La infancia “Rata”: Consecuencias Culturales del Mal Uso de los Videojuegos

“Eso ofende viejo”

En el año 2014, y si bien no nació exactamente en esa fecha, la utilización del término “niño rata” para designar a aquellos niños pre-púberes con una notoria muda vocal y con malos modales a la hora de hablar por micrófono en los multiplayers eclosionó y comenzó a masificarse entre personas más jóvenes, en diferentes contextos fuera de lo “gamer” (palabra que ya comienza a sonar snob).

Ante una grupo etario que se inmiscuía cada vez más en contextos donde la buena crianza amerita que no estén ahí (como los juegos para mayores de 17 años -hablemos del GTA-)  los jugadores más maduros y experimentados, cansados de sufrir constantes abusos verbales y recordatorios de las abnegadas profesiones de sus mamás “batallaron” por encontrar un término encasillatorio que fuera mucho más certero que simplemente decir “pendejo” o “malcriado”. Dentro de foros de internet, comentarios en blogs, hilos de Facebook, la Deep Web… y a través de los años. Algo que sonara mucho mejor que un simple insulto que revelara a esa infantil mente lo irritados que estaban y los parara en seco, algo que les molestara pero que fuera difícil de sacarse.

Los encasillamientos son algo común y poco deseable; precisamente tratar a un niño (con justa razón o no) de “niño rata” es una manera de mantener fuera del círculo (de placer, hablamos de jugar videojuegos) a aquellos que son una molestia, molestia que se traspasa al mundo gamer por una obvia razón: Son jugadores de videojuegos pero también porque son consumidores de un espacio cultural que los espera sin reglas, sin obstrucciones morales, sin cuestionamientos, fuera de la realidad física que sus padres o la carga horaria de los mismos les restringe. Aceptémoslo, cuando hablamos que los videojuegos son una niñera, no lo hacemos intentando demonizar al videojuego per se. Lo que molesta es precisamente la falta de consciencia social que se tiene a la hora de tratar al videojuego como un mero consumo, cuando dentro de sí agrupa diversas culturas, lenguaje y formas de pensar que son cognitivamente más complejas.

A lo que me refiero es que los videojuegos son una potente plataforma de comunicación. Un niño de 10 años que pasa todo el tiempo encerrado jugando en el pc y engordando, sin interactuar con otras personas de carne y hueso en contextos ecológicos físicos más que en la rutinaria escuela (donde ya pasa la mayor parte del tiempo encerrado), que tiene que aguantar cómo sus padres llegan a las 9 de la noche sin tener tiempo para criarlos o incluso de amarlos como debe ser, que siente miedo de salir a la calle a jugar porque lo esperan iracundos los delincuentes, los drogadictos y los narcotraficantes que ve por las ventanas o por la televisión, va a convertir en los videojuegos – en lo que lo acoge y refugia del mundo exterior – algo significativo en su vida. Lo utilizará para expandir su conocimiento del mundo y lo hará muchas veces sin medir las consecuencias. Es por eso que estos problemas desatendidos comienzan a expresarse ante situaciones recreadas donde pueden aparecer los productos de estas carencias afectivas o evolutivas generadas por la deprivación de experiencias ambientales significativas: la poca tolerancia a la frustración, el deseo impulsivo de ganar siempre, la poca empatía, la xenofobia… y quienes tienen que recibir eso son otros jugadores que también tienen que lidiar con esos problemas en mayor o menor grado, convirtiéndose todo esto en un hábito.

Los videojuegos no deberían ser un vector de transmisión de las malas costumbres instauradas y validadas por la sociedad o al menos no debería ser tan fácil, pero lo es. Los niños que expresan estas carencias son el producto de estas interacciones complejas que pocos se toman la molestia de subsanar, de hacer evidente. No podemos culpar a los vídeojuegos de algo que tiene su núcleo en los discursos que la sociedad maneja a la mala, pero si podemos comprender que el mal uso de los videojuegos generó a la larga un hábito de conductas descalificadoras que se ven reforzadas de manera progresiva conforme avanzan las generaciones. Son esos niños quienes mañana exterioricen eso hacia los demás en la vida real y aunque la presión social no te permita burlarte de los niños con progeria o de los admiradores de My Little Pony, la base de esa conducta seguirá.

Es ahí donde existe la consecuencia cultural. El videojuego entonces se convierte cada vez más en un aparato de situación de aquellas molestias que no son abordadas en lo real y que son relegadas a una instancia placentera que las hace olvidar, validar o cosificar. El videojuego entonces, como diría Marc Augé, es también un NO LUGAR cuya identidad y comunicación sin embargo, dado la enorme carga simbólica que los niños y adultos que juegan hacen ante una construcción cognitiva más compleja, dotan de significancia a lo que anteriormente fue considerado una comunicación sintética, como de Check-In de aeropuerto. Los seres humanos se las ingenian para dotarlas de mayor complejidad y no debería de sorprendernos.

Y sin embargo, aunque se subsanase lo que menciona Marc Augé, sigue siendo un no-lugar del cual poco se sabe su impacto empiricamente hablando. Muchos se resisten todavía a hablar de adicciones a los videojuegos dentro de lo cotidiano, es más, tanto sirve a la sociedad este No-Lugar que cuando la psiquiatría tome cartas más serias en el asunto en los países en vías de desarrollo (en Corea del Sur ya se tiene registros oficiales de la gente que muere por ser adicta a los videojuegos) habrá un notable quiebre generacional, que obligará a confrontar este problema de una forma más directa y hablar de lo que sigue en el tapete y se trata de evidenciar con cada “niño rata” que se elicita.

Y es que es una palabra precisa, ningún niño quiere que lo asocien a un animal así pero en vista de los antecedentes antes recabados, sorprende que la palabra haya nacido del simple análisis perceptivo de la muda vocal, va para mucho más. La actitud escondida de las ratas bien puede ser emulada en este fenómeno social tanto de los niños rata que tienen que ser resguardados en las madrigueras acondicionadas de recompensas y dopamina y de aquellos adultos que también le temen a exterior y reproducen conductas que refuerzan el resguardo hacia este. El lenguaje también se altera, se vuelve más aprosódico y monointenso, más dispragmático. Con el tiempo se convertirá en variable sociolingüística y tendrá resguardo para que no sea discriminada.

Si no me creen… 

Es por eso que estoy en contra de esta generación, tan resguardada, sin calle, sin consciencia de los otros pero que no responde más que a las nuevas exigencias de una sociedad que rinde culto a la individualidad e intenta en vano convertirles en seres humanos indolentes. Ante estos antecedentes la idea de buscar culpabilidad en un montón de bits parece tonta, pero como dije antes, si se sigue pensando que un No-Lugar nace de la nada estamos mal. Se diseña adrede por una comunidad.

Por último, no está de más decir que los niños son las principales víctimas de todo esto, el abuso de los videojuegos fabricará a los hombres del mañana, quizás esa frase resuma la consecuencia cultural de la cual intenté ahora explicar.

 

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Perspectivas Críticas sobre la “Rehabilitación” de los Presos

Hace algún tiempo, en mis primeros días de anarquista, mi opinión acerca de las cárceles fue bastante negativa por el hecho de limitar la libertad de la gente y de ser una burla de si misma al prometer “rehabilitación” pero ofreciendo espacios mal cuidados y negligentes que difícilmente podrían admitir alguna esperanza de convertir criminales en individuos “activos” para la sociedad (jajajaja, activos). Era una visión bastante idealista del asunto, pero aun así he seguido conservando algunos aspectos positivos de la crítica anarquista hacia las cárceles y el sistema carcelario, teniendo en cuenta eso si, un hincapié en tocar otros temas que abordan críticamente el tema de la “rehabilitación”.

Las cárceles muchas veces ofrecen programas de “rehabilitación” para sus presos, que lamentablemente se alzan como fachada ante los organismos internacionales que las monitorean puesto que en países como Chile, la cárcel se le considera como un centro de aislamiento de criminales potencialmente peligrosos para la sociedad y no como un centro donde aquellos que siguieron caminos delictuales puedan volver a comenzar. Descuidando aspectos como el hacinamiento, la arquitectura, el ofrecimiento de espacios recreativos o de reencuentro con sus familiares o amigos dado que no se ven como prioridades a la hora de construirlas. La cárcel como estructura inspira terror para quien está potencialmente expuesto a ingresar allí como para quienes trabajan en ellas o quienes viven cerca de sus instalaciones, mientras que en otros lugares donde se habla de “rehabilitación” (como los hospitales, las clínicas y los centros comunitarios) las cosas son muy distintas.

Sin embargo, esa “rehabilitación” (propuesta como una alternativa al “saneamiento” de los criminales) cae en contradicciones y es discutible.

Quienes pueden optar a “rehabilitación” por lo general solamente son convictos con antecedentes de buena conducta, que para lograrla, deben sortear la hostilidad de la población carcelaria así como también el hacinamiento y un montón de otros factores que alteran la conducta de quienes viven en ellas (puesto que los estresan). Se escoge con pinzas solo a quienes son vistos con la potencialidad necesaria para dejar el camino del crimen, y sin embargo, de estos escogidos son pocos los que continúan con los programas y logran efectivamente “rehabilitarse”.   Por tanto, tal concepto no es universal ni representa la base del sistema penitenciario mismo.

Hablar entonces de rehabilitación, es ambiguo (y hasta de cartón). Tanto por el hecho de que la mayoría que ingresa a la cárcel no solo no puede optar a estos programas sino que sigue reincidiendo como también por el hecho de que la “rehabilitación” misma encierra inconsistencias con sus propuestas. ¿Rehabilitar en torno a que? ¿a que el preso deje el camino del crimen y trabaje? ¿en que tipo de trabajos podría desempeñarse alguien con antecedentes penales? ¿que tipo de sueldo ganará alguien que presenta tales antecedentes? ¿sera posible con eso romper los círculos de segregación y pobreza de donde estas personas provienen? ¿pesa como alternativa reingresar supuestamente a la sociedad y observar que la alternativa de seguir dentro del lumpen es inclusive más segura para ellos cuando los mismos organismos que promueven la rehabilitación no hacen nada para introducirse en las raíces mismas del lumpenaje y corroborar todo el nivel de segregación en donde se encuentran?

Entonces, esa característica de la “fachada” cobra aun más protagonismo y sentido en un sistema donde a la par de retener individuos que resultan peligrosos por su forma de actuar, suelta a los “rehabilitados” en las mismas zonas donde deberían potenciar ciertos cuidados y derechos primordiales de las personas que viven ahí para evitar que reincidan. Solo podría aumentar el número de personas escogidas y hacer gala de la estadística de una forma lo suficientemente poderosa como para tapar el problema y no dar la impresión de que se les está escapando de las manos. Lo mismo sucede con las medidas de tolerancia cero al interior del poder judicial que a vista del público general parecen medidas ejemplares pero que a la larga incrementan notablemente la población penal, no teniendo necesidad de publicitar sus programas de rehabilitación dado que son medidas populistas. ¿Para que si la gente está feliz cuando meten más gente presa?

Además, la rehabilitación como concepto está anclada a un concepto platonista que antiguamente fue muy utilizado, el cual es el encierro del hombre para educarlo. Concepto que proviene desde los tiempos de los monjes de la edad media que se retiraban lo más posible de la población para realizar sus investigaciones.  Existen similitudes entre el sistema penitenciario y la antigua pedagogía por el hecho de que una prisión es un lugar que se enclava lejos de la población, donde las diversas organizaciones aplican su ortodoxia con la plena libertad que les da el hermetismo. Parte de esa filosofía la podemos ver también en las clínicas mentales y en las escuelas, o en cualquier otro lugar que requiera moldear al individuo.

Pero el hecho mismo de necesitar acabar con la libertad, no es sencillamente poniéndolos en una celda. Es su aislamiento del mundo exterior lo que potencia la creencia de que la cárcel los reformará y les dará todo lo necesario, dado que es una filosofía de corte platonista donde la importancia radica en aislarse de aquellos lugares que potencian los “malos comportamientos”. (el barrio, las amistades, la familia y las drogas) y privilegiar el acercamiento de las personas a una “verdad” (que sería en este caso los programas de rehabilitación”). Pero como en toda filosofía platonista, no hay mucho interés por preocuparse por lo “mundano” (en este caso, las familias y los barrios que viven sumidos y segregados en la pobreza).

Es por eso que todos estos programas están atrapados bajo un cierto idealismo, y tal vez, considerando lo que les espera de vuelta, en una actitud ilusa. Aquello se puede romper considerando el libre albedrío y la autodeterminación tanto fuera como dentro de la misma cárcel. El darse cuenta que existe un estado que constantemente vigila a sus ciudadanos y de acuerdo a ciertas actividades los catalogan como personas de bien o como potencialmente peligrosos y en el que burdamente existen personas que creen que pueden transmutar el plomo en oro.

No dudo en que dentro de la cárcel puede haber gente que desista del camino del lumpen (sin intermediación burocrática) puesto que este es funcional al capitalismo, a tal punto de ejercer terror y sumisión en lugares donde la mayoría de los capitalistas y burócratas tendrían una feroz resistencia (como puede ser un barrio obrero) o más cómicamente por el hecho de que les da miedo (dado que han estado más aislados del resto de la población también). El dejar que el lumpen se engrandezca es una estrategia hábil por el hecho de que reduce la conciencia de clase al interior de las poblaciones a su ves que produce que la gente dependa más de los organismos de seguridad y por tanto, ofrezca más apoyo a los poderes fácticos que les vendrán a “salvar de la delincuencia” (claro que solo hasta cierto punto).

Por eso, no me atrevo a hablar de rehabilitación, salvo si ese esfuerzo es genuino y la lucha posterior les sea recompensada. Nótese que todas las palabras en comillas son irónicas.

El Caso del Colegio del Verbo Divino y la Pedofilia. Una Unión Tribal Déspota.

Es extraño que solo encuentre esta noticia en un diario como La Tercera. Quienes vendrían siendo uno de los pocos diarios en el país que se refiere al caso de pedofilia documentado en el famoso colegio cota-mil “Liceo Alemán del Verbo Divino”. Tal vez sea porque es un caso polémico para la alta sociedad y los aspiracionales que matriculan a sus hijos allí, lo cual no deja, eso si, de ser una situación que puede representarse de manera didáctica para dejar en claro algunos asuntos relacionados con el abuso sexual a menores por parte de miembros de la iglesia católica.

Primero que nada, los links de referencia:

http://www.latercera.com/noticia/nacional/2012/01/680-423062-9-congregacion-verbo-divino-le-brindara-todo-su-apoyo-a-sacerdote-condenado-por.shtml

http://www.lanacion.cl/verbo-divino-senalo-apoyo-a-sacerdote-condenado-por-abusos-en-chicureo/noticias/2012-01-09/131459.html

Y el artículo periodístico que originó todo http://ciperchile.cl/2011/04/14/fiscalia-de-colina-presenta-acusacion-contra-sacerdote-del-liceo-aleman-del-verbo-divino/

Carta del Colegio en cuestión: http://www.verbodivino.cl/news/single/199

Como se logra leer en los comentarios de los lectores de La Tercera, existe un notable desacuerdo ciudadano ante las acciones de los pedófilos sacerdotes de la iglesia católica, los insultos no se hacen esperar, se ataca eso si cada vez más a la iglesia como institución que a la persona en particular que cometió el delito. Lo cual indica (para mi) una metonimia donde la iglesia es la total responsable por las acciones individuales cada vez más numerosas de sus integrantes.

Sin embargo, no se le está dando énfasis a algo que conviene recordar. En la Noticia de La Tercera, el colegio verbo divino sigue presumiendo de la total inocencia de su sacerdote, cuidando eso si de recordar su acato a las leyes nacionales, seguramente como una manera de “no quedar mal” ante la opinión pública. Le ofrece apoyo justificando el hecho de que aun no termina el proceso judicial. El problema es… ¿quien defiende a los niños abusados?

¿Es una muestra de tino, que un colegio que se supone, alberga a los hijos de la élite nacional demuestre antes apoyo a un sacerdote acusado de pedofilia ANTES que a los niños abusados y a sus familias? ¿niños de 4 años, que recién comienzan a vivir y que atraviesan por diferentes etapas críticas del aprendizaje, que seguramente fueron mermadas gracias a las actitudes lascivas y depravadas de un sacerdote? ¿acaso las pruebas psicológicas que demuestran y dan prueba de ese abuso le son indiferentes al plantel educativo?

¿Es acaso correcto que para emparejar el marcador, luego de defenderlo digan esto?

“Sin perjuicio de lo cual, frente a los impactantes hechos que han sido materia de juicio público, queremos expresar nuestra solidaridad con todos aquellos que son víctimas en esta dolorosa situación“,

Una verguenza que los planteles educativos católicos, por una cuestión de sectarismo no sean capaces de sacarse el árbol que les tapa el bosque. Un pedófilo es un pedófilo aquí y en la quebrada del ají, defenderlo a pesar de todo el arrastre emocional de sus 2 ex-alumnos es un golpe tan bajo a su autoestima y a su integridad de seres humanos que me da pena, que aun estando en un estrato social con tanto acceso a la cultura, prefieran defender a un pedófilo que a un niño abusado.  Es una pena también que por una cuestión de costumbres y estructuras, aun muchos colegios como estos no se atrevan a hablarle al alumnado sobre estos asuntos, poniéndolos siempre debajo del tapete como si fueran meros hechos aislados. La pedofilia cada vez más deja de ser indiferente ante la sociedad, y si la justicia no tiene los suficientes cojones para meter en la carcel a una persona influyente quiere decir que esa falta de conciencia está presente, más que nada, en las clases más altas de este país.

Llega a ser impresionante la cohesión grupal de estos grupos religiosos. Ahora, ¿quien les otorga ese poder?

Los apoderados que aun no quieren asumir este tipo de escándalos en sus colegios, defienden a toda costa a los profesores y sacerdotes que les impartieron la educación que les permitió hacerse más ricos, le temen a la figura de autoridad que representa ser un miembro de la iglesia, sus vidas han estado atadas a los designios del catolicismo más que cualquier otro grupo social del país. Irse en contra de ellos supone un cisma a sus estilos de vida y es por esto que muchos apoderados callan y a la vez otorgan.

y el otorgado en estos casos, siempre será el pederasta. Quien no contento con aprovechar su imagen social cuidadosamente maquiavelizada, deja que sus propios feligreses sean los encargados de defenderlo a ojos cerrados.

Una pena, realmente por estos hijos de puta. Los niños no merecen tipos como estos viviendo en la tierra. Este tipo de arengas perjudica la comunicación estratégica que los planteles educacionales tienen el deber de preservar a la hora de informar a los niños de los peligros que pueden haber respecto a la violación de sus derechos más fundamentales, como es el respetar su cuerpo y espacio personal.

Saludos Libertarios