¿Cómo ser Menos Circunstancial a la hora de hacer Críticas Sociales?

Se acerca 12 de octubre y quizás en los muros de las redes sociales abunden los mismos dimes y diretes de siempre respecto al rol colonialista del “descubrimiento” de América, lo de todos los años, tal vez es recurrente el tema de tener que hacer críticas constantes para las desastrosas consecuencias históricas y culturales que ocasionaron las guerras y matanzas a los aborígenes de nuestro bien amado continente, pero hoy por hoy, tal vez se juzgue más como una pose, un mero recordatorio de un momento fortuito para dirigir descargos de apatía contra la masa y vanagloriarse por ello. ¿Por qué no admitirlo?

No es que nos hagan creer a drede que todo descargo de crítica social por redes sociales sea por moda, pero no podemos negar que a veces nos volvemos circunstancialistas. Con lo de Sename también pasó: la preocupación hacia los niños vulnerados y maltratados cayó en la palestra solo después de que una niña muriera y se destaparan las miles de muertes que vinieron antes que ella, pero tal vez esos niños merecían preocupaciones de antemano de nosotros. Les dimos la espalda y pretendemos luchar pero pudimos bien haberlo hecho antes, cautos, es nuestra culpa pero tampoco es preciso tener que esperar a que otro caso se destape para actuar. El dilema es… ¿somos competentes pragmáticamente para hacerlo?

Llegan los días clave y parece que toda nuestra energía anual se depositó solo para tal acontecimiento, a ojos de quienes pretendemos convencer (la sociedad) no es muy conveniente ni convincente ser circunstanciales. No es conveniente hacer los análisis sociológicos de rigor cuando detienen a un menor de 14 que atacó a un poblador y asesinó a un padre de familia para que luego el facho pobre implore a gritos que lo asesinen “por lacra”, esos análisis debiesen estar presente desde el principio, atacando las consecuencias directas de la pobreza y la marginación apoyando a nuestras nuevas generaciones en terreno (y no alumbrar “desde las bases” como léxico egocéntrico). ¿A quién queremos purgar de culpa? ¿por qué hay que gastar 300 lineas para dar a entender lo que ya es evidente? ¿por que hacer de las explicaciones verdaderas displicencias “jesuitas” o actos de fe para purgar un poco nuestra irremediable culpa social?

¿Será por el abajismo? ¿será por falta de tiempo?

Como sea, hay una delgada línea que separa al proselitismo de la ponencia solo circunstancial; está en tomar una actitud activa pero también inteligente pragmáticamente hablando (y no hablo de pragmatismo, sino de pragmática como rama de la lingüística) y eso requiere cierta mesura, cierto cuidado de ser constante a la hora de hablar por sí mismo de nuestra postura ante los problemas sociales. No llegar a saturar con información pero tampoco restringirse a momentos, meros momentos.

Los análisis, deben ser parte de ti, un hábito, algo así como que salga “sin querer” en palabras de Walter Benjamin. Cuando integramos el análisis a la vida diaria muchas veces nuestra construcción de la realidad (como pensamiento, cognición) integra nuestras ideas semánticamente por ser significativas para nosotros, nos tocan y nos hacen sentido si somos los suficientemente sensibles (cosa que se logra, no es que sea innata) y es inevitable ver estos aspectos  e interpretar la vida diaria a medida que nos desaburbujamos. La alternativa para no llegar a ser circunstancialista primero es reconocer que detrás de la crítica de la masa anteriormente mencionada hay algo de “verdad” que se esconde dentro de ella. La crítica social también puede volverse un acto de galanteo, pedante a ojos de los demás (sobre todo si se concentran solo en ese aspecto porque no comprenden el contenido) y es común verlo sobre todo en ciertas páginas (no digamos Noesnalaferia), por lo que depende de nosotros no volverla un fetiche.

Evitemos la pose, evitemos acordarnos de nuestros hermanos mapuche cada 12 de octubre solamente, salgamos de nuestras zonas de confort y conozcamos más, saquemos un poco el Hommodolars o El Desconcierto del polvo un rato. Es más que una primicia de medio de comunicación social y es obvio que el tema es trascendente en el tiempo por sí misma, solo requiere algo más de trabajo y quizás más de motivación intrínseca.

la “Friendzone”: Cuando Decir Machista no es Suficiente Análisis.

La “Friendzone” aterra hoy casi como aterraba la Inquisición hace muchos siglos atrás.

Aterra como ejemplo de exacerbación del miedo al fracaso en una sociedad que no quiere conocerla jamás a la cara . Aterra porque decir “no” se vuelve pragmáticamente más difuso en una era donde “dejar en visto” resulta más fácil y cínicamente apropiado. Aterra porque quienes viven el proceso, deben hacerlo desde un contexto de intimidad donde las competencias comunicativas están reducidas gracias a los otros factores mencionados, volviendo más difícil algo que debería ser conciso…

Y aterra porque dentro de su dinámica se encuentra encerrada una abrumante y potente carga de género inventada, producto de los moldeamientos culturales hechos para pensar de antemano que es la peor de todas las noticias afectivas.

Pero llamarlo machista no es hacerle honor a lo compleja de la situación. El verdadero epíteto que debe llevarse es el de sexista. Veamos por qué:

Resulta que una de las críticas más frecuentes al constructo de la “Friendzone” radica en el hecho de que su difusión amplía la idea de que las mujeres deben aceptar obligatoriamente a aquellos hombres que las tratan con cariño, caballerosidad, mimos y actitudes de “buena crianza”. Eso es aunque sepan en el fondo lo hacen con deliberación sexual. ( o sea, hablamos siempre de un interés detrás, algo no genuino).
Como nuevo concepto que se masificó, aceptarlo significa un peligro para la integridad psicológica de la mujer puesto que debe ahora enfrentar la presión social para no ser catalogada de “mala persona” por rechazar a aquellos hombres que eligen “esa táctica” para conseguir fornicar o inclusive una relación afectiva estable.

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El clásico motivo de crítica recae en generalizar todos los casos de “Friendzone”solo desde el prisma de manipulación. (Abajo: Tom y Summer de “500 días con ella”).

 

Otro punto es que, a menudo (por cognición social), percibimos a aquellas personas que continuamente “denuncian” que han sido enviados a la Friendzone como poco agraciados, perdedores y onanistas a los que no corresponde hacer del sexo una cuota democrática (no porque sea machista de por sí sino porque la mayoría de las veces se menciona, admitámoslo, que “no se lo merecen”) . Así como lo percibimos, así lo denunciamos y cada vez que sale el tema a colación cuando a alguien se le ocurre decir que lo mandaron a la “Friendzone” en una página de izquierda universitaria pues llegan de a poco las primeras epístolas: las de la Friendzone como constructo machista y las de la Friendzone como un invento de onanistas que merecen compartir celda con los abusadores sexuales. Ambas, superficialmente referenciadas a las ideas feministas.

Pero se ignora un hecho importante: para hablar que el lenguaje crea realidades (frase que usan en los debates como quién juega cartas Yu-Gi-Oh!) se necesita saber que el lenguaje genera aprendizajes (o si eres Piagetano, al revés), y así hablamos de un presente donde un sujeto machista “llora” porque las mujeres no sucumben al rol de Nice Guy que adoptó para tener (algunas) relaciones sexuales (ojo, más que acto sexual), así hay que hablar de cómo este aspecto externo, superficial, se terminó gestando y manifestando en nuestro espacio.

La heteronorma ajusta los ideales de macho desde tiempos inimaginables, tiene un fuerte componente histórico que también ha mutado en apariencia para mantener nuestros privilegios de macho. Sin embargo, también hace escalas entre estos machos  y ciertamente depara un destino peor para aquellos que bio-psico-socialmente no calzan con los cánones que se van gestando como apropiados para ser un macho vigoroso y merecedor del premio final. Para no calzar con un canon (como acto semiótico) primero se necesita verificar que tal canon no nos calza y es ahí donde entra la sociedad en su conjunto y las comunidades más próximas donde viven los sujetos. Primero, los hombres que sí cuentan con el factor social a su favor o que cuentan con poder, fama, riqueza o belleza conformarán sus propios grupos de privilegiados a los que estas personas no entrarán y serán segregados (directa o indirectamente) por 3 razones:

  1. Por no dar la talla (no ser lo suficientemente o apropiadamente “macho”)
  2. Porque sus ideales de macho son rechazados a priori por el sujeto en cuestión
  3. Porque en su indefensión, el sujeto comprende que nunca llegará lejos aun si acepta esa carrera y, por tanto, comienza a rechazar los ideales de macho o bien, hará del asunto un sincretismo (ocultando en el fondo el interés hacia la mujer como objeto por falta de desarrollo emocional, ignorancia o por aspectos patológicos de la personalidad).

La segunda alternativa, por arte de magia, no la mencionan en los debates. Y tampoco se menciona que aquellos grupos de privilegiados también están conformados por mujeres.

Estas personas no nacen bajo estos parámetros innatamente, se van desarrollando a medida que aprenden los aspectos más elementales de la cultura en la cual viven. Aprendemos también que existen ciertos discursos que se repiten constantemente respecto a cómo (creen que deberíamos) actuar al momento de intentar establecer una conexión afectiva con otros y es ahí donde se menciona ser amable, caballeroso, atento, dedicado, dulce, tierno y un laaaargo etc. Lo aprendemos de niños (y nos los enseñan los hombre y las mujeres también), lo manifestamos en nuestras conductas como actitudes (las que son socialmente aprendidas y son almacenadas en la memoria a largo plazo) y van interiorizándose a la vez construimos hábitos con ellos. Lamentablemente, estos hábitos se nos garantizan que son los más apropiados (por las normas sociales de convivencia y en parte por la heteronorma -que cree que solo son para coquetear-) para realizar tales conexiones muchas veces sin detenerse en los aspectos éticos, un niño o niña sin un desarrollo afectivo apropiado no entenderá un no como respuesta, pudiendo encontrarse en peligro de manifestar esa disonancia en un contexto de género, construyendo así una dominación estructural. 

¿Pero es algo solo machista? ¿vale la pena llenar los Tumblr de fotos diciéndolo? no es simplemente machista, es sexista. Y sigo dando razones:

Cuando crece, ese adolescente que no siente de por sí algo propio ser el macho clásico propuesto por la heteronorma (bello, con poder, fama o riqueza) pero que aun no profundiza en las implicancias, tuvo que mamarse “la alternativa” o bien, decidió que las conductas propuestas como alternativas no deben necesariamente seguir el premio final (lo que puede pasar, sin pecar de iluso). Ese proceso de todas formas fue traumático: desde niño tuvo que aprender que quienes no prefieren llamar la atención no tienen muchas chances de conectar sexualmente con alguien en comparación a los que si se ajustaron a los cánones. Tuvo que aprender que por ser malo para jugar al fútbol no las tendrá muy fáciles con el éxito social, tuvo que aprender que ver animé en algún momento dejó de ser una actividad vicaria y pasó a ser una etiqueta para quienes son los últimos en la fila de los almuerzos. Tuvo que aprender no porque haya visto el manual secreto del éxito social que todos esconden  un congreso donde se determinó que así sea, lo aprendió de la experiencia que ocasiona el rechazo por parte de otros (hombres y mujeres)… y aparte de eso encima sigue escuchando el mismo discurso de ser amable, caballeroso, atento, dedicado, dulce, tierno y un laaaargo etc. O sea, durante el proceso de conformar grupos y en donde resultó más aletargado y vulnerable, aquellos hábitos aprendidos durante la niñez cobran relevancia en la pubertad y adolescencia porque se convirtieron en información considerada como afectiva, y entra entonces en juego para conocer gente y dentro de eso caber la posibilidad de esperar, ingenuamente, algo a cambio porque se sobrevaloriza a una sola persona o se infravaloriza a priori la capacidad de uno de poder establecer los lazos afectivos que queramos.

Y lo peor es que ese discurso te enseñan que específicamente aplica para UNA SOLA PERSONA, la que te gusta, de la que te enamoraste (encima se aprende aun del amor como un poseer del otro, Erich Fromm sigue revolcándose en su tumba). Por lo que de desarrollo afectivo ni hablar, tamos fritos.

En sí esta misma fórmula aplica para que los hombres menos ajustados a la heteronorma zorrona tengan que creer que son una mierda que solo puede depender de su suerte e insistencia para poder conectar con SOLO una persona. De ahí a que la friendzone sea considerada también (idiotamente) una catástrofe porque se ve la posibilidad de tener pareja como nula, como un fracaso en una era de poca tolerancia al fracaso, y en donde este se viraliza (por cuenta propia o por otras personas) y es percibido por las demás personas con un arousal que no se la merece en realidad, haciendo que otras personas vean mal a las personas que son rechazadas y adicionen prejuicios a quienes son rechazad@ por 2 razones:

  1. Porque como personas demasiado insistentes ignoran los derechos de las mujeres a decidir por sí mismas en su afán fatalista de creer en un futuro predestinado (razón comprendida por quienes comprenden los principios básicos de la igualdad de género y que considero correcta)
  2. Porque no se ajustaron, una vez más, a la norma. (Aquí llega el clásico insulto del onanismo, del cual por sí también es sexista porque condena al onanista como ejemplo de un “menos hombre” que nunca consigue minas)

Y en una sociedad sexista (conformada por hombres y mujeres), la segunda, por demografía, es la que más predomina. También, por arte de magia, no mencionan ese aspecto.

Si bien, el aspecto de la Friendzone afecta también a las mujeres, son los hombres que desde pequeños aprenden actitudes que no nacieron necesariamente con un fin cosificantemente posesivo de la mano de sus madres, tías y mujeres de su comunidad para tratar a las mujeres con respeto al género y, a su vez, (e irónicamente) son muchas veces las mismas mujeres quienes afirman que tales actitudes de ser amable, caballeroso, atento, dedicado, dulce, tierno y un laaaargo etc son también discursos válidos para establecer conexiones de interés sexual con otr@s (pudiendo aquellas referentes ser herederas de una tradición machista de la cual no han deconstruido o bien efectivamente hablan con toda la bondad del mundo para satisfacer la curiosidad de ese niño sobre cómo establecer lazos con otr@s)

Y convengamos que establecer conexiones de interés sexual con otr@s NO ES MALO!, muchas veces se comete el error de condenar el interés sexual del hombre hacia una mujer desde un prisma de que buscar a otro con un interés sexual es como si trajera por dentro las ganas de abusar, someter y maltratar. ¿Hay que ser así de maniqueístas?

En tanto ese niño aprende que ese discurso sirve bajo ese propósito, también al crecer y volverse adolescente es capaz de observar la contradicción entre dicho y hecho cuando observa (y cree al observar) que mientras le dicen generalizadamente que tales actitudes de ser amable, caballeroso, atento, dedicado, dulce, tierno y un laaaargo etc son las apropiadas se sienten atraídas más por lo contrario, por los hombres validados por la heteronorma más zorrona: por el “chico malo”, por el poderoso, por el rico el bello y el famoso (y por sus hábitos, explotados por la heteronorma). ¿Qué análisis queda para esa comprobación si además de tener que vivir y sentir el rechazo de sus pares adecuados a la heteronorma observa que sus referentes más cercanos del género opuesto (su comunidad) se calientan por lo general (no va a faltar quién me critique por usar esa palabra) y por “libre decisión” de aquellos que la heteronorma celebra como referentes genuinos? pues entonces (y luego de una decepción) se entra en una disonancia cognitiva y se comienzan a compartir visiones de ambas posturas para que al final quede la última. Así ocurre y, por lo general, no se admite que los referentes más cercanos al ideario heteronormativo (que comúnmente asociamos como machos alfa) calientan, por lo que esa contradicción que vive la tendrá que rumiar en silencio, a veces sin el apoyo de pares (o por el contrario, el apoyo de pares llega a conclusiones simplistas y condena la contradicción desde el machismo, reforzando esta conducta al final en el adolescente). Por lo que su desarrollo afectivo tendrá de todas formas una dificultad grande, como de esas etapas psicosociales de las que hablaba Erik Erikson.

En la adolescencia uno está impaciente por lograr una conexión con otros no solo en lo sexual, sino también en lo fraterno. Es fácil dentro de esta contradicción, analizarlo superficialmente y decir que las mujeres tienen la culpa (actitud ya de por sí machista) pero también es fácil achacar el proceso de llegar a la culpa machista si dentro de ese contexto no existe apoyo y consejo o el apoyo que hay refuerza la conducta machista y terminan por construir juntos un concepto de género distorsionado.

Y para qué decir del concepto de buscar lo único, de pretender que hay una única y especial que merece el pedestal, que es lo más preciado por sobre el resto, que hay que luchar hasta el final por demostrar que eres lo suficiente para el/ella… por lo general ambas actitudes van de la mano y son nefastas para quien las asume porque la limitan a una mentalidad de escasez. Hacen que la persona se centre empedernidamente de una sola persona en vez de cuestionarse la actitud y decirse a sí mismo que tiene la capacidad suficiente para conocer a las personas que quiera y sentirse cómodas si lo desea. Centrarse en una mentalidad de escasez te cosifica a ti mismo y a tu afectividad, te amaraña en un lenguaje donde te obligan  a buscar un complemento que encaje dentro de esa construcción distorsionada de los sentimientos y termina por cosificar a otr@s en el camino.

El problema es que, para los hombres, aun no existe un discurso de liberación ante esta forma coercitiva de crianza que se explique y se construya desde un nuevo concepto de la masculinidad explicado desde adentro de estas comunidades (ya de un punto de vista más neutro). El feminismo ha logrado y desarrollado teorías, prácticas históricas que han llevado a repensar las cosas desde la prisma de un punto de vista de género femenino pero los hombres no hemos hecho lo mismo desde los aspectos más unidos a lo que es la construcción genuina de nuestro género, no hemos hecho aun algo denominado como masculinismo.

Entonces, ¿qué puedo criticar de la crítica de considerar machista el concepto de Friendzone entonces? varios puntos a enumerar:

  1. No mencionar que dentro de esta enseñanza de actitudes de Nice Boy, pueden existir al principio intenciones manifestadas por las mismas mujeres a través de la enseñanza (lo que no implica negar toda la maquinaria machista paralela a eso)  y que pueden perfectamente ser consideradas como inocuas por ellas mismas manifestando, eso sí, de antemano que el asunto va por el respeto y no por tratar a toda costa de conseguir novia
  2. Olvidar que existe cierto personaje de personas que presentan estas conductas de manera espontánea, a veces sin la intención de subyugar a otros y muchas veces porque aprendieron una “especie de discurso igualitario” hacia el trato de la mujer, entendido así en sus propias comunidades.
  3. Tratar a quienes demandan que “están en la Friendzone” solo como victimarios, olvidando que el proceso formativo de aquellas actitudes recae también en aspectos históricos y sociales, que los hombres viven de manera distinta y a menudo con dificultades, unas producto de la heteronorma (por condenar la construcción de grupos con diversidad de género)  y otras por las mayores dificultades biológicas y psicosociales que los hombres tienen al aprender a desarrollar adecuadamente su afectividad (principalmente la comprensión de las emociones).
  4. Olvidarse que la heteronorma juzga por categorías y que dentro de estas categorías, aquellos que no dan la talla en los cánones considerados más atractivos, deben recibir la violencia discursiva correspondiente para ellos desde que son niños, hasta que terminan por aprender alternativas (las que terminan por hacer creer que su éxito en el placer de gustar y hacerse gustar depende fundamentalmente de su insistencia o centración en una sola persona, o bien terminan deformando los principios mencionados en el punto 1, lo que es aun más traumático).
  5. No mencionar que mucha de la crítica actual hacia los “Friendzonados” recae en su incapacidad de establecerse en los cánones clásicos de la heteronorma, sin deconstruir un carajo y no previniendo el posterior rencor de estos a una ideología que supone, busca la igualdad, pero que se suma con más presión (y sin saberlo) en alianza con la heteronorma clásica.
  6. No mencionar el aspecto de la intolerancia al fracaso como un proceso social de formación que puede estar deformando el desarrollo afectivo de los demás y más aún en los niños (biohombres), menos resilientes en este aspecto. Y juzgar esa peor resiliencia solo de manera determinista (el patriarcado no genera las instancias suficientes de aprendizaje) cuando se trata de más que eso.
  7. No considerar que dentro de aquellas personas que apelan al discurso asociado al “buen chico” existe gente más intrínsecamente segura con ella sin necesariamente sentir que deben poseer al otro pero por neurotipo. Ejemplos como las personas con síndrome de Asperger, que por lo general ocupan un discurso idiosincrático de la lengua (más fácil de juzgar en la pragmática como “caballeroso”) son notables para graficar este aspecto.

Todo esto para mí no pasa desapercibido, los hombres la tienen también muy difícil para luchar contra esa dinámica y construir una visión de género más igualitaria si se toma en consideración lo anterior. Se pasa muchas veces esto solo, no se tienen referencias y las que se hacen tienen que pasar por el escrutinio proselitista de un discurso que se dice feminista, pero que en este caso no avanza más allá de lo superficial porque la denuncia se centra en ser meramente performativa (cuando en realidad puede tomar estos antecedentes, abrir nuevas significaciones como dice Judith Butler).

Por eso, el enfoque debe, a mi juicio, centrarse en establecer una explicación causal al fenómeno y sus múltiples aristas de género, no solo decir que es machista sino considerar a los que hoy vemos como victimarios como personas en formación de las cuales no se ha hecho mucho por comprender su problemática. Queda un trabajo muy grande por hacer.

Cuando el Abajismo Resulta ser una Falta de Respeto

El fenómeno abajista en Chile tuvo su gran apogeo de fines de la década pasada. La PSU como instrumento de selección (de segregación, las estadísticas lo confirman) dejó a las universidades del CRUCH con una masa más alta (demográficamente hablando) de estudiantes provenientes de estratos sociales más altos, o bien, culturalmente y económicamente aspiracionales. Sin embargo, la enorme tradición política de izquierda que ha (sobre)vivido en las universidades estatales y otras privadas, donde se pudo replicar con relativa facilidad, ha configurado contextos donde se puede conocer y comprender aspectos de la consciencia social que pueden ser trabajados con otros compañeros que, por lo general, son de estratos sociales más bajos.

A raíz del aumento más notorio de estudiantes económicamente más aventajados, muchas de esas personas provenientes de la clase media-alta/alta que llegaron a estudiar a estas universidades por su prestigio o tradición tuvieron que también adaptarse al contexto o bien lograron despertar una suficiente consciencia social que servía sobre todo para salir del paso en conversaciones y carretes. Luego se configuró en algo que rodeaba la vida en común de estas personas y mutó simbólicamente en aspectos como la ropa, la música, las preferencias a la hora de ver televisión (decir “no veo tele” es el colmo de lo pedante), el lugar donde uno aloja, etc. Es así que, esta persona que vivía en el barrio alto de sus ciudades (Santiago, ahí se configuró todo) comienza a sentir culpa del estilo de vida que se estaba configurando anteriormente y su culpogenia lo insta a tener que abrazar todo lo que rodea al pobre y a su cultura, además de todos los aspectos donde este se moviliza y realiza su vida (el “Habitus” de Pierre Bourdieu) para copiarlas y hacerlas suyas también (como una redención, como una defensa incluso a la segregación) pero irónicamente de manera superficial, o por lo menos a un nivel suficiente para pasar piola en la universidad. A estas personas son a las que peroyativamente llamamos (yo también, me cargan) abajistas.

De pronto, cambiamos la Corona por la Baltiloca, a Dj Tiesto por la Bachata y el Reggeatón Old School (y no puede ser el actual, no puede ser Ñengo Flow), a Skins (pa los más viejos) o a GoT por las teleseries de TVN de los 90-principios del 2000 de Vicente Sabatini (década a la que también vanaglorian por haber sido la última en tener la autenticidad de pueblo que tanto vanaglorian también) como Sucupira o El Circo de las Montini, al carrete en Algarrobo por el carrete en Valpo (el cual hay que alumbrar por sobre todas las cosas) y así se va configurando un cambio de habitus, el cual uno no pensaría que fuera nocivo.
Es más, cuando uno se refiere a un abajista, lo primero que salta a la luz luego de tal acción es un intento moral por defender el derecho de cada uno de ser como es y tolerarse unos con otros y no amargarse por ello. Lo cual no es malo, de hecho, no nos debería importar si su pará es superficial o no…

Pero cuando esto se configura como una hegemonía, cuando esto comienza a desplazar a las personas que viven en los barrios periféricos que esperan ansioso al abajista (hablamos desde el egocentrismo) para darle el título de “tení calle”, cuando se hace del pobre un ideal de “noble salvaje” y se comienza a farandulizar cualquier demanda social, como si tuvieran que estar condenados a ver de por vida teleseries y chismes que dejaron de ser algo malo y, por tanto, deben dicotómicamente ser considerados como necesarios por aquellos con mayor acceso a la educación o al poder que ellos sin ningún sentido crítico (lo cual es paternalista), cuando se hace de la vida del pobre una industria cultural que la cosifica y la vuelve un cuadro en la pared (no es irónico que toda esta búsqueda de aspectos culturales se realice profundizando en la televisión, en lo que los grupos más aventajados fenomenológicamente construyen sobre los pobres y no los pobres mismos), ahí, ahí sí que se convierte en un problema.

Es ahí cuando el abajismo resulta ser una falta de respeto.

Y no lo digo defendiendo al otro sector que se jura más auténtico con sus frases diarias de Julio Cortazar en Facebook o sus poleritas del Che Guevara y sus cánticos revolucionarios que no salen aun de las cuatro paredes de sus universidades, hablo desde el corazón de alguien que vivió y convivió en un barrio que sin embargo tiene que mamarse toda la gentrificación porque de a poco llegan estas personas a vivir con sus ideales santos a purificarse de la cuiqueria anterior de sus vidas, subiendo el valor de las casas, atrayendo a otros como ellos y destruyendo la anterior configuración cultural que se resistió a los nocivos cambios del presente que la erigieron como “vida de barrio” por la que ellos traen de vuelta de las aulas, sin conocer un carajo de la realidad pero ansiosos por descubrirla para ostentarla después piolamente.

Pero eso es solo una arista

El abajismo es una falta de respeto porque es como un despotismo ilustrado, un “con el pueblo pero sin el pueblo”. Su carácter, como dije antes, es superficial, toma del habitus de los sectores sociales bajos que ellos seleccionan (como el sector norte o San Bernardo) lo que ellos consumen y lo consumen ellos también perdiendo de vista cómo esto se desarrolló como una búsqueda cognitiva de ellos mismos para construir sus costumbres de manera que fuera significativo en sus vidas (y que el arribismo, la contraparte, siempre quiere negar y desaparecer). Algunos, sin embargo, sí logran comprenderlo pero no deconstruyen, hacen de su propiedad la contienda en el sentido de tener y no de ser.

Por eso, cuando algún abajista diga con orgullo que “es periférico”, desconfía y di en tu cabeza que en realidad “tiene periferia” como quién tiene un celular o una camiseta. Es mejor ínstalo a que con humildad reconozca que puede hacer apreciaciones beneficiosas para su comunidad, de maneras mucho más trascendentes que acongojándose de cada uno de ellos por tener un cuadro de Felipe Camiroaga en la pared del living de sus casas.

 

La infancia “Rata”: Consecuencias Culturales del Mal Uso de los Videojuegos

“Eso ofende viejo”

En el año 2014, y si bien no nació exactamente en esa fecha, la utilización del término “niño rata” para designar a aquellos niños pre-púberes con una notoria muda vocal y con malos modales a la hora de hablar por micrófono en los multiplayers eclosionó y comenzó a masificarse entre personas más jóvenes, en diferentes contextos fuera de lo “gamer” (palabra que ya comienza a sonar snob).

Ante una grupo etario que se inmiscuía cada vez más en contextos donde la buena crianza amerita que no estén ahí (como los juegos para mayores de 17 años -hablemos del GTA-)  los jugadores más maduros y experimentados, cansados de sufrir constantes abusos verbales y recordatorios de las abnegadas profesiones de sus mamás “batallaron” por encontrar un término encasillatorio que fuera mucho más certero que simplemente decir “pendejo” o “malcriado”. Dentro de foros de internet, comentarios en blogs, hilos de Facebook, la Deep Web… y a través de los años. Algo que sonara mucho mejor que un simple insulto que revelara a esa infantil mente lo irritados que estaban y los parara en seco, algo que les molestara pero que fuera difícil de sacarse.

Los encasillamientos son algo común y poco deseable; precisamente tratar a un niño (con justa razón o no) de “niño rata” es una manera de mantener fuera del círculo (de placer, hablamos de jugar videojuegos) a aquellos que son una molestia, molestia que se traspasa al mundo gamer por una obvia razón: Son jugadores de videojuegos pero también porque son consumidores de un espacio cultural que los espera sin reglas, sin obstrucciones morales, sin cuestionamientos, fuera de la realidad física que sus padres o la carga horaria de los mismos les restringe. Aceptémoslo, cuando hablamos que los videojuegos son una niñera, no lo hacemos intentando demonizar al videojuego per se. Lo que molesta es precisamente la falta de consciencia social que se tiene a la hora de tratar al videojuego como un mero consumo, cuando dentro de sí agrupa diversas culturas, lenguaje y formas de pensar que son cognitivamente más complejas.

A lo que me refiero es que los videojuegos son una potente plataforma de comunicación. Un niño de 10 años que pasa todo el tiempo encerrado jugando en el pc y engordando, sin interactuar con otras personas de carne y hueso en contextos ecológicos físicos más que en la rutinaria escuela (donde ya pasa la mayor parte del tiempo encerrado), que tiene que aguantar cómo sus padres llegan a las 9 de la noche sin tener tiempo para criarlos o incluso de amarlos como debe ser, que siente miedo de salir a la calle a jugar porque lo esperan iracundos los delincuentes, los drogadictos y los narcotraficantes que ve por las ventanas o por la televisión, va a convertir en los videojuegos – en lo que lo acoge y refugia del mundo exterior – algo significativo en su vida. Lo utilizará para expandir su conocimiento del mundo y lo hará muchas veces sin medir las consecuencias. Es por eso que estos problemas desatendidos comienzan a expresarse ante situaciones recreadas donde pueden aparecer los productos de estas carencias afectivas o evolutivas generadas por la deprivación de experiencias ambientales significativas: la poca tolerancia a la frustración, el deseo impulsivo de ganar siempre, la poca empatía, la xenofobia… y quienes tienen que recibir eso son otros jugadores que también tienen que lidiar con esos problemas en mayor o menor grado, convirtiéndose todo esto en un hábito.

Los videojuegos no deberían ser un vector de transmisión de las malas costumbres instauradas y validadas por la sociedad o al menos no debería ser tan fácil, pero lo es. Los niños que expresan estas carencias son el producto de estas interacciones complejas que pocos se toman la molestia de subsanar, de hacer evidente. No podemos culpar a los vídeojuegos de algo que tiene su núcleo en los discursos que la sociedad maneja a la mala, pero si podemos comprender que el mal uso de los videojuegos generó a la larga un hábito de conductas descalificadoras que se ven reforzadas de manera progresiva conforme avanzan las generaciones. Son esos niños quienes mañana exterioricen eso hacia los demás en la vida real y aunque la presión social no te permita burlarte de los niños con progeria o de los admiradores de My Little Pony, la base de esa conducta seguirá.

Es ahí donde existe la consecuencia cultural. El videojuego entonces se convierte cada vez más en un aparato de situación de aquellas molestias que no son abordadas en lo real y que son relegadas a una instancia placentera que las hace olvidar, validar o cosificar. El videojuego entonces, como diría Marc Augé, es también un NO LUGAR cuya identidad y comunicación sin embargo, dado la enorme carga simbólica que los niños y adultos que juegan hacen ante una construcción cognitiva más compleja, dotan de significancia a lo que anteriormente fue considerado una comunicación sintética, como de Check-In de aeropuerto. Los seres humanos se las ingenian para dotarlas de mayor complejidad y no debería de sorprendernos.

Y sin embargo, aunque se subsanase lo que menciona Marc Augé, sigue siendo un no-lugar del cual poco se sabe su impacto empiricamente hablando. Muchos se resisten todavía a hablar de adicciones a los videojuegos dentro de lo cotidiano, es más, tanto sirve a la sociedad este No-Lugar que cuando la psiquiatría tome cartas más serias en el asunto en los países en vías de desarrollo (en Corea del Sur ya se tiene registros oficiales de la gente que muere por ser adicta a los videojuegos) habrá un notable quiebre generacional, que obligará a confrontar este problema de una forma más directa y hablar de lo que sigue en el tapete y se trata de evidenciar con cada “niño rata” que se elicita.

Y es que es una palabra precisa, ningún niño quiere que lo asocien a un animal así pero en vista de los antecedentes antes recabados, sorprende que la palabra haya nacido del simple análisis perceptivo de la muda vocal, va para mucho más. La actitud escondida de las ratas bien puede ser emulada en este fenómeno social tanto de los niños rata que tienen que ser resguardados en las madrigueras acondicionadas de recompensas y dopamina y de aquellos adultos que también le temen a exterior y reproducen conductas que refuerzan el resguardo hacia este. El lenguaje también se altera, se vuelve más aprosódico y monointenso, más dispragmático. Con el tiempo se convertirá en variable sociolingüística y tendrá resguardo para que no sea discriminada.

Si no me creen… 

Es por eso que estoy en contra de esta generación, tan resguardada, sin calle, sin consciencia de los otros pero que no responde más que a las nuevas exigencias de una sociedad que rinde culto a la individualidad e intenta en vano convertirles en seres humanos indolentes. Ante estos antecedentes la idea de buscar culpabilidad en un montón de bits parece tonta, pero como dije antes, si se sigue pensando que un No-Lugar nace de la nada estamos mal. Se diseña adrede por una comunidad.

Por último, no está de más decir que los niños son las principales víctimas de todo esto, el abuso de los videojuegos fabricará a los hombres del mañana, quizás esa frase resuma la consecuencia cultural de la cual intenté ahora explicar.

 

El Miedo a la Referencia

El miedo de por sí exige una referencia, algo compartido en las mentes de los hablantes de una cultura. Puede existir y sin embargo no por ello ser específicamente concreto. El miedo es igual de grande cuando nos apuntan con una pistola que cuando escuchamos los desastres cada vez más extensos del cambio climático. Uno lo puedo reconocer empíricamente y el otro basta solo de una capacidad imaginativa para reconocer los alcances y consecuencias de lo que significa.

La referencia, entendida por el maestro de la semiótica Charles Sanders Peirce es precisamente lo “real”, eso de lo cual podemos aseverar que existe y que viene a complementar al significante (representación física) y el significado (representación mental) de la lingüística moderna. Cuando hablamos entonces de un “miedo a la referencia”… ¿a qué nos referimos?.

A algo del cual está prohibido apuntar en nuestra cotidiana existencia, hay muchos ejemplos de eso, mentalmente podemos no pensar en ciertas cosas que son tabú y que cada cultura define y ha estado definiendo y estructurando en instituciones, normas y lenguaje pulido y dirigido para cada ocasión, incluso legando días o momentos donde es posible distender toda esa presión que se acumula ante la tentación o estrés de caer en lo “prohibido”. Es a nivel discursivo, sin embargo, donde el control puede ser ejercido por muchos más y sus efectos pueden verse a si mismo replegados a condicionar la forma en que nos comunicamos y abstraer a otros grupos en el más kafkiano de los silencios. Por eso es que Peirce aparte de contribuir enormemente a la semiótica, contribuyó a la pragmática.

¿Que ocurre por ejemplo con los distintos grupos culturales?  Que acontece en cada hilo de noticias en Facebook cuando aparece una noticia sobre un palestino muerto a tiros por el ejército Israelí? pues llegan primero mensajes de desaprobación, mensajes de indignación para quien no tiene lazos que defender sobre la ideología que sustenta una ocupación. Luego aparece esa palabra cada vez más habitual, antisemitismo, antisemita. El celo que un gentil provoca ante un judío hablar acerca de un problema del que “no entiende y no entenderá” es tan grande que ya es normal que exista una reacción, es normal y a la vez necesario decirlo cuando estamos ante un xenófobo típico, o contra un nazi ¿pero es correcto aplicarla hacia una persona que se sintió moralmente llamada a criticar algo que cada vez es más difícil de criticar debido al mismo celo del cual me estoy refiriendo y que se extiende al acto de referir mismo? ¿sin xenofobia de por medio, ni insultos ni nada, solo comentar?.

Que ocurre cuando un blanco quiere usar la palabra “nigga” como la usan en el rap, en el reggaeton o en las instancias de compartimiento que la comunidad afroamericana (del cual tengo que evitar decir “negra” porque también existe un celo hacia esa palabra, de la cual hace 20 o 30 años era poco común que no viniera acompañada de un insulto) también desde un contexto no discriminatorio? que ocurre cuando un rico cae preso por alguna estafa y en el momento que sale en cámara se le nombra con iniciales mientras que al peruano o ecuatoriano por haber cometido un delito no se tiene problemas en mencionar su nombre completo, edad, ocupación y comuna de residencia?

Es el exceso de celo, combinado con la inusitada inclemencia con la cual comentamos en las redes sociales la que origina o sirve de experiencia para que ciertos grupos culturales eviten a través de declaraciones o restricciones que las personas se refieran a aspectos de su cultura o incluso demográficos, y de esta forma, blindar cualquier tipo de localización fuera esta o no xenófoba. Otra fuente para adoptar esta actitud es mucho más simple y ha venido siendo así desde los principios de la civilización: los grupos privilegiados buscarán la forma de impedir su cuestionamiento y adoptarán conductas socialmente valoradas o, por el contrario, satanizan otras para protegerse de los dimes y diretes de los demás.

El problema es, cuando otros grupos no gozan de ese derecho a resguardo y tienen que sufrir los comentarios de una masa que capta el problema, pero que no es capaz de irse contra los que controlan el estado de las cosas y por tanto se descargan con aquellos grupos que no cuentan con esa protección. Normalmente quienes se llevan el blanco de las críticas por este “miedo a la referencia” son los grupos más proselitistas (veganos, evangélicos, comunidades LGBT  o feministas, etc), quienes al exponer sus ideas de manera más continua, también se ven expuestos a una frecuencia de  intercambio de información con otros, que podría no gustarles, recelándose con el paso del tiempo y repitiéndose el fenómeno tan descrito en las redes sociales.

“cuidado, te van a demandar” “cuidaó, van a venir los del …” “apuesto que ya van a alegar los…”

Tal actitud no es racional, no se basa en una defensa de la adecuada comunicación sino en una actitud de tachar rápidamente a otro de “…fobo” convertirlo en un sujeto con miedo al otro grupo cultural, buscar socialmente opacarlo para que su opinión no sea lo suficientemente fuerte para causar el impacto comunicativo que el emisor desea. Táctica que lamentablemente no se deja en evidencia, porque para describir el problema sin abocarse en peleas estúpidas primero hay que identificar las herramientas discursivas que subyacen a este fenómeno, cosa que no todo el mundo sabe.

Por ejemplo, cuando se alega sobre el uso del “nigga” o del “queer” o “loca”, se habla de vocablos que sufrieron una reapropiación de las comunidades que son discriminadas y que hoy forman parte de su léxico habitual para describirse a si mismos sin la anterior carga. La gente común no puede usarlos, solo el grupo cultural y ante una sociedad que busca una democratización de la comunicación tal acto parece no tener sentido. Eso puede explicarse desde la sociolingüística y no hay mucho drama en relación a este fenómeno.

Pero en el caso de los grupos privilegiados lo que restringen no es solo un vocablo, es un discurso. El judío sionista o el evangélico sionista que no tolera que se refieran siquiera al conflicto en Palestina y saca su “antisemita” del bolsillo o la persona de la clase alta que se enoja cuando alguien menciona donde estudió o vive cuando aparece una noticia que afecta a otro semejante a él y sin embargo no mueve siquiera un pelo cuando le hacen lo mismo a otra persona más desfavorecida, lo que hay es un mero miedo a ser criticados y expuestos. Muchos grupos sociales basan su poder en su hermetismo, y es ese hermetismo el que se pone en entredicho cuando un ciudadano aplica su poder de opinión y sobre todo cuando conoce de esa cultura y conoce también lo suficiente para realizarlas sin caer en la xenofobia.

De ahí nace el miedo a la referencia, de ahí que un grupo que basa su aura y poder en esta dificultad comunicativa de la cual habla tanto Habermas tema a que otros refieran, pues es el momento donde comienzan a exponerse. Incluso, pienso que esta forma de actuar comienza a acentuarse más con la impersonalización de las comunicaciones: estamos expuestos a discusiones, comentarios más directos y menos dosificados por herramientas comunicativas que favorecen la empatía dentro de estas interacciones, no podemos vernos a los ojos, no podemos dar mensajes no verbales para direccionar nuestros dichos, dependemos de una teoría de la mente más desarrollada para leer los estados mentales de quien  nos “habla” cuando se comunica solo con la palabra escrita y a eso sumémosle la pobre comprensión lectora que hay en el país.

Que otros se refieran a nuestros defectos y salir resilientes depende fundamentalmente de la tolerancia. Y la tolerancia no se desarrolla con la incomunicación.

El Animalismo que no es Animalismo: La Moda de los “Dog Lovers”, Sesgos y Superioridad Moral.

A nadie le debió quedar indiferente el anuncio y luego cese de la nueva modificación a la ley de caza. Chile adolece de ser una nación con enormes y diversos ecosistemas a lo largo de su angosta faja de tierra. Junto con ello, existen también miles de especies que conviven dentro de ellas soportando cargas ambientes cada vez más peligrosas y dentro de todas estas, el ataque de jaurías salvajes cuyas consecuencias son visibles a través de los cientos de atenciones veterinarias que se realizan cada año al ganado y a la fauna nativa para atender animales heridos y hacer catastro de los fallecidos (donde casos como el zorrito de Darwin y el Pudú son los más críticos; el ataque de los perros asilvestrados hacia estos animales los tiene en peligro de extinción).

Y sin embargo, a través de las redes sociales, un montón de personas se manifestaron en contra de la “matanza de perros”, ofreciendo directamente insultos y acusaciones de falta de ética que bordearon la misantropía y denunciando una institucionalización del asesinato de animales como solución sanitaria para el problema de los perros vagos en general. A partir de esta última proposición, diversos medios de comunicación cubrieron el tema mostrando imágenes de perros vagos citadinos, en contextos cotidianos urbanos. Todo esto lejos, pragmáticamente hablando, de la propuesta original del SAG, la cual refirió a los perros asilvestrados (perros nacidos y criados fuera de la mano y cuidado del hombre, organizados en jaurías con jerarquías delimitadas y una conducta violenta que los hace difíciles de controlar) pero que en el imaginario del Dog Lover de Facebook (personas comunes y corrientes al fin y al cabo) adquirió una connotación horrible y diseminada a cualquier perro doméstico, lo que hizo arder a diversas organizaciones como Anima Naturalis para acudir en defensa de los canes. La conjunción de todos estos factores, en mi opinión, fue determinante para que la gente comenzara a tomarse la molestia de sacar de sus imaginarios los doctorados en etología, salud pública, zoología y ecología ante cualquier persona que pusiera paños fríos a la situación, por lo que los insultos dentro de las redes sociales fueron aun más frecuentes de lo común además de una furibunda acción directa que poco o nada salió del discurso contestario en internet.

Es notable que muchas personas se sientan con el deber político de defender a los perros (a sus mascotas, hablemos sinceramente) pero cuando se trata de tomar conciencia de lo que acontece con otras especies, autóctonas y en peligro de extinción, ignoran voluntariamente los efectos a corto plazo del ataque de jaurias salvajes, aduciendo la obvia y ya nada impactante de escuchar en estos días culpa del ser humano al no abogar por la tenencia responsable. Yo no niego que, de implementarse, sería la mejor solución para el problema de la invasión de especies exóticas a los ecosistemas, pero lamentablemente es una solución a largo plazo que temporalmente hablando no va a salvar de la extinción a especies como el zorrito de Darwin. Cuando vuelve a reiterarse que ante esta situación la solución es la caza de los perros asilvestrados nuevamente, y con una más evidente y dispragmática carga emocional, se adolece de los efectos nocivos del ser humano cazando o alterando su hábitat natural para equilibrar la balanza y así evitar continuar cualquier intento de disminuir la población de las jaurías para evitar sufrimiento y depredación a otra especie animal mucho más indefensa.

Emblema Ideológico

Emblema Ideológico

Se cae entonces en un irónico especismo, el perro adquiere un mayor estatus legal y ético en comparación con otras especies, al punto de obligar a estas personas a tomar caminos irracionales (comparables a un niño que ve a sus dos padres separarse de manera irreconciliable y aun así persiste en juntarlos y así evitar vanamente el conflicto) que estancan estas medidas. La gente se da cuenta y comienzan los apelativos y epítetos ante la masa diversa del animalismo (que parece no poner filtros claros para la militancia -indirecta tal vez- de sus seguidores). Asoman los “mascotistas”, los “dog lovers” y las contrarrespuestas no se hacen esperar también contra ellos por intentar “estereotipar” la lucha por la dignidad animal, aduciendo los “asesinos”, “poco éticos”, “cerrados de mente” inclusive que son. La razón de este sesgo a favor de una especie en desmedro de otra (aunque lo nieguen) se debe fundamentalmente a 2 cosas:

El advenimiento del perro como objeto de ostentación: la preocupación ética de posicionar al animal en igualdad de condiciones y derechos que los que tendría un ser humano es una labor que considero correcta para contrarrestar el maltrato animal y la preocupación por un cuidado digno. Sin embargo, como ocurre mucho, buena parte de los que creemos conocer como militantes (hablo de quienes se dicen animalistas y en realidad no pasan de “dog lovers”) adolecen de una completa falta de estudio de los factores sociales (tan típica de una sociedad light como la nuestra, donde estamos todos incluidos) y cuya consecuencia directa en el perro es consolidar los frutos de su defensa como individuos a través de cosas como peinados, vestimenta y estética, comida procesada cara y predilección por ciertas razas “tiernas y adorables” en desmedro de otras menos agraciadas o preferidas por las masas para dar buen aspecto y buscar estatus con ellas. Esta evidente falta de deconstrucción y superficialidad por parte de ellos los hace ver ante los demás como evidentes y vanos materialistas, por lo que cualquier defensa que hagan no es tomada en serio, afectando a su vez a aquellos animalistas que conocen al menos ese aspecto y tratan de no caer en ello (aunque irónicamente sean mucho más proselitistas que los “dog lovers”)

¿no me darás un like por ser quiltro?

La falta de conocimiento científico general sobre animales: es cosa de revisar los foros de noticias anclados a Facebook donde comparan al perro asilvestrado con un perro abandonado muerto de hambre y de deseos por encontrar un amo que lo acoja. La etología es clara en demostrar con evidencias que los perros asilvestrados no dependen en lo absoluto del cariño del hombre para su subsistencia, todo lo contrario, se agrupan en jaurías, delimitan claramente sus jerarquías donde el más viejo enseña su conducta (la cual sería asesinar animales siquiera para comerlos) mientras los más jóvenes de la camada la asocian y forman cohesión grupal en torno a estas actividades. También epidemiológicamente hablando los perros asilvestrados son vectores de diversas enfermedades (ya sea ellos mismos trasmitiéndolas en las mordidas o siendo huesped de parásitos) y por tanto, causantes de diversas enfermedades en fauna nativa, por lo que son también indirectamente culpables de la desaparición de estos. Comprender un mínimo aceptable de biología te permite comprender tanto el hecho de que existen animales que representan un peligro para el ecosistema (y que causarían muchas más muertas de las que representaría cazarlos), que es difícil modificar su conducta y que epidemiológicamente hablando es imposible erradicar una enfermedad si no es atacando al vector. No significa que tengamos que ver la cuestión con el mero cientificismo, pero si te hace un poco más sensato a la hora de sopesar distintas consecuencias que actúan paralelamente dentro del problema del daño a las especies.

Y creo que en realidad ese es el problema, los “dog lovers” no sopesan, no admiten ninguna excepción aun con datos empíricos o fenomenológicos (como los factores sociales), adscriben un fundamentalismo y proselitismo comparable a ratos con cualquier yihadista, ignorando que son uno de los movimientos ciudadanos más pequeñoburgueses que puedan haber en nuestro presente.

En Chile, un perro al parecer tiene más derechos que otra especie, incluso a los niños se les defiende menos.

El Tema de la Selección en los Colegios: Recuento de una Problemática que Escapa a Generalizaciones.

Desde hace un buen par de meses que se vienen discutiendo dentro de todas las esferas políticas el asunto del lucro y del fin a la selección en los colegios y a lo largo del tiempo, leyendo diversas opiniones y contemplaciones, (algunas acertadas, otras atascadas y muchas que no tienen ni siquiera un piso y denotan más bien temores infundados) me doy cuenta que a pesar de que la gente se sitúa con cierto orgullo dentro de una u otra facción, pierden de vista algo sumamente sustancial:  los niños que componen la diversidad de clases sociales y culturales son algo más que objetos contemplativos y estáticos y que actuar con tan poca visión no beneficia más que en la cosificación. ¿A que quiero llegar? que algunos dentro de la defensa de la igualdad que todo niño y niña merecen para garantizar su derecho a una educación digna (fuera en la inclusión o en la selección) esta llegan a ejemplos como este:

http://www.lun.com/lunmobileiphone//Pages/NewsDetailMobile.aspx?x=1&dt=2015-01-28&BodyId=0&PaginaId=20&SupplementId=0

O por el contrario, a una visión ilustracionista de las realidades que enfrentan los cientos de miles de niños que tienen que mantenerse al margen de una educación enriquecedora humanistamente hablando, invitando a emular como propuesta el mismo patrón de los colegios emblemáticos pero descuidando que cada comunidad tiene que lidiar un montón de problemas y coyunturas propias, que escapan de cualquier intento generalizador (y que se confunde con unificación) y cuyo proceso se queda escondido simultáneamente en el aula húmeda en el invierno y en la pieza de internit. Proceso que ha sido muchas veces olvidado y menospreciado por agentes formados dentro de estos mismos establecimientos (que representa a la élite política orgullosa de formarse en sus queridos colegios selectivos) y por la historia oficial y las políticas educacionales que intentaron en vano contener el alto número de niños que tenían que pasar horas y horas solos en casa mientras sus papás (o sus abuelos o tíos o padrinos) trabajaban para darles el pan y no ser en demasía arrebatados por una sociedad que los aguacha.

Esa falta de mundo de varios actores sociales involucrados (a favor o en contra) de la reformase se acusa de manera frontal con el nivel de segregación que ha sufrido la educación tanto en destinar los peores colegios al sector que no sabrá comprender lo que lee siquiera alcanzando la mayoría de edad, como para quienes gastan 3 o 4 sueldos mínimos en situar a sus hijos lejos de la realidad triste pero absorbente (cada vez más con demandas que vienen de décadas atrás, cuando Los Prisioneros cantaban “a otros les enseñan, secretos que a ti no”) en algún colegio escondido bajo los bosques esclerófilos de la precordillera capitalina. Y ese afán platonista no nace por si solo de un deseo de exclusión de lo que es considerado común o mediocre sino también como un medio de protección, de impedir interacciones sociales e influjos culturales concebidos como peligrosos o indeseables y hechos ver como tal en tanto se exacerba la imagen negativa de la pobreza (y de lo que reúne dentro suyo) por la televisión (la misma que habla de cerrar colegios). Tan fuerte es que cuando se planteó el fin de la educación particular subvencionada, muchas madres enfurecidas con esta decisión formaron la Confepa y manifestaron (y siguen manifestando) toda esta conducta por los medios de comunicación con la particularidad de que aquella cultura de la cual intentan proteger a sus hijos al matricularlos en estos colegios es la misma de la de sus vecinos y amigos, la misma dentro de la cual están situados (y seguramente varios colegios subvencionados) y donde irónicamente comparten, aunque tengan la capacidad de endeudarse para comprar un Kia Santa Fe que no les cabe en la entrada de sus pequeñas casas.

Y dentro de ese mencionado espectro de exclusión, también se encuentra otra realidad, que a veces es más accesible de atacar por estar solapada bajo el mismo régimen educacional donde se encuentran los demás liceos con nombre de submarino pero que por tradición (y mantenido por una visión meritocrática del esfuerzo que puede ponerse de entredicho ya con todo lo que mencioné) deben llamarse liceos emblemáticos, que también manifiestan el mismo miedo a la interacción, a los peligros que significa reconfortarse y de perder sus estatus (o algunos más pragmatistas, de perder la oportunidad de que sus hijos se vuelvan las personas inteligentes que quieren que sean por distribuir esa preocupación en casos más críticos):

http://www.latercera.com/noticia/nacional/2015/01/680-614578-9-apoderados-del-instituto-nacional-rechazan-proyecto-de-inclusion-esto-hara-caer.shtml

Ese miedo ya se volvió transversal en todas las clases sociales, aunque su impacto sea diferente y no se compare al elitismo más transgresor de los derechos fundamentales de un niño (y que la reforma, con falencias o no, trata de atacar). Tiene que ver mucho en como nos estamos comportando como personas al concebir al resto como una amenaza en vez de un posible actor con el que puedo cooperar para garantizar que las nuevas generaciones sean más resilientes y felices y puedan lograr mejores cosas que las que lograron sus viejos. Inclusive si sigo metiendo el dedo en la llaga, hay muy poca preocupación sobre la integridad de los niños como alumnos y niños de por sí fuera de lo que es acoso escolar; existen casi un 75% de niños que ha sufrido maltrato, que tienen que esconder dudas y preocupaciones sobre su propio desarrollo bien guardadas hasta las 9 o 10 de la noche y que no son del todo atendidas por la poca disponibilidad familiar y también por el hecho de que su desgano por no ser atendidas se expresa hacia un profesor que tiene que lidiar con esto y con muchas cosas más que no le permiten hacer el mejor trabajo por ayudarles (sin mencionar que hay muchos que no tienen la formación apropiada ni sobre el desarrollo infantil ni de habilidades comunicativas que rompan con los círculos de violencia que acusan los colegios que no segregan y que tanto quieren evitar la Confepa y los centros de apoderados de los colegios emblemáticos). En ese aspecto, el joven por el cual luchan tanto los actores sociales universitarios tal vez no espere siquiera entrar a la universidad por un tema de gustos y desarrollo personal sino por tratar de ascender socialmente para sacar adelante a su familia o derechamente fuera de las universidades y buscar carreras técnicas, lo que puede romper con las concepciones ilustracionistas del “alumno pobre modelo”. La infancia de Chile también está llena de situaciones de abandono, violencia, déficit en áreas cognitivas que son importantes para la mantención de una escolaridad que se precie como tal, consumo de drogas y mucha, mucha pena guardada que a veces se olvida con una sonrisa que solo un niño es capaz de mostrar en cuanto inocentemente ignora (no por completo) los agentes que lo sitúan donde está, hasta cuando es mayor y descubre un montón de alternativas para mitigarlo (y que resultan en los mismos agentes que los marcaron o felizmente en estrategias que tal vez no se comparen cuantitativamente hablando con las de los alumnos de colegios de la élite pero que son las mismas en esencia para desarrollarse como puede ser el estudio, el respeto por los demás y la tenacidad y deseo de superación).

Por eso no puedo admitir que se les trate de esa manera o como una tómbola donde simplemente serán llamados al azar para tener el rajazo de sus vidas de ingresar a una institución que lo pueda formar más ferreamente (y con la cosificación que puede significar) y situarlo en alguna universidad cuya carrera, de terminarla, le alejará de ese contexto miserable y hecho aun más miserable en la concepción de la gente que solo conoce hasta 8 cuadras de su casa. No debería verse de esa manera si se habla de igualdad de condiciones, esta debe ser en un proceso formativo donde todos los establecimientos primero, alcancen cuotas decentes de calidad curricular pero también se preocupen de garantizar herramientas formativas y una comunicación que afiance el respeto, la empatía, la consideración por el otro en tanto es un ser humano con las mismas potencialidades (y muchos dirán capacidades) y derechos que tú y que no merece ser cosificado por siempre tanto por una élite que lo desprecia como por un plantel liberal de políticos que los miran como tábulas rasas que esperan que la sociedad no los contamine (cuando ellos mismos son parte de ella).

La selección se aplica a edades muy tempranas (inclusive en preescolar) y sin embargo, el tema se condensa en ver al niño desde la mera legalidad. A eso me refiero con cosificar, que no se atenga a que existe un desarrollo de diversos constructos sociales, morales, afectivos y cognitivos que hacen al alumno siquiera la mitad de lo que es y que sin embargo se pase por alto cuando se habla de ellos. No cometamos el error que se ha venido cometiendo desde que Chile es nación.