamente esa ídea pero la inquietud de la persona que hizo el comentario sobre si persiste en la lesbiana “marimacha” comportamientos imitativos de lo masculino por un tema de identidad se ahoga, no se corrobora y se pasa por alto. Para poder reconocer eso, para poder asumir que efectivamente dentro de tu postura política se esconde resentimiento (fuera por venganza, sentido de justicia o moral) se necesita una buena dosis de pragmática, pero también de madurez y autoaceptación. También, irónicamente, significa bajar la guardia; algo que en los contextos comunicaciones de un debate pocos quieren asumir para no dar la idea de que el otro “pueda ganar la disputa”.  En mi opinión, la gente que “baja la guardia” confesando un móvil o una forma de ser que puede ser criticable (u objeto de críticas, cosa que a veces representa situaciones comunicativas distintas) para demostrar empatía con su otro interlocutor no necesariamente tiene que “perder” el debate, la pragmadialéctica, por ejemplo, propone que además de una tesis exista una contratesis donde el punto de vista contrario se mencione también con el objetivo de visualizar los defectos de nuestra propia tesis para, paradógicamente, presentarla como la más elaborada y sólida.

Tonces, llega el término “feminazi” a colación

https://www.evernote.com/shard/s292/sh/581c7406-a02c-44db-b692-e30d791cb85b/79528e8bf99222f7e07f08d1ed0b8924

El tan famoso y recurrente término “arena”o “arenoso” se pone de manifiesto: no se puede hacer un post de feminismo sin herir la susceptibilidad de personas acostumbradas a ver lo que quieren ver, que acusarán transgresión, moda y descalificaciones ahora de antemano. Ante una situación que es aprendida (con los sesgos propios de cada persona pero pudiendo ser comunes entre personas que no les guste el feminismo) como la de una persona que no reconoce algo que cree que no es evidente para los demás, que cree solo es una generalización o una caricatura, se forma una imagen donde caberán todas y todos los feministas habidos y por haber que se les ocurra poner alguna “frase hecha” para ese nuevo reaccionario, comienzan las generalizaciones (que las personas detestamos cuando se nos hacen, pero que como estrategia cognitiva hacemos a diario sin arrepentimientos) y las burlas, entonces, ese juego tonto de descalificaciones alcanza otro nivel y la oportunidad de clarificar esa ambiguedad se pierde en la indolencia. Eso seguirá pasando si no se reconoce o se pueden revelar a esas personas que buscan cambio social no por motivos revolucionarios de peso, sino más bien por pose, por goce estético, por hedonismo o arribismo o deseo de desmarcarse de los demás augurando ser único y especial. Una lucha más bien egoista, manteniendo eso si el estandarte de una lucha colectiva por un colectivo en particular, que pasará siempre sea cual sea el movimiento social que se abrace. A veces, el hecho de constantemente difundir información sobre tu postura ideológica no indica necesariamente un deseo oculto de aceptación o de exhibicionismo sino un deseo auténtico de dar a conocer tus ideas a los demás, aquí corre el mismo factor de no adecuar bien la pragmática.

Eso es tan evidente que para cualquier machista, carnívoro, facho pobre o conservador promedio es reconocible y usable para discutir en contra de los colectivos sociales, para cada caso determinado.

 

La Intuición, Cosas que Hay que Saber Sobre Ella.

La intuición, mas de alguna vez nos sacó de un problema, o nos metió en uno. Usar la intuición es en parte jugar a las probabilidades, puesto que no existe siempre un componente que le otorgue veracidad más que el sujeto mismo que la llega a razonar, en base a la seguridad que este le otorga. Existe un consenso popular donde la semántica más próxima a la de la intuición, es la del sentido común,  donde se ponen a prueba diferentes actividades cognitivas como los modelos intuitivos, la anticipación a los problemas, los silogismos, etc. Los cuales, aun así, no son garantía suficiente para dotar de verdaderas estas presunciones.

Muchos científicos están en contra de la intuición por considerarla un tipo de conocimiento desviador del camino de la verdad, que proporciona información errónea la mayoría de las veces, además de darnos esbozos distorsionados de la realidad a investigar. Sin embargo, la intuición también abrió paso a la creación de los axiomas matemáticos. Postulados que por un asunto de autoconvencimiento, siempre diremos que son ciertas, como por ejemplo “el camino más corto para llegar a 2 puntos, es una linea recta” o “siempre habrá un sucesor para un número cualquiera”. La intuición por tanto, lejos de ser una enemiga de las ciencias duras, dio a sus comienzos las herramientas necesarias para comenzar a desarrollar herramientas cognitivas más complejas, ligadas al método deductivo. Aun así, en la psicología, este término no se lo ha catalogado como una propiedad individual.

Sin dejar que el empirismo termine por desechar por completo esta forma de razonamiento, muchas actividades diarias del ser humano están ligadas a la intuición, la cual permite solucionar problemas cotidianos más recurrentes que complejos, otras veces las personas utilizan la intuición con fines prejuiciosos, cometiendo un error muy grande al relacionar intuición con evidencia. Aun así, la intuición es un mecanismo ampliamente usado en la sociedad para segmentar grupos que podrían serle perjudicial a algunos tipos de personas (digamos, ricos y poderosos, o grupos culturales conservadores de cualquier clase social) . No hay postulado filosófico que avale este tipo de conductas, pero de todas formas se hacen igual.

Cuando una afirmación intuitiva comienza a ser evidente por si misma en base a los prejuicios de las personas, se generan conductas sociales bastante normativas, que terminan por avasallar a muchas personas en el proceso. Sin embargo, no es difícil cambiarlas si se detecta que existe un razonamiento intuitivo en ellas, a pesar de lo perseverantes que son las personas con sus creencias.

Las intuiciones también presentan un caracter coercitivo, tomándoselas como verdaderos dogmas, verdades absolutas. A veces, eso sí, carecen de esta característica convirtiéndose en convicciones, los cuales tienen un carácter más positivo. Al ser extrapolables, muchas veces la gente pierde la necesidad de validarlas con datos o experiencias de la vida que prueben lo contrario, pensando que son aseveraciones profundas cuando en realidad son meramente superficiales o que simplemente por lo “evidentes” que son, no merecen esfuerzo alguno.

La experiencia es el principal motor de las intuiciones, muchos prejuicios están relacionadas con experiencias continuas de personas, que en la adversidad, veían como un mundo hostil se cosificaba en ciertas características que dieron lugar a generalizaciones. Como el decir que todos los flaites son delincuentes. Como la intuición responde a la aplicación de un conocimiento que es muy difícil de demostrar, la decadencia en el aprendizaje del lenguaje podría inducir a que muchos conocimientos que pudieron ser racionalizados terminen siendo aplicados mediante intuición.

Una evolución en el pensamiento intuitivo, comienza cuando las personas comienzan a encontrar analogías entre unos fenómenos y otros, como el aumento de la delincuencia con el aumento de la pobreza (de cualquier tipo). Si el caracter dogmático de las intuiciones no es lo suficientemente fuerte, la intuición en si  puede ser un vehículo para el despertar de la conciencia de muchas personas. Esta característica la aprovechan los budistas zen, y en particular, algunos new age como el maestro Osho. Quienes dentro de sus sesgo, consideran a la intuición como un estado elevado de la conciencia, más importante que la propia inteligencia.

El lado malo del asunto, es, que en otros casos, el caracter dogmático si prevalece, creando en el individuo información falaz.

Piaget reitera que la intuición es uno de los estados más básicos de la conciencia. Paradógicamente, existen evidencias científicas que demuestran que la intuición puede ser más eficaz que las respuestas habitualmente racionales o mejor dicho, esquematizadas. (hay un vídeo como referencia). Por ser una herramienta rápida, es utilizada casi instintivamente por la sociedad.

Lo ideal es no otorgarle matices superiores a los que habitualmente lo hacen una herramienta cognitiva adecuada, como el resolver múltiples tareas, funciones ejecutivas básicas, entre otras de índole de la rutina. Utilizar la intuición en temas como la valoración de las personas, puede ser bastante decepcionante. Considerando que los prejuicios mantienen a la defensiva a las personas en su diario vivir, evitándoles el descubrir mundos diversos entre las personas que rondan por sus calles que podrían ofrecerle otras maneras de ver la vida.

Referencias:

http://www.degerencia.com/articulo/los_hemisferios_cerebrales_en_el_trabajo_gerencial (usos de la intuición en ejecutivos de alto rango empresarial)

http://blip.tv/redes/redes-04-la-intuici%C3%B3n-no-es-irracional-1000839 (vídeo sobre las evidencias científicas que lo avalan)

http://www.palermo.edu/ingenieria/downloads/CyT6/6CyT%2004.pdf (paper sobre la intuición, que aborda desde una perspectiva crítica)