Los Universitarios Jamás van a Tener la Razón Sobre La Revolución (Acerca de un Artículo de Hommodollars)

(El presente artículo se basa principalmente en “Los Universitarios Tienen la Razón Sobre la Revolución Parte 1”, del cual lamentablemente no se encontró (o no existe) la parte 2 http://www.hommodolars.org/web/spip.php?breve723)

Por pura coincidencia y paja terminé leyendo un articulo de Homodollars acerca de las vivencias de un compa en tertulias más o menos insurrectas, dentro de los sectores periféricos de Santiago o en enclaves universitarios donde el copete y la mota aparecían en cornucopias, a destajo, casi infinitamente, dentro de un ambiente que se celebraba a sí mismo y se ponía denso como el plomo a medida que el “protagonista” podía, a pesar de su autonombrada “fealdad”, tener intimidad con alguna de las compañeras más pasadas de copas. Lo narra como una realidad que hace sentido y referencia, de lo repetida que es y constante en la vida de quienes sentimos simpatía por los ideales libertarios (como lugar común) pero enfocada principalmente en las pericias que, como “feo”, tenía que acudir al -tal vez- único elemento democratizador de las relaciones afectivas y del cual yo lamentablemente tengo que decir que es certero, pero no el único.

Dentro de todo este “análisis” que realiza, casi de manera tragicómica, dedica una acción de gracias al comité que organizó la tertulia por disponer del copete necesario para romper tal dinámica social donde ahora, como “feo”, puede salvarse con las “minas borrachas” que ahora si lo pescan. Luego vino el posterior silencio sepulcral de por medio y la toma de turno de un “denso” hablando de la igualdad de género y el posterior e inclemente castigo social por salirse de protocolo.

Y como en un libro de Malinoswki, el joven debe abandonar la tribu por haber roto un tabú, por haberse atrevido a “dañar con el lenguaje” la integridad que como compas “buscamos” crear. La integridad de militante universitario, que el mismo describe como “pasá a caca”,  integridad lograda a veces de forma arrogante y censora. Algo que pasó hace un bueno tiempo atrás hoy recrudece pero que al final reconoce casi como “un paso a la madurez”, donde al final conseguimos pega en un ministerio y nos convertimos en los burócratas que pensamos nunca convertirnos, para así obtener poder (sexual incluido). Aquellos jóvenes universitarios que estaban “haciendo la revolución” y hoy son parte de la esfera de poder que se renueva tenían toda la razón…

o al menos eso es lo que se esperaría.

Si bien el alcohol no es excusa para aflojar la lengua y no cuidar la pragmática, tampoco creo merece la pena cuidar la pragmática ante un festín de lo “políticamente correcto” (que él menciona antes que el concepto se convirtiera en moda) que se celebra a sí mismo onanisticamente. Tal vez el compañero rompió el tabú, pero pienso lo hubiera roto de todas maneras si se hubiera referido al “gentil arte” de una mujer, con pleno derecho dentro del “espacio seguro”, a elegir al wn más heteronormado (bonito, recio, con “personalidad” acorde al perfil de macho alfa machista y que le excite o atraiga) como pareja. Eso para el “feo” es una desgracia, entiende que por medio no existe democracia para los feos en temas como conseguir pareja, un acto que no puede determinarse 100% por mucho determinismo cultural benevolente, ilustrado y revolucionario que queramos ponerle y que frustra, porque como “feo” localiza las incoherencias de un mundo que apoya la igualdad de género pero que en términos afectivos le sigue siendo igual de hostil que en el mundo machista que juró derrotar. Tampoco la tiene fácil nombrando esa incoherencia porque para reconocer que te gustan los hombres mejor heteronormados (si eres hombre homosexual o mujer heterosexual) implicaría o reconocer que eres tan vulnerable a la norma de género como todos los demás mortales no-universitarios o bien, que la atracción tiene un fuerte componente biológico (y, por tanto, desgastarte en manifiestos anti positivistas para evitar que impacte, como si fuera una disonancia cognitiva).

Y no importa que diga de antemano que la mujer no tiene la culpa de esto, la hipersensibilidad generalizada de hoy ya le impuso la etiqueta antes que volviera a abrir la boca, porque de eso se trata, no dejarlo hablar porque perdió la inocuidad necesaria.

En sí, nadie puede imponer a otros que los pesquen y sean pareja porque sean buenas personas (o revolucionarios). Es como en el anterior post de la “friendzone”, pero para el feo que vivió toda su niñez, pubertad y adolescencia como el tapete de otros wns heteronormados con mucha más belleza, afinidad y forma de ser (como la zorrona) y que fueron y son tomados en cuenta y valorados como pareja o potencial pareja frustra en una época de la vida donde uno quiere sentirse útil buscando el corazón de otra u otro. Puedo entender también esa frustración en cuanto logro empatizar y sin con ello justificar la acción concreta en aquella fiesta. Pero hoy da miedo empatizar a ese punto. La gente no realiza “micromachismos” porque sí, no es un asunto religioso como peligrosamente se está tratando de imponer como agenda, describirlo tampoco resulta de primeras en una justificación. Ese acto de poner en la boca de otros lo que uno quiere aducir es lo más penca que le pudo haber pasado a los movimientos de izquierda y a la gente en general. Somos demasiado inmediatistas como para esperar explicación alguna, dependemos casi solo del talento comunicativo para eventualmente superar las escaladas simétricas batesonianas que ocurren en estos “trastornos” de la comunicación.

Es probable que el compa hubiera entendido que no aplicó suficientemente poder por no tener los recursos necesarios (belleza, en sus palabras) para hacerlo. Entender que muchas veces la atracción se trata de poder implica reconocer también que somos vulnerables a la obtención de recursos (dictados por la heteronorma la mayoría de las veces) o la aplicación de poder contra otros y muchas veces dañar sin deliberación. Tal comprensión implica “madurar” y no simplemente respetar la pragmática, yo puedo cuestionar el concepto final de madurez que el compa adosó al final de su relato porque en sí, es una consecuencia que uno toma casi como si fuera una imposición, una derrota. Reconocer que se trata de poder implicaría reconocer que tal vez ahora el coja porque terminó un postgrado o reconocer que los wns mejor heteronormados calientan sería reconocer también que hay un aspecto de la heteronorma de la cual me beneficio. Eso sería impensado para los inmaculados universitarios revolucionarios, rompería todos sus esquemas.

Pero pocos lo quieren admitir.

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