La Pragmática de Las Causas Sociales; ¿Cuando Vociferar una Causa Puede Volverse Cancino?

Internet es un crisol de posturas de las más variadas vertientes e ideologías, a su vez, personificadas en usuarios que  toman su espacio y lo convierten en una extensión de sus formas de ser y hacer, ligadas intrínsecamente a un motivo comunicativo; informar al resto sobre lo que tu consideras esencial, vital o correcto. Desde el acoso callejero hacia la mujer, pasando por la liberación animal y el fomento al deporte o a medios de transportes como la bicicleta, existen diversos temarios (cada cual con particulares simbolismos predominantes y discursos extendidos) que hacen gala de sí en Facebook, Tumblr, Twitter y aglutinan modos y estilos de vida que pueden y son visualizados por un montón de gente.

No es anormal entonces que, como cualquier postura, existan adherentes y disidentes. La mayoría de las veces se evalúa y revisa esta oposición desde el discurso mismo, el cual argumenta un patrón general de reacción (y de reaccionarios) y se preocupa de buscar estrategias para convencerlos de que están en lo incorrecto o bien, se toma esta reacción, se le recrea y se hace mofa y se le analiza entre el humor y el rigor que ofrece y aparentan las ciencias sociales para recalcar su equivocación y ofrecer entonces el camino “correcto” (que vendría siendo el de ellos). Lejos de retratar la lucha ideológica que se ciñe en las redes sociales quiero hablar de un tema en concreto, que tiene que ver mucho con la empatía y con la capacidad de visualizar lo que piensa el otro (aunque esté “mal” o piense diferente a ti a niveles molestos): la pragmática de las posturas políticas, de presentarte.

Esa reacción que las personas manifiestan, a veces, no tiene que ver SOLO con lo ideológico sino también con un tema de cortesía, de manifestar cansancio ante un bombardeo de información que lo emplaza a inferir (fuera correcto o no) una carga connotativa en la persona que vocifera sobre aquello, y así con quienes hagan lo mismo. Se forman visualizaciones indeseables para quienes ocupan los espacios de las redes sociales para difundir sus mensajes, comienzan a aparecer términos aglutinantes como “feminazis”, “vegangélicos” “ciclista furioso” “abajista” “problemas de primer mundo” y otros tantos que aparecen como contrarrespuesta a esta transgresión que sienten hacia ellos, y paradógicamente los que promulgan tolerancia son acusados de intolerancia, de no aceptar críticas ni bromas. Veamos si eso tiene al menos una parte de razón (mal que mal estamos hablando de procesos cognitivos, que pueden ser estudiados y analizados sacando una conclusión en tanto se observe el mismo fenómeno)

¿Que ocurre por ejemplo con la/el feminista que sube (o comparte) constantemente material (y no hablemos de libros o manifiestos sino) como imágenes, frases y ejemplos típicos como “mi vida no gira alrededor de tu pene, supéralo” o “ni sumisa ni devota, te quiero libre, linda y loca”, más provocativos o afirmativos que expositivos? ¿que opinión se forma la persona de a pie? ¿como respondo yo, como hombre ante este juego de lenguajes? ¿consideraré también el hecho de que soy hombre pero tendré la madurez suficiente para no asumir el “palo” donde no lo hay o ignorarlo en el caso de que sea así? ¿o realmente si capto un dejo de resentimiento en esa persona?. El problema es que si yo hablo de resentimiento (sobre todo en ese momento), ese resentimiento que se acusa a la feminista generalmente ya está caricaturizado como una contrarrespuesta patriarcal tan común como preguntarle a una pareja de lesbianas “quien es el papá y quien es la mamá” o acusar a quienes se dejan el pelo “como los hombres” de marimachas. Entonces, cuando llega la contrarrespuesta de que la heteronorma hace que la gente piense que por llevar el pelo corto te “crees hombre” se combate efectivamente esa ídea pero la inquietud de la persona que hizo el comentario sobre si persiste en la lesbiana “marimacha” comportamientos imitativos de lo masculino por un tema de identidad se ahoga, no se corrobora y se pasa por alto. Para poder reconocer eso, para poder asumir que efectivamente dentro de tu postura política se esconde resentimiento (fuera por venganza, sentido de justicia o moral) se necesita una buena dosis de pragmática, pero también de madurez y autoaceptación. También, irónicamente, significa bajar la guardia; algo que en los contextos comunicaciones de un debate pocos quieren asumir para no dar la idea de que el otro “pueda ganar la disputa”.  En mi opinión, la gente que “baja la guardia” confesando un móvil o una forma de ser que puede ser criticable (u objeto de críticas, cosa que a veces representa situaciones comunicativas distintas) para demostrar empatía con su otro interlocutor no necesariamente tiene que “perder” el debate, la pragmadialéctica, por ejemplo, propone que además de una tesis exista una contratesis donde el punto de vista contrario se mencione también con el objetivo de visualizar los defectos de nuestra propia tesis para, paradógicamente, presentarla como la más elaborada y sólida.

Tonces, llega el término “feminazi” a colación

https://www.evernote.com/shard/s292/sh/581c7406-a02c-44db-b692-e30d791cb85b/79528e8bf99222f7e07f08d1ed0b8924

El tan famoso y recurrente término “arena”o “arenoso” se pone de manifiesto: no se puede hacer un post de feminismo sin herir la susceptibilidad de personas acostumbradas a ver lo que quieren ver, que acusarán transgresión, moda y descalificaciones ahora de antemano. Ante una situación que es aprendida (con los sesgos propios de cada persona pero pudiendo ser comunes entre personas que no les guste el feminismo) como la de una persona que no reconoce algo que cree que no es evidente para los demás, que cree solo es una generalización o una caricatura, se forma una imagen donde caberán todas y todos los feministas habidos y por haber que se les ocurra poner alguna “frase hecha” para ese nuevo reaccionario, comienzan las generalizaciones (que las personas detestamos cuando se nos hacen, pero que como estrategia cognitiva hacemos a diario sin arrepentimientos) y las burlas, entonces, ese juego tonto de descalificaciones alcanza otro nivel y la oportunidad de clarificar esa ambiguedad se pierde en la indolencia. Eso seguirá pasando si no se reconoce o se pueden revelar a esas personas que buscan cambio social no por motivos revolucionarios de peso, sino más bien por pose, por goce estético, por hedonismo o arribismo o deseo de desmarcarse de los demás augurando ser único y especial. Una lucha más bien egoista, manteniendo eso si el estandarte de una lucha colectiva por un colectivo en particular, que pasará siempre sea cual sea el movimiento social que se abrace. A veces, el hecho de constantemente difundir información sobre tu postura ideológica no indica necesariamente un deseo oculto de aceptación o de exhibicionismo sino un deseo auténtico de dar a conocer tus ideas a los demás, aquí corre el mismo factor de no adecuar bien la pragmática.

Eso es tan evidente que para cualquier machista, carnívoro, facho pobre o conservador promedio es reconocible y usable para discutir en contra de los colectivos sociales, para cada caso determinado.

 

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