Sobre La Colonización de Cisjordania que Continúa Ahora con Donald Trump, a Propósito de…

“Ya no tenemos las manos atadas”

Así comienza Israel una nueva jornada de construcción de colonias en territorio palestino ahora bajo la venida del recientemente electo presidente de los Estados Unidos Donald Trump, quien en el último tiempo ha fortalecido sus lazos con el sionismo y recuperado parte del ánimo que se perdió con la anterior decisión de Obama de no vetar a la ONU y su resolución internacional que condena los asentamientos, considerándolos ilegales.

Si bien, el apoyo de Estados Unidos a Israel ha sido una constante histórica, la mencionada decisión de Obama de no interferir en la resolución cayó como un balde de agua fría en las autoridades israelíes el pasado diciembre, quienes se sintieron interpelados desde un flanco al que no acostumbraron nunca contener y que abría al mundo una cierta esperanza de discusión en un tema donde existen opiniones bastante acaloradas pero infructíferas. En cambio, ahora, la geopolítica está volviendo al sitio cómodo acostumbrado y esta vez, con un poder tras bastidores aun más poderoso de la mano de Trump y su círculo íntimo de asesores ligados al judaísmo.

La estrategia de visualizar al estado israelí como un ente difamado al que hay que otorgar el “respeto que se merece” ahonda en la nueva retórica de quien, amparado en una derecha alternativa que condena al migrante (pero en ciertos sectores, excepto si es judío y con dinero), restablece las anteriores relaciones rotas, contradiciendo una vez más al derecho internacional y las convenciones que justificadamente repudian a Netanyahu y su constante en considerar Cisjordania como un territorio del cual Israel tiene todo el derecho de usar para sus propósitos. Actos como evaluar el traslado de la embajada de Estados Unidos desde Tel Aviv hasta Jerusalén o  decir desde el primer minuto post-abstención que “esperen hasta el 20 de enero (fecha de su inicio en el cargo)” son referentes del esfuerzo del hoy mandatario estadounidense de blindar a Israel más que nunca de las críticas internacionales y de aquellos sectores en el cual confluyen las ya clásicas acusaciones de antisemitismo (pero que en el electorado de Trump, irónicamente, son empíricamente comprobables, expresados en los grupos supremacistas blancos o en otros grupos asesores).

Que Estados Unidos “haga lo mismo de siempre” no debería de sorprender, pero lo que ahora resulta tragicómico es que existiendo una fuerte comunidad (judeo-americana) dentro del mismo país, que está gozando del privilegio comunicativo de no ser interpelado como etnia o religión, quede ahí mientras que otros grupos étnicos o religiosos con los cuales convive en Estados Unidos (país de inmigrantes) están siendo víctima de notorias difamaciones y actos xenofóbicos y racistas por parte de Trump y su administración (ahora siendo la autoridad estatal), quien no ha escatimado recursos comunicativos en dejar en claro lo que piensa de los latinos y de los grupos multiculturales en general. Es una vejación que ocurrirá con más fuerza a medida que la administración Trump avance (desde la supresión de la página de la Casa Blanca en Español hasta cuatro años más) y desarrolle las planificaciones que fueron expresadas durante su campaña, que tuvieron el visto bueno y fueron asesoradas al detalle también por parte de personas pertenecientes a un grupo étnico diferente al del blanco protestante anglosajón, pero que hoy no está siendo difamado ni discriminado por él, sino todo lo contrario.

Dentro de ese escenario, debería existir una pronunciación tajante por parte de esta misma comunidad contra las políticas xenofóbicas aplicadas a las comunidades migrantes y que atentan contra el punto de vista multicultural, poniendo en jaque a un segmento importante de la población estadounidense. Ha comenzado una persecución abierta, que hoy solo recibe críticas ácidas de un segmento elitista y “politicamente correcto”, ahogado en una imagen pública que la condena con revanchismos y espera poner sus ideas en práctica, apelando a la expulsión de los latinos tal y como ocurrió antes en aquel influido pueblo alemán de 1936 hacia quienes, en su momento, dominaron el mundo técnico-profesional germánico y que hoy deberían dar una respuesta al respecto, que haga justicia a su presunta búsqueda histórica de aceptación y no-discriminación.

De no hacerlo, el mismo revanchismo ante lo “politicamente correcto” podría tomar el derecho de hacer referencia ante esta actitud pasiva y hermética que pudiera estar mostrando la comunidad judeo-americana en general y ser vilipendiados por ello. Hoy comienza a estar fuera del contexto la hipersensibilidad acusada por la misma alt-right y resultaría contraproducente para una comunidad que intenta blindarse constantemente de las referencias del mundo gentil el desaparecer aquellas normas que mantienen fuera de la órbita las acusaciones de apartheid y otros desenlaces hacia el pueblo palestino.

Esta encrucijada tiene una fácil solución, apoyar lo que éticamente corresponde y condenar las acciones de Trump, indiferentemente del lobby que aplica para continúen anestesiados de la realidad, claro, si es que quieren y son lo suficientemente valientes, en reconocer sus errores como también su papel dentro de la política del hoy mandatario. Porque de algo es seguro, si no somos nosotros, serán los pueblos.

Los Universitarios Jamás van a Tener la Razón Sobre La Revolución (Acerca de un Artículo de Hommodollars)

(El presente artículo se basa principalmente en “Los Universitarios Tienen la Razón Sobre la Revolución Parte 1”, del cual lamentablemente no se encontró (o no existe) la parte 2 http://www.hommodolars.org/web/spip.php?breve723)

Por pura coincidencia y paja terminé leyendo un articulo de Homodollars acerca de las vivencias de un compa en tertulias más o menos insurrectas, dentro de los sectores periféricos de Santiago o en enclaves universitarios donde el copete y la mota aparecían en cornucopias, a destajo, casi infinitamente, dentro de un ambiente que se celebraba a sí mismo y se ponía denso como el plomo a medida que el “protagonista” podía, a pesar de su autonombrada “fealdad”, tener intimidad con alguna de las compañeras más pasadas de copas. Lo narra como una realidad que hace sentido y referencia, de lo repetida que es y constante en la vida de quienes sentimos simpatía por los ideales libertarios (como lugar común) pero enfocada principalmente en las pericias que, como “feo”, tenía que acudir al -tal vez- único elemento democratizador de las relaciones afectivas y del cual yo lamentablemente tengo que decir que es certero, pero no el único.

Dentro de todo este “análisis” que realiza, casi de manera tragicómica, dedica una acción de gracias al comité que organizó la tertulia por disponer del copete necesario para romper tal dinámica social donde ahora, como “feo”, puede salvarse con las “minas borrachas” que ahora si lo pescan. Luego vino el posterior silencio sepulcral de por medio y la toma de turno de un “denso” hablando de la igualdad de género y el posterior e inclemente castigo social por salirse de protocolo.

Y como en un libro de Malinoswki, el joven debe abandonar la tribu por haber roto un tabú, por haberse atrevido a “dañar con el lenguaje” la integridad que como compas “buscamos” crear. La integridad de militante universitario, que el mismo describe como “pasá a caca”,  integridad lograda a veces de forma arrogante y censora. Algo que pasó hace un bueno tiempo atrás hoy recrudece pero que al final reconoce casi como “un paso a la madurez”, donde al final conseguimos pega en un ministerio y nos convertimos en los burócratas que pensamos nunca convertirnos, para así obtener poder (sexual incluido). Aquellos jóvenes universitarios que estaban “haciendo la revolución” y hoy son parte de la esfera de poder que se renueva tenían toda la razón…

o al menos eso es lo que se esperaría.

Si bien el alcohol no es excusa para aflojar la lengua y no cuidar la pragmática, tampoco creo merece la pena cuidar la pragmática ante un festín de lo “políticamente correcto” (que él menciona antes que el concepto se convirtiera en moda) que se celebra a sí mismo onanisticamente. Tal vez el compañero rompió el tabú, pero pienso lo hubiera roto de todas maneras si se hubiera referido al “gentil arte” de una mujer, con pleno derecho dentro del “espacio seguro”, a elegir al wn más heteronormado (bonito, recio, con “personalidad” acorde al perfil de macho alfa machista y que le excite o atraiga) como pareja. Eso para el “feo” es una desgracia, entiende que por medio no existe democracia para los feos en temas como conseguir pareja, un acto que no puede determinarse 100% por mucho determinismo cultural benevolente, ilustrado y revolucionario que queramos ponerle y que frustra, porque como “feo” localiza las incoherencias de un mundo que apoya la igualdad de género pero que en términos afectivos le sigue siendo igual de hostil que en el mundo machista que juró derrotar. Tampoco la tiene fácil nombrando esa incoherencia porque para reconocer que te gustan los hombres mejor heteronormados (si eres hombre homosexual o mujer heterosexual) implicaría o reconocer que eres tan vulnerable a la norma de género como todos los demás mortales no-universitarios o bien, que la atracción tiene un fuerte componente biológico (y, por tanto, desgastarte en manifiestos anti positivistas para evitar que impacte, como si fuera una disonancia cognitiva).

Y no importa que diga de antemano que la mujer no tiene la culpa de esto, la hipersensibilidad generalizada de hoy ya le impuso la etiqueta antes que volviera a abrir la boca, porque de eso se trata, no dejarlo hablar porque perdió la inocuidad necesaria.

En sí, nadie puede imponer a otros que los pesquen y sean pareja porque sean buenas personas (o revolucionarios). Es como en el anterior post de la “friendzone”, pero para el feo que vivió toda su niñez, pubertad y adolescencia como el tapete de otros wns heteronormados con mucha más belleza, afinidad y forma de ser (como la zorrona) y que fueron y son tomados en cuenta y valorados como pareja o potencial pareja frustra en una época de la vida donde uno quiere sentirse útil buscando el corazón de otra u otro. Puedo entender también esa frustración en cuanto logro empatizar y sin con ello justificar la acción concreta en aquella fiesta. Pero hoy da miedo empatizar a ese punto. La gente no realiza “micromachismos” porque sí, no es un asunto religioso como peligrosamente se está tratando de imponer como agenda, describirlo tampoco resulta de primeras en una justificación. Ese acto de poner en la boca de otros lo que uno quiere aducir es lo más penca que le pudo haber pasado a los movimientos de izquierda y a la gente en general. Somos demasiado inmediatistas como para esperar explicación alguna, dependemos casi solo del talento comunicativo para eventualmente superar las escaladas simétricas batesonianas que ocurren en estos “trastornos” de la comunicación.

Es probable que el compa hubiera entendido que no aplicó suficientemente poder por no tener los recursos necesarios (belleza, en sus palabras) para hacerlo. Entender que muchas veces la atracción se trata de poder implica reconocer también que somos vulnerables a la obtención de recursos (dictados por la heteronorma la mayoría de las veces) o la aplicación de poder contra otros y muchas veces dañar sin deliberación. Tal comprensión implica “madurar” y no simplemente respetar la pragmática, yo puedo cuestionar el concepto final de madurez que el compa adosó al final de su relato porque en sí, es una consecuencia que uno toma casi como si fuera una imposición, una derrota. Reconocer que se trata de poder implicaría reconocer que tal vez ahora el coja porque terminó un postgrado o reconocer que los wns mejor heteronormados calientan sería reconocer también que hay un aspecto de la heteronorma de la cual me beneficio. Eso sería impensado para los inmaculados universitarios revolucionarios, rompería todos sus esquemas.

Pero pocos lo quieren admitir.

El “Tener y Ser” de Erich Fromm Aplicado a La Búsqueda de Igualdad Social

Erich Fromm no era un mal filósofo

Era algo así como la cara más amable de la Escuela de Frankfurt antes de salirse de ahí, era la segunda referencia luego de Marcuse para relacionar marxismo con psicoanálisis, de prosa abierta y fácil de leer sus temas no eran tan simples como a veces pensamos que ocurre al compararlo con el resto de sus colegas judeoalemanes, e incluso tiene un libro re contra conocido por todos (no diré cuál es) donde pone en práctica una visión dialéctica del amor, desprovisto del ideal de ego tan común en aquel entonces  gracias a lo que nosotros conocemos como “sociedad industrial contemporánea”.

En este caso, cuando hablamos de “Tener y Ser” (una de sus obras) nos referimos a un sistema donde nosotros extrapolarizamos las conductas cotidianas heredadas de los patrones económicos (Weber daría una cátedra entera sobre eso) a cosas demasiado delicadas éticamente para ser tratadas como cosas. Pero se hace, se nos enseña a obtener un montón de cosas cosificándolas (no importando si son sentimientos, emociones, opiniones, visiones de justicia, etc) o bien nuestras conductas asociadas a “querer tener” son recompensadas y mejor valoradas por los aparatos industriales contemporáneos que refuerzan el sistema (como la comunicación de masas, por ejemplo) y las desarrollamos para luego fetichizarlas como objetos de mero y solo placer instrumental. Todo esta comprensión pasa por sobre cualquier marco utilitarista que pretenda ver con inocuidad tal aspecto del ser humano contemporáneo y es por su complejidad que deberíamos tomarnos la molestia de pensar un poco sobre esta idea.

Somos adoctrinados la mayor parte del tiempo y desde la más temprana infancia bajo sistemas educativos que privilegian el almacenamiento pasivo de conocimientos, luego, cuando vamos ganando más autonomía, tratamos de obtener más conocimiento como los seres humanos que somos a través de representaciones cognitivas que configuran la realidad en la que vivimos y la manipulamos de distintas formas (simbólicamente, enactivamente, etc), pero en tanto este proceso cognitivo se tiñe de una lógica de razonamiento instrumental y se extrapolariza en aquellos aspectos donde no existe un diálogo de comprensión ética necesario (como en el género o en los roles parentales, por ejemplo) en tanto va cosificando aquello que nos es intangible, pero que necesitamos manipular para ejercer poder o disponer de él fácilmente y de forma socialmente adecuada (con todo lo que esto implica).

En el caso de los conocimientos, si estos corresponden a áreas deseadas o con estatus social (como la ingeniería o la medicina) el hecho de poseer el conocimiento adquiere un simbolismo poderoso por sí mismo y refleja poder hacia los demás, muchas veces, aplicado de forma déspota y cínica para mantener lo que fue otorgado (o ganado, o invertido). De eso se trata la educación del tener, las personas conocen los conceptos pero su aplicación se basa principalmente en el grado de contenido que almacenan de memoria (o en una cuenta bancaria) y pueda ser medido, probado por fórmulas, certificados u organismos que corroboren el poder y orden del discurso de quién “tiene” el conocimiento. Y por lo general, quienes “tienen” el conocimiento más valorado son quienes pueden pagar más por ello y sin necesariamente coincidir con ser un contenido intelectualmente de calidad, aunque en la realidad se trate de convencer a todos de que es lo contrario y sea lo que pese en situaciones clave de la vida (sobre todo en países occidentales).

En cambio, la educación del ser significa que el contenido que has aprendido no es una mera ostentación sino que penetró y es parte inconsciente del propio conocimiento, manifestándose de forma fluida en las situaciones que uno quiera y sin una importante carga cognitiva de costo para quien la manipula. Por lo general, corresponde a un conocimiento enactivo o también procedimental. En el caso de Fromm, este conocimiento es más metafísico y menos vinculado al ego (y de sus fetiches y trastornos sociales), es más, desde un punto de vista budista, aquel conocimiento se vuelve así como decirlo,  en “una parte de uno mismo”. Un concepto parecido y más profundo es el de “Dasein” o (ser en la existencia) de Martin Heidegger. Como ejemplo, podemos reconocer a una persona que sabe ocupar fórmulas matemáticas para crear edificios como un gran matemático, sobre todo si sabe calcular muy rápido, pero por otra parte, cuando conocemos a una persona que es capaz de aplicar el conocimiento matemático en situaciones creativas e inesperadas y sin necesidad de plantearse problemas hipotéticos instrumentales rebuscados, entonces lo consideramos un genio. El construye su realidad de una manera no dependiente en su totalidad de lo instrumental.

Por lo general, el sistema, sabiendo que “ser” implica aplicar el conocimiento de formas más impactantes y eficientes, trata de lograr la transición de “tener a ser” a través de la instauración de hábitos, fórmula que implica afortunadamente para ellos no redundar necesariamente en los aspectos más humanos de la gente, ya que deposita su poder en la implantación constante de una conducta deseada a través de la instrucción (institucionaliza, maquinizada), muchas veces repitiendo hasta que se obtiene la espontaneidad generalizada (de conducta meramente) o bien observando a los demás hacerlo para aprender de forma vicaria y, si el niño es lo suficientemente inteligente, con motivación intrínseca de por medio.

Es ahí donde ocurre un problema, el proceso de “ser”, implica el reconocimiento de una postura ética importante hacia el respeto de las demás personas y seres vivos que no pueden ser visualizados como meros objetos. Sin la ética humanista de Fromm, su concepto no podría visualizarse adecuadamente, la lucha es hacia el concepto mismo de “tener” como requisito fundamental de ser algo de valor para la sociedad, quien instaura el fetiche para propiciar el consumo de cosas que muchas veces son innecesarias o vagas racionalmente hablando o simbólicamente hablando, o bien, en camino a una aplicación del poder neurótico, cosificamos a otros grupos de seres humanos para servirnos del sistema como es la cosificación hacia la mujer, hacia los niños, hacia los inmigrantes o la gente pobre.

La búsqueda de igualdad social, por tanto, no puede traducirse en buscar “tener calle”, buscar “tener la razón”, buscar “tener un poco más de igualdad que el otro”, tener “olor a pobre”, tener “la cultura de otros”. No se trata de creerse periférico, no se trata de buscar el reconocimiento social como agente político que quiere que los demás lo erijan como líder o saciar el sentimiento de culpa por pertenecer a una clase social dominante o privilegiada . No se trata de etiquetas, no se trata de buscar lo “único y verdadero”, no se trata de buscar “tener la fórmula”, no se trata de tener el léxico de los oprimidos para luego hablar de que “el lenguaje crea realidades” y salvar tu alma de la responsabilidad.

Es un asunto más complejo que simplemente tener, poseer.

 

Los Certeros Ojos del Cancerbero: La Búsqueda de Libertad frente a la Hipersensibilidad

Son tiempos difíciles para quién busca libertad

Tiene a su mano un montón de símbolos y discursos para adquirir y decir (y mostrar) que la está buscando, tiene a su mano un montón de estos (que ya fueron unidimensionalizados, y por tanto, reproducidos sin parar) para pegarse en la mochila, en los espacios de su red social, en sus bicicletas o autos y en el coche de sus hijas. El acceso es fácil y sin embargo, tiene que lidiar con los cancerberos cuando trata de obtener una respuesta, un significado, en algo que sigue en proceso de volverse unidimensionalizado. Pero es hoy donde hace se más consciente de sus limitaciones, porque sabe que ahora de cometer un error, de abrir mal la boca, podría despertar una aireada reacción que puede pasar como políticamente correcta (porque se unidimensionalizó) y dejarlo en la ruina moral. No hay espacio para una dialéctica negativa, todas las proposiciones anteriores del espectro de la izquierda sobre multiculturalismo, género, sexo, cultura y muchos otros relatos que explotaron en su momento han sido adaptados y son menester de adaptación social contemporánea, hechos siguiendo los esquemas neoliberales de transmisión de la información, donde se homologa lo que es más simple de informar y de producir (aunque no creo, sea determinado 100% a priori por esta). Hoy está en la boca de gente que teme afrontar a su propia clase social, que prefiere el mimetismo; ahora le es más fácil adoptar la figura del wn buena onda y adaptar las luchas de otros sin siquiera verlos a la cara, pero tranquiliza a su vez su consciencia mientras más adecuado está a lo que antes se conseguía mirando a los ojos a una represión horrenda, de la cual, irónicamente y con su mojigatería está reproduciendo sin más ante los otros.

La visión ilustracionista del wn al que hay que enseñarle a no ser facho, sexista o xenófobo está acabando, pero a medias. La educación didáctico-moral de la izquierda del siglo XX perdió fuerza por aquella nueva generación que la tomó como directriz moral superficial, de la cual hacer los respectivos agujeros que toma por ventanas para visualizar el mundo. Sin embargo, detrás de esa casa sin frontera, guarda un cancerbero quien se alza hostil a la consulta, a la duda, muchas veces a la ingenuidad de gente que aun no hace el ejercicio de pensar en un país multicultural, multigénero, etc. Esa hostilidad es tal, que cada vez se censura más sobre temas que necesitan continuamente ser debatidos para seguir generando el conocimiento que una sociedad abierta necesita. No hace falta dar referencias, es cosa de ver las redes sociales y darse una vuelta por cualquier hilo de comentarios en diarios y colectivos para darse cuenta de que las reglas de un debate brillan por su ausencia (y tampoco deseo echarle la culpa a la “inmediatez” de las mismas redes) en tanto se observa una peligrosa escalada de actitud reaccionaria, justificada como protección del mundo ante un conjunto de gente catalogada por estos mismos de peligrosa y fuera del marco ético necesario para integrar a los demás que han sido históricamente aplastados y segregados.

Pero la realidad no otorga consenso frente a este manifiesto, básicamente porque no es verdad.

Ocurre que dentro de todo este ambiente intelectualizado de gente que dice defender a otros, donde se supondría habrían las habilidades comunicativas más básicas puestas en aplicación pasa lo contrario, todo lo contrario. En la realidad, esta gente escasea en los contextos donde son necesarios para construir nuevo tejido social, más bien abunda en otros contextos donde las ideas se retroalimentan en burbujas discursivas fuera del contacto con gente “no iniciada” en los temas que ellos mismos manifiestan son abiertos y necesarios. Por ejemplo,  el ingenuo que no otorga crédito a una mujer con vello en las axilas, sorprendido de lo que acaba de ver, debe también sortear al cancerbero que comienza a adjudicarle actitudes que él aun siquiera no ha podido demostrar, debiendo retirarse sin entrar en conflicto alguno ya que fue acabado sin más.

Son tiempos difíciles para una dialéctica “negativa”. Impera todavía una visión de solución a problemáticas que aparecen formuladas como enfermedades que hay que subsanar, buscando el establecimiento de grupos que velan por curarlas, a una manera casi positivista pero con la publicidad de decirse “antipositivista”. La razón instrumental de buscar formar gente porqué sí para el mantenimiento de un estado de las cosas mutó, se coló en las manos de quienes ahora dicen que son tolerantes bajo el halo de la buena onda y lo politicamente correcto. Tan grande fue su arrogancia que el facho pobre del cual se burlaban, prosiguió en su búsqueda de un representante de sus ideas nefastas hasta que dio con alguien lo suficientemente poderoso y estúpido para aplicarlas con el rigor del poder que anhelaba tener de vuelta. El “partido del orden” del cual Marx hablaba tanto en su “18 de Brumario” buscó una nueva vuelta en la historia como farsa de una posmodernidad que la engendró primero como lucha consciente, como tragedia para quienes “se salían con la suya” en su pensamiento de facho. Se adueñó de un discurso del cual no era fácil teorizar sin llegar al resquemor.

Ese mismo componente era el necesario para sacar en limpio las ideas que podían hacer pensar en una emancipación. De eso se trata la dialéctica “negativa”, no ve en sí misma como una solución para los tiempos, se desapegó de su respectiva visión que pudo haber terminado por heredar del contexto histórico donde se engendró. Hoy, en pleno siglo XXI la dinámica es defender con hipersensibilidad lo que se cree ingenuamente se ha ganado, salvo por las alas más grandes de los idiotas tolerantes que tratan de ejercer de intelectuales orgánicos, recordando que la tarea “no está terminada” pero pecando sin embargo de hacer culto a la tarea misma en vez del catastro de situaciones que demuestran lo contrario, propagando el mismo exceso de pragmatismo que arruina su búsqueda ante los ojos de los demás, quienes los ven como arrogantes.

Mientras tanto, la oleada fascista de reacción resiente esta hipersensibilidad aunque la adora en el fondo, porque fetichiza sus objetivos y los infantiliza, los menosprecia hasta que se vuelven imperceptibles al ojo crítico para luego colarse en las decisiones de los colectivos, quienes se ven fuera de las burbujas dialógicas de los nuevos intelectuales hipersensibles. La visión de construir una realidad basa (aunque no lo determina) en su intercambio comunicativo. El hecho mismo de una sociedad hiperreaccionaria comunica la idea de armarse ante la catástrofe de un debate que quiere explotar pero no encuentra interlocutores. Son tiempos difíciles para la libertad más allá de lo unidimensionalizado solo que ahora los nuevos enemigos son quienes abogan aficionadamente su defensa.

Las aparentes contradicciones que son fáciles de concernir mediante la dialéctica y que otorgan sentido y razón a los relatos cotidianos se van silenciando con la hipersensibilidad política, en cuanto esta impide siquiera su referencia. Si esto sigue así no nos va a extrañar encontrarnos con más Trumps deseosos de vencer lo “políticamente correcto”, a la pragmática ilustrada. Aquel que quiere la libertad de manos de sus cancerberos o de sus esclavistas está acabado, no logró superar la prueba de someter a crítica sus postulados ingresando en el juego político de entablar consensos con otros, fuera de otra visión “buena onda” de hacerlo y tomándole el peso a salir de su zona de confort. Son tiempos difíciles en un mundo Habermaciano de búsqueda de la verdad sin acción comunicativa.

La visión de luchar por un espacio igualitario de comunicación no puede pasar siempre a manos de una turba enfurecida que solo se acuerda circunstancialmente de lo que es correcto para luego reafirmar que son lo politicamente correcto, ese cinismo es fácil de detectar por lo delatable que es, no debemos dejar que se ciña como reacción casi teológica ante lo que considera y determina, con toda la performatividad que implica, en herejías. Esta bien, existe un montón de injusticias que merecen el espacio que la hiperreacción consigue a través de los medios de comunicación por su fuerza, pero no puede permitirsele fetichizarla para conseguirlo, es la misma dinámica ilustrativa de empaquetar las cosas que provocó las más horrendas de las represiones, hoy parecen volver del infierno que nos vendieron no vendrían jamás.

El Año Nuevo Triste de Curanilahue

(Noticia elaborada a partir de otra noticia previa de Radio Villa Francia
http://www.radiovillafrancia.cl/ffee-de-carabineros-impide-que-familiares-se-encuentren-en-ano-nuevo-con-mineros-de-la-mina-santa-ana-de-curanilahue#sthash.CQRNU9ek.QEzBLSXP.dpbs)

Como todos los comienzos de año nuevo, la algarabía y felicidad se curte en las caras de aquellos que celebran el comienzo de una nueva época cada medianoche del primero de enero, ocasión significativa y dotada de una fuerte carga simbólica donde nuestros seres queridos se estrechan en distancia; nos abrazamos, llamamos por teléfono o por Skype, hacemos a un lado posibles diferencias e invocamos a la mejor de las buenas suertes para no darle tregua a una expectativa de que este, el próximo año, va a ser peor que el otro…

Cosa que sin embargo no sucede con los trabajadores de la mina Santa Ana de Curanilahue, quienes por decisión propia decidieron organizarse y luchar por mejoras laborales a cientos de metros bajo tierra y también bajo la mirada vigilante de la intendencia del Bio-Bio, quien, a diferencia de la navidad pasada, prohibió a sus familias ingresar a ver a sus esposos y padres para pasar las celebraciones, como casi todos de nosotros hicimos.

Si bien las causas esgrimidas por la intendencia se basan en la protección de los niños que pudieran ingresar a la mina, no aplicó el mismo criterio cuando se celebró la navidad . ¿Qué pudo cambiar entonces?  ¿por qué argumentar justo ahora?. No creo que la navidad haya sido una época de “dejar pasar” bajo el riesgo de que la gente que está al pendiente de la noticia acusara una evidente falta de humanidad por parte de la autoridad porque, en realidad, nunca ha dejado de serlo. Dejar sin compartir a una familia un 1 de enero es un aviso de golpe de la autoridad contra un acto legítimo de desobediencia civil, en un nuevo comienzo del año es el gobierno quien destina desde el inicio a FF.EE a mantener el orden mientras los noticieros oficiales evitan cubrir el suceso, porque prefiere justamente mantener el orden y seguridad de su propia gestión (al que él le importa) que de las personas que decidieron internarse a la mina y representan, en este caso, a los trabajadores del rubro minero.

Cuando un organismo con poder (sea individual o colectivo) habla de “orden” o “seguridad” siempre esconde algo implícito detrás sobre aquello que desea ordenar, el cual es un propósito subjetivo pero transmitido hacia el resto como objetivo, como lo que debe ser por definición y como primer imaginario de referencia. En este caso, el orden y la seguridad de los trabajadores no es cuestión, ni su orden psicológico ni mucho menos el laboral, donde no se ha demostrado clemencia alguna salvo seguir mirándolos contemplativamente cómo un grupo de mineros que decide encerrarse del mundo SOLO bajo su propia voluntad y con cierto sentido de movilización, antemano tachado como incorrecto y aprotocolar. Si somos lo suficientemente seres humanos y empatizamos, sabremos que detrás de cada minero se esconde una historia familiar y comunitaria de dificultades ocasionadas no solo por el arduo trabajo físico que significa laborar en una mina, sino también una realidad laboral administrativa que lo sumerge en otra fosa, la cual es mucho más difícil de transformar por ser inherente al ambiente psicológico de quién trabaja ahí y que no es tangible pero existe. Tal fosa es producto de un proceso de organización laboral y como tal, solo es posible transformarlo si la comunidad que la estructura y convive en ella se organiza y decide cambiarla.

Es por eso que ocurren estas circunstancias, porque cuando un trabajador intenta organizarse y transformar la realidad penca que rodea su vida laboral (y que es una parte significativamente temporal de su vida) ocurren estas vejaciones que en Chile siguen siendo comunes e incrédulas. En este caso, que una persona que se sumerge en el fondo (del fango) de la tierra para luchar no pueda ver a su familia también ejemplifica otro tipo de concepto del orden que se está aplicando ahora mismo. No solo se trata de salvaguardar propiedad privada, se trata de llegar a controlar ese aspecto de la vida cuando en la vulnerabilidad de todo ser humano que lucha, se restringe al mismo a no poder ver a sus hijos, a su familia, ¡a ese grado de orden se está llegando en Chile cuando de derechos laborales se trata!.

Es un año triste para el mundo laboral en Chile porque comienza ejemplificando la bajeza a la que puede llegar un ser humano que representa al gobierno, bajo la excusa de protección de un orden tomando en consideración a los niños solo cuando les conviene hacerlo (y como han venido haciendo otros colegas suyos, institucionalizando el maltrato con el Sename y otros organismos). La palabra de un burócrata que aboga por un sentido común que no fue dialogado por personas que han pasado una vida entera trabajando en un entorno donde pueden discernir empíricamente de su seguridad demuestra efectivamente esa falla comunicativa constante. ¿Pero es culpa de los trabajadores? ¿seguirá siéndolo en esta época llena de conceptualizaciones acerca de los grupos de trabajo?.

En un Chile que se levantó para sacar a la superficie a otro grupo de mineros y visualizado positivamente por el mundo entero gracias a eso no puede menos importar su demanda bajo acusación de exponer al riesgo a sus familias cuando desde siempre lo estuvieron (por causas que no conciernen en responsabilidad a los trabajadores, como se trata de hacer ver sino gracias a las políticas laborales y la continua gestión de la intendencia del Bio-Bio). De nuevo, insisto, esa excusa manifestada es circunstancial y puede por momentos parecer más razonable en tiempo presente pero el análisis histórico y psicosocial no perdona porque es medible, testeable, y da luz de una circunstancia de vida que no merece nadie y que presenta en la piel la misma inseguridad de la que dicen preocuparse. El discurso se combate con un discurso mejor elaborado que ejemplifica cuánto poder es capaz de aplicar el trabajador cuando es capaz de organizarse por cambiar su presunto destino. Por eso, ante la vejamen de un gobierno circunstancialista lo que corresponde es empatizar, empatizar por aquellos que voluntariamente demuestran hasta donde se es capaz por lograr un poquito más de dignidad, ¡sin lástima de por medio!.

SALUD Y PUÑO EN ALTO!